Opinion

Lealtades políticas

"Tengo que seguir hablando del modelo neoliberal, porque ese fue el que causó toda esa desgracia". Andrés Manuel López Obrador

Sergio Sarmiento
miércoles, 06 noviembre 2019 | 05:00

Ciudad de México.- La historia de horror no sólo no termina, sino que cada día empeora. La matanza de tres mujeres y seis niños de la familia LeBarón de Chihuahua, que dejó también a seis niños lesionados, es un doloroso recordatorio. Lo peor es que no se ve la manera de revertir la situación. El plan de ofrecer abrazos en vez de balazos no está funcionando.    

El secretario de Seguridad Ciudadana, Alfonso Durazo, afirmó ayer en la mañanera que veía la posibilidad de una "confusión" en este caso. Recuerdo la sorna con que los grupos de izquierda recibían en el pasado todas las versiones de actos de violencia producidos por confusiones, desde el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en Guadalajara en 1993 hasta el secuestro y homicidio de los normalistas de Ayotzinapa en Iguala en 2014. La matanza de los LeBarón se llevó a cabo en dos ataques separados a camionetas en que viajaban miembros de la familia. No había hombres en los vehículos: sólo mujeres y niños. ¿Suena a confusión?       

En lo que no hay confusión es en el hecho de que México está imponiendo nuevos récords de violencia. Entre enero y septiembre de 2019 se registraron 25 mil 890 homicidios dolosos, 2.5 por ciento más que los nueve primeros meses de 2018, el año más violento desde 1990, cuando arrancaron las actuales series estadísticas.            

Independientemente del aumento en el número de homicidios, en las últimas semanas se han registrado varias matanzas que subrayan la debilidad del Estado y el crecimiento del crimen y la violencia. El 14 de octubre, en Aguililla, Michoacán, 13 policías estatales fueron asesinados y nueve quedaron lesionados tras el ataque de un grupo al parecer perteneciente al Cartel Jalisco Nueva Generación. El 16 de octubre, en Tepochica, Iguala, Guerrero, 14 civiles y un soldado perecieron en un aparente enfrentamiento. El 17 de octubre, en Culiacán, Sinaloa, un fallido operativo para la captura de Ovidio Guzmán dejó un saldo de ocho muertos, según la Secretaría de la Defensa, o 13, según la fiscalía de Sinaloa. Ahora tenemos esta matanza de mujeres y niños de la familia LeBarón.    

Las voces de izquierda que cuestionaban la violencia en los gobiernos de Calderón y Peña Nieto han callado. El presidente hoy proviene de sus filas y dice que todo va muy bien. "Ya tenemos resultados -dijo ayer-, ya pudimos detener la escalada de violencia". La sociedad, sin embargo, tiene otros datos.  El secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, dijo ayer en el Senado que la estrategia de represión no funcionó. Tiene razón. El problema es que repartir abrazos tampoco. El presidente dice que no cambiará su estrategia. Es positivo que tengamos un presidente de voluntad firme, pero ¿cuál es la estrategia? ¿La creación de una policía militar, llamada Guardia Nacional, y la entrega de subsidios a ninis y otros grupos de la sociedad? La Guardia Nacional, sin embargo, no hace más que mantener la estrategia de represión que nos dicen ya fracasó, mientras que los subsidios sociales no tienen nada que ver con la violencia porque es falso que los sicarios surjan de los sectores más pobres de la sociedad.        

El presidente se equivoca cuando dice que el modelo neoliberal causó la violencia. En 2007 México tuvo el nivel más bajo de homicidios en décadas recientes: 8 mil 867, equivalentes a ocho por cada 100 mil habitantes. En 2018 tuvimos 35 mil 964 homicidios, 29 por cada 100 mil. En 2019, el primer año de la Cuarta Transformación, vamos en camino de romper estos récords. La violencia no tiene lealtades políticas.   


Monstruos 

El presidente Trump ofreció ayuda a México para combatir a los "monstruos" del crimen organizado. Estados Unidos, dijo, está listo para hacer el trabajo "rápida y eficientemente". No, gracias, respondió AMLO.   

Twitter: @SergioSarmiento