Opinion
Periscopio

Las huellas humanas en el medio ambiente

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Armando Sepúlveda Sáenz

miércoles, 28 julio 2021 | 05:00

En el artículo previo se expusieron los significados de las huellas humanas ecológica e hídrica, y cómo su dimensionamiento constituye una de las bases de información para crear conciencia de los problemas medio ambientales y el insumo básico para la formulación de políticas públicas y modular el comportamiento individual. 

Si bien con frecuencia somos espectadores de cómo los políticos toman decisiones de impacto ambiental (con excepciones), valiéndose de sus percepciones personales “sobre los problemas” y dan curso a acciones que pierden el objetivo y terminan en dispendios de los recursos públicos agravando y multiplicando los problemas. Ahora más que nunca deben definirse y atenderse los problemas con bases científicas.

Se afirmó en el artículo de referencia que el objetivo de los indicadores denominados huellas humanas es proporcionar conocimiento relevante para incidir positivamente en el medio ambiente en la lucha por un mundo más sostenible y enfrentar el cambio climático. Las “huellas”, miden variables diferentes, sin embargo, como indicadores conducen a tomar decisiones complementarias. En última instancia, algunos usos que producen contaminación están relacionados con el consumo de agua, su volumen, la emisión de CO2, o con el impacto ecológico. Y toda vez que los humanos como agentes empeñados en los procesos de producción, distribución, comercialización y consumo, contribuimos a la degradación del medio ambiente. Por consiguiente, se pueden asumir tanto de modo individual, como considerarlos dentro de una visión integral. Los indicadores pueden ser generales y particulares, se pueden dimensionar para un país, una localidad o región, para una empresa, o todos los individuos.

Se mencionó que la huella ecológica a fin de establecer su relevancia se contrasta con la biocapacídad de los ecosistemas naturales y manejados de un territorio, es decir, del área biológicamente productiva de tierras agrícolas, ecosistemas y zonas pesqueras.  Se precisó asimismo que la huella ecológica como la biocapacidad de un país o a nivel global, se expresan en términos de las hectáreas globales (una unidad definida internacionalmente con validez normativa). Se considera que existe un "crédito ecológico" cuando la huella ecológica no excede la biocapacidad. En contraste, se considera que existe una "deuda" o "déficit ecológico" cuando la huella calculada es mayor que su biocapacidad. El valor de los indicadores procede del Informe de la Situación del Medio Ambiente en México 2018, SEMARNAT. A nivel global se calcula que en 1961 la huella de la humanidad era de 7 035 millones de hectáreas globales (equivalente a 2.3 ha/hab), mientras que la biocapacidad ascendía a 9 611 millones de hectáreas globales (3.13 ha/hab); esto significaba que la humanidad tenía un crédito ecológico de 2 576 millones de hectáreas globales (0.7 ha/hab). En 2014, la huella ecológica alcanzó 20 602 millones de hectáreas globales (2.8 ha/hab). mientras que la biocapacidad sumaba 12 221 millones (1.7 ha/hab); esto resultaba en un déficit ecológico de 8 381 millones de hectáreas (1.1 ha/hab). Lo anterior se interpreta como que la humanidad rebasó, en alrededor del 60%, la capacidad del planeta para mantenerla de forma sustentable. Para hacerlo más gráfico y contundente el Informe menciona que la situación “sería equivalente a decir que para el año 2014 se necesitaban 1.6 planetas con una biocapacidad como la del nuestro para sostener los patrones de consumo de la sociedad humana en ese año”. 

De los componentes de la huella ecológica per cápita en el mundo en 2014 (2.84 ha/hab), 20.4% correspondía a la superficie para cubrir las necesidades de pesquerías, tierras de pastoreo, madera y asentamientos humanos y 19% a la superficie para obtener productos agrícolas. El 60.2% restante (1.71 ha/ hab) de la huella correspondía a la superficie necesaria para absorber el C02 emitido principalmente por la quema de combustibles fósiles. En el caso de México, en 1961 la huella ecológica estimada era de 1.85 hectáreas globales por persona, que para 2014 había crecido hasta alcanzar un valor de 2.55 hectáreas globales. En el mismo periodo, la biocapacidad descendió de 3.46 hectáreas globales por persona a 1.2 hg/hab. Esto significa que en poco más de 50 años cada mexicano pasó de tener un crédito ecológico de alrededor de 2 hectáreas globales a un déficit de 1.4 hectáreas globales.  Si la situación mundial ya evidenciaba un grado alarmante de daño ambiental, en el caso de nuestro país resultó aún peor.  Al igual que la mayor parte de los países del mundo, en México el componente que mayor peso tiene en la huella ecológica es la superficie requerida para absorber el C02 producto de quema de combustibles fósiles. En 2014 representó el 56% de la huella ecológica per cápita (1.43 ha/hab, un valor cercano a la biocapacidad nacional actual). mientras que la categoría de menor impacto fue la de los asentamientos humanos con 1.8% de la huella ecológica (0.05 ha/hab).

Por lo que corresponde a la Huella Hídrica, el Informe la desglosa en tres componentes: azul, verde y gris. La huella azul se refiere al consumo de recursos hídricos superficiales y subterráneos que se evaporan o incorporan a un producto. La verde corresponde al volumen de agua de lluvia consumido, lo cual es particularmente relevante en la producción de cultivos de temporal. Finalmente, la huella gris es el volumen de agua dulce necesaria para asimilar la carga de contaminantes que se desechan en las aguas domésticas y en aquellas que son producto de las actividades industriales y agropecuarias. El cálculo disponible para la huella hídrica corresponde al periodo 1996-2005. En ese periodo, la huella hídrica promedio per cápita a nivel mundial fue de 1 385 metros cúbicos por año, con grandes diferencias entre países y regiones. Los países industrializados alcanzaron una huella hídrica per cápita de entre 1 258 y 2 842 metros cúbicos por año, correspondiendo al Reino Unido el primero y a Estados Unidos el segundo. Sin embargo, el alto uso de los recursos hídricos no es privativo de los países industrializados; varios países en vías de desarrollo registraron huellas hídricas per cápita altas, principalmente como resultado de una baja eficiencia en el uso del agua y de las condiciones y tipos de cultivo. De la huella hídrica per cápita mundial, casi 49% correspondió a la producción de cereales y carne (27% para los cereales y 22% para la carne). mientras que las que menos consumieron (por debajo del 5%) fueron las leguminosas en grano y las fibras. La producción industrial global contribuyó con tan solo el 5% a la huella per cápita global. En México, la huella hídrica per cápita registrada entre 1996 y 2005 fue la número 49 en el mundo, con 1 978 metros cúbicos por año. Esto representa 42% más que el promedio mundial (1 385 m3/año). El 92% de la huella per cápita del país (1 820 m3/año) se debió, al igual que en el caso mundial, al consumo de productos agropecuarios, el 5% al consumo doméstico y el resto a productos industriales (3%). 

La huella hídrica de la producción en México se estimó en 148 527 hectómetros cúbicos por año, ubicándolo en el onceavo lugar a nivel mundial. La producción agrícola fue el componente mayoritario con 108 372 hectómetros cúbicos anuales, equivalente al 73.4% de la huella, seguido del sector pecuario con 25 916 hectómetros. El resto se dividió entre el consumo doméstico (7%; 10 380 hm3/año). la producción industrial (1.9%; 2 864 hm3/año) y el consumo pecuario (0.7%; 995 hm3/año). Si se divide la huella hídrica de la producción en sus componentes, la mayor parte de la huella verde y azul está asociada a la actividad agrícola (76 y 84%, respectivamente); mientras que en la gris dominan el uso industrial y doméstico. Con respecto a la huella hídrica del consumo. México ocupa la octava posición en el mundo con 197 425 hectómetros cúbicos por año. Del total del consumo mexicano, 2.7% se debe a productos industriales y 5.3% al consumo doméstico; la mayoría (92%) se atribuye a productos agropecuarios. Los indicadores de las huellas ecológica e hídrica dan relieve a una situación crítica que demanda acciones decisivas tendentes a garantizar la sustentabilidad del medio ambiente. No obstante, dado el comportamiento de las políticas públicas federales, la carga de los programas y acciones gravitan en los órdenes de gobierno estatal y municipales. Y en su demérito, que el futuro nos encuentre resignados a perder capacidad de desarrollo y mayor deterioro de la calidad de vida.