Opinion

Lesvy y la sororidad

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Yuriria Sierra

miércoles, 05 mayo 2021 | 05:00

Ciudad de México.- Tristemente, no es ni ha sido la única, pero el feminicidio de Lesvy Osorio es hoy, uno de los ejes de la lucha contra la violencia de género en todo el país. Aún recuerdo cuando hace cuatro años despertamos con la noticia: el cuerpo de una joven había sido hallado en Ciudad Universitaria. Un hecho de por sí ya inusual y lamentable, pero después llegaron elementos que ensuciaron no sólo la investigación, también la memoria e imagen de la joven de 22 años.

Lesvy Berlín fue asesinada por su entonces pareja, Jorge Luis González Hernández. Sin embargo, al inicio, las autoridades estuvieron a nada de cerrar el caso argumentando suicidio, pero ¿cómo era posible que una joven se quitara la vida colgándose con un cable telefónico de una cabina de Telmex que no rebasaba los 2 metros de altura? Responder esta pregunta se convirtió en el motor de su madre, Araceli Osorio. Y gracias a su entereza es que las respuestas no sólo aparecieron, sino que generaron consecuencias, cambios en la ruta con que era procesado el caso.

Lesvy no se suicidó, su muerte tampoco fue accidental ni un homicidio. A Lesvy la mató su novio. Y su expediente tuvo que ser reclasificado como feminicidio, pese a las solicitudes de la defensa del culpable, pese a la intención de las autoridades por resolver un caso que les llegaba en la recta final de una administración que, al paso de estos pocos años, se ha revelado como una sumamente omisa e irresponsable. Incluso buscaron acusar a la joven de su propia muerte: no era estudiante, qué hacía ahí a esa hora, tal vez estaba intoxicada. El eterno lastre de un sistema de justicia incapaz.

Araceli Osorio convirtió el feminicidio de su hija en una causa que explota en sororidad. Fue Lesvy, como han sido otras 11 mujeres al día desde hace tantos años. Y es a través de la madre de Lesvy, y tantas otras guerreras, que mujeres y hombres hemos entendido más la importancia de una lucha que nos implica a todos.

“Hablar de violencia feminicida, lo hemos dicho, es hablar de un problema estructural que no se resuelve con la buena voluntad, no se resuelve en papel, con un discurso, con una alerta autodecretada, sin escuchar a quienes hemos padecido este largo camino de impunidad. Se resuelve atendiendo los temas de desigualdad y de discriminación que son sus pilares, se resuelve cuando hay voluntad política para escuchar a las víctimas, se resuelve cuando se rompe esa cadena larga de impunidad, se termina, se erradica cuando la violencia institucional se asoma en nuestros procesos. Desafortunadamente, lo que nos ha mostrado esta otra pandemia es justo eso: el regreso de las mujeres a las dobles o triples jornadas, el señalar y visibilizar que los hogares son los lugares más violentos para las niñas y mujeres, sobre todo cuando faltan políticas públicas que atiendan la violencia de género contra las mujeres desde la raíz. Un día, esperamos, podremos contar a las que siguen cómo vivimos esta violencia, pero también lo que hicimos para afrontarla y ahí van a estar nuestras voces, nuestras historias. Ahí van a estar los nombres de las que nos hacen tanta falta…”, me dijo Araceli Osorio en Imagen Noticias.

Y tiene tanta razón: “Hemos perdido el miedo y lo hemos perdido porque hemos ganado sororidad, porque hemos trabajado de manera colectiva…”. El feminicidio de Lesvy, las correcciones, la resolución, la condena y sentencia para el culpable son un referente de que el sistema de justicia sí puede funcionar, pero hoy, esto sólo es gracias al trabajo, a la lucha y la entereza de madres y familiares que no descansan por la búsqueda de justicia. No tendría que ser así. Es su responsabilidad, autoridades.