Opinion

Lo de Villa Ahumada es un caso de impunidad

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GPS / Dominical

domingo, 11 septiembre 2022 | 05:00

El viernes por la mañana, un día y medio después del fatal accidente ocurrido en Villa Ahumada, un tractocamión de la misma marca, un Kenworth, bajó a toda velocidad por el periférico con rumbo a la Niños Héroes en la ciudad de Parral.

La loca carrera del pesado vehículo terminó cuando se estrelló con media decena de autos, a los cuales arrastró como si nada. Cinco personas resultaron con lesiones, de milagro -por lo aparatoso del accidente- nadie de gravedad.

Ese periférico es una pendiente prolongada que lleva al centro de la ciudad de Parral, conectando mediante un trébol para agilizar el tráfico vehicular. A la altura donde impactó el camión se encuentra el Cbtis 228, donde estudian cientos de jóvenes que acababan de ingresar al plantel unos minutos antes del peligroso accidente.

Ahí cerquitas se encuentran también las instalaciones de la Facultad de Contaduría y Administración de la UACH. Es una vialidad sumamente utilizada por cientos de vehículos particulares y camiones de transporte público.

La llamada al 911 alertando de los hechos ocurridos a las 8 am generó alarma. Estaban frescas las noticias y el dolor por los 10 fallecidos en los puestos de burritos de Villa Ahumada, a 600 kilómetros de distancia. Se temía lo peor, por lo que fueron destinadas las unidades disponibles, bomberos, policías y ambulancias.

Al llegar los cuerpos de rescate se encontraron con un pesado camión azul, con el frente destrozado, así como una camioneta Volkswagen, color blanco de reciente modelo; una camioneta plataforma, marca Chevrolet, color rojo; una camioneta marca Mitsubishi, línea L200 color blanca de reciente modelo y una camioneta marca Saturn, color rojo, todos con pérdida total.

Fueron atendidas por paramédicos cinco personas lesionadas y con evidente crisis nerviosa, por lo que fueron trasladadas a un hospital de manera inmediata.

Hasta donde tenemos noticia, la causa del accidente fue una falla mecánica, no funcionaron los frenos y el pesado vehículo terminó arrastrando todo a su paso, con la inercia misma de la pendiente y la velocidad que llevaba.

Pudieron ser las consecuencias fatales, tal y como aconteció en Ciudad Ahumada, donde comensales y trabajadores de los modestos puestos de burritos fueron sorprendidos por la muerte, que tiene enlutada a la población de aquel lugar, y familias de Veracruz, Fresnillo, Namiquipa y Juárez, que hoy lloran a sus seres queridos.

No se explican por qué una tradicional parada en los montados de Villa Ahumada les costó la vida.

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En Ahumada aún no hay versión oficial de la causa del accidente. Se dice que fue exceso de velocidad, exceso de peso, que el conductor manejaba bajo los efectos del cristal u otras drogas, que un vehículo se le atravesó y provocó el accidente.

De todo ello hay elementos preliminares y evidencias recogidas por la autoridad y seguramente engrosan la carpeta de investigación levantada por el ministerio público local.

Al deslindarse la responsabilidad correspondiente tendría que tomarse en cuenta la norma oficial mexicana NOM-012-SCT-2-2017, sobre el peso y dimensiones máximas con los que pueden circular los vehículos de autotransporte que transitan en las vías generales de comunicación de jurisdicción federal, así como las medidas de seguridad con que deben contar los pesados vehículos.

Tanto el Kenworth involucrado en Parral, como el de Villa Ahumada, por su nomenclatura son tipo T3-S3, camiones articulados de 22 llantas y seis ejes. Después de ellos sólo el T3-S1-R-3 los supera, con 26 llantas y 7 ejes.

Son auténticas moles andantes.

Todos ellos, por ejemplo, deben contar con sistema antibloqueo de frenos, freno auxiliar, GPS y otros aditamentos como medidas de seguridad.

No pueden cargar más de 54 toneladas y dependiendo del camino debe reducirse a un mínimo de 40, para evitar daños al pavimento.

La velocidad a la cual deben desplazarse, particularmente en una zona urbana, es de 40 a 60 kilómetros de manera normal, pero en estos automotores, de gran tonelaje, debe disminuirse considerablemente.

Imposible pensar que un vehículo de esta naturaleza pueda detenerse de inmediato.

Todos estos elementos deberán ser considerados por la autoridad que realice el peritaje correspondiente, para graduar la responsabilidad de omisión de cuidado por parte del chofer.

Al homicidio de 10 personas y lesiones a cinco o seis más, en el caso de Villa Ahumada, todas ellas de carácter imprudencial con el agravante de droga en la sangre, se suman cargos como delitos contra la salud por la posesión de una porción de cristal.

Pero podría llegar el responsable a no más de 12 años de prisión, más el pago de la reparación del daño, que será millonaria, sin que hasta el momento haya compañía de seguros alguna que se haya aparecido. 

Si es que existe, la aseguradora esperará bajo las sombras hasta que sea demandada la empresa. La prueba es que fue el Estado quien se hace cargo de la atención médica y funeraria. Cero pases médicos para atención.

Será un juicio largo en el fuero común, pero si es enviado al fuero federal, por tratarse de un camión con placas de circulación federal, el asunto se prolongará aún más.

El chofer, simple empleado, no tendrá cómo responder a esos daños. Terminará pagando con cárcel ante la desesperación de los deudos.

Esta tragedia en realidad es una larga cadena de tragedias.

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Es Chihuahua una de las entidades que más tractocamiones de este tipo tiene, junto con Jalisco, Guanajuato o Veracruz.

Son 30 mil los registrados a nivel estatal, de los cuales 1,338 corresponden a C-2, 777 a C-3, 98 a T-2, 15,512 a T-3, 71 a S-1, 18,248 a S-2 y 4,107 a S-3. Estos últimos, los S-3, igualitos a los dos tractocamiones involucrados en el fatal accidente de Villa Ahumada, y el aparatoso choque de Parral.

De todos esos vehículos de autotransporte, sólo seis mil choferes habrían recibido capacitación en el año 2021, unos mil nuevos y los demás por renovación.

¿Dónde están todos esos choferes ajenos a esos mínimos cursos?

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La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, envió un comunicado de prensa, 24 horas después del fatal accidente en Villa Ahumada, cuando estaban los deudos velando a sus muertos en las casas y funerarias allá en el pueblo.

La dependencia informó de operativos de revisión en unidades de autotransporte público federal, que incluyen peso y dimensiones, a través de puntos fijos, mismos que consisten en aspectos físico-mecánicos de las unidades, donde los permisionarios cuentan con un calendario que tienen que cumplir.

Sin embargo, si tomamos en cuenta los escasos datos existentes en materia de accidentes, todos esos operativos son menos que un fracaso. 

Al 2016, la Cámara Nacional de la Industria del Transporte, reportó 12 mil 567 accidentes a nivel nacional, el 3.25 en el estado de Chihuahua, unos 400, ubicándose en el treceavo lugar nacional. Un accidente diario, en el que interviene un tractocamión.

Una simple revisión hemerográfica, nos da suficiente luz acerca de lo comunes que son estos incidentes.

Tres meses antes de que el Kenworth de Parral se saliera de control sobre el periférico, en el mismo lugar, en junio de este mismo año, otro pesado camión de las mismas características, propició el mismo incidente al bajar del Trébol.

Hubo más lesionados y más vehículos involucrados. Afortunadamente nada fatal.

La sensación es que esos camiones circulan sin vigilancia alguna, en la más completa impunidad, en vialidades estatales o federales.

De otra forma cómo se justifica que bajo intoxicación el trailero haya conducido desde Juárez hasta Villa Ahumada, y luego, ingresara al pequeño pueblo a gran velocidad, sin que nadie le dijera nada.

Es la impunidad de las moles de acero que transitan ocasionando dolor y muerte.