Opinion

Leyendo la realidad

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Gabriela Borunda

domingo, 30 agosto 2020 | 05:00

Soy aficionada a las lecturas de divulgación científica, la culpa de José Martí en particular de un libro poco conocido pero lleno de maravillas éticas y pedagógicas, “Cartas a María Mantilla”, donde dice casi de paso que es en la ciencia donde él encontraba las mayores manifestaciones de la poesía. Por eso desde Oparín, Hawking , Sagan, Bonfil Batalla y desde luego Aristóteles ocupan más espacio en mis libreros que la poesía en su forma convencional. Los textos de divulgación científica a ratos son absorbentes y ratos extremadamente divertidos,

Hace unos días leí un ensayo sobre la degradación y caída de los imperios de John A Willson, le da un repaso a las caídas de las dinastías chinas y egipcias con el debido énfasis en el final del imperio romano y su sarta de emperadores disolutos.

Me gusta la palabra disoluto para este tipo de personalidades disueltas, no se trata de una preferencia sexual, de un amor, del gusto por el vino o algún estimulante. Son seres disueltos en sus vicios y contradicciones, y como las escaleras se barren de arriba para abajo, también se ensucian de arriba para abajo, y nos encontramos frente a sociedades disueltas, vulnerables a cualquier desastre, una epidemia, una sequía o gavillas de delincuentes. 

Para bajarle unos decibeles a la profundidad de análisis de los ensayos de Willson, tomé una revista de temas científicos, un tema leve para descansar, el artículo se llamaba highsex, el artículo basado en los estudios de los doctores Ferrá, dice en pocas y resumidas cuentas, que si bien, nadie se hace gay por fumar marihuana, los efectos deshinibidores del compuesto delta-9-tetrahidrocannabino, genera que en una maravillosa fiesta con los amigos de toda tu vida, llevan tantas campañas electorales juntos, salga a relucir tu parte gay, si es que la tienes.

Dejó mi revista y bajo a  ver si los niños no han destruido la casa por el aburrimiento que les produce el confinamiento. Todo en la sala es un desastre, hay un enorme castillo de cartón donde estaba el sofá, todo normal, me preparó una taza de café y vuelvo al estudio. Sentada frente a mis libros la lectura empieza su efecto mágico y junto una  idea con otra.

Imagino la decadencia de Roma con sus emperadores en esas fiestas sin fin, con vino servido en vasijas metálicas, mucho opio y desde luego jugo de cáñamo hembra mejor conocida como marihuana. Aunque lo diga la Universidad de la Columbia Británica en Canadá, nadie necesita muchos datos para saber que el efecto del uso de constante de la marihuana es una pereza patológica más el riesgo de quedar como Vicente Fox.

Aquí tengo que hacer un paréntesis, creo en el proceso regulatorio del uso de las drogas, pero no hay droga inocua incluso la capasaicina del chile que a todos los mexicanos nos encanta a la larga es adictiva y la larga da gastritis.

Ah la lectura, hace a la mente divagar vuelvo a los imperios decadentes que caen en pedazos. Me imagino que Chihuahua es un cachito de Roma y estoy en medio de la fiesta  del emperador, por alguna mala razón tengo un amigo en la corte y ahí estoy. Llega nuestro emperador con su  traje y su eterno chaleco de niño de escuela, en seguidita su senador barba de chivo, un presunto senador muy serio y presuntamente bien intencionado. Mi amigo se acerca a mí con un gran cajón de madera y me presume su colección: esta esta es de 14 de THC, esta es la famosa azul, está es la roja, la que modificó el ejército norteamericano. Declino gentilmente su amable invitación.

De pronto los gays del clóset de cristal, esos que le niegan todos sus derechos a la comunidad lésbicogay y transgénero, rompen su caja de cristal. Hay algunas chicas más desvestidas que las chicas de playboy pero no son requeridas. Estas fiestas se repiten sin fin, no tiene nada de malo que la gente se divierta, pero se divierten demasiado, están muy cansados para gobernar, se tienen que ir a la playa a reposar. Gobernar es agotador. 

Los días se hacen semanas y meses y años y nadie gobierna porque están muy cansados. Qué nos garantiza que los hombres de hoy no son como los de ayer, quién que esto no sucede, que las tentaciones y vicios de ayer se quedaron ayer. Porqué estamos tan seguros que la moralidad de un hombre no es importante para gobernar.

Pero en el cachito de imperio romano que yo imagino ni siquiera hay pan y circo. Sí gobernara Calígula el Buki estaría cantando en la plaza, sus guardias estarían repartiendo despensas y los preocupados serían sus cortesanos y no el pueblo, porque a falta de justicia al menos populismo.

Como dijo la Clica o lo soñé o lo viví, nuestro pequeño emperador nos niega hasta el agua, el circo son sus promesas que un día rompe y otro también, la causa de su pereza patológica la desconozco, pero es extensiva a sus secretarios, cortesanos y achichincles que no pueden ni dar la hora, lo bueno es que en México no hay imperio que dure seis años ni pueblo que lo aguante.

De pronto el ruido con su clarísima realidad, se impone sobre mis lecturas, es hora de dejar de imaginar y ver qué hicieron los niños.