Opinion

Lo perverso de la Cuarta Transformación

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Benito Abraham Orozco Andrade
martes, 11 junio 2019 | 05:00

La propuesta radical del presidente Andrés Manuel López Obrador para cambiar a México, ha sido tan severa y ridículamente criticada por muchos, a grado tal que, hasta a la manera de vestir de los funcionarios que integran su gabinete, se le dedica tiempo para menospreciar el esfuerzo que se está realizando en favor de los mexicanos.

Escuchando en la estación “Imagen Radio” al comentarista Ángel Verdugo, cuando hace alusión a la visita que en días pasados realizaron algunos funcionarios del Gobierno lopezobradorista a EE.UU, se dio a la tarea de describir la vestimenta que estos portaban, haciendo mofa de la indumentaria del Coordinador de Asesores de la Presidencia de la República, Lázaro Cárdenas Batel, destacando la importancia de que una reunión de tal naturaleza amerita la observancia de ciertos protocolos, como lo es el de la vestimenta adecuada o acostumbrada.  

A diferencia de otros sexenios, el actual se ha caracterizado por la sobriedad en múltiples aspectos, destacando la vestimenta sencilla desde el propio Presidente de la República, el uso de modestos vehículos y el traslado en líneas aéreas comerciales en clase turista o económica, entre otros. 

Entonces, si la cabeza pone el ejemplo, que no nos extrañe que su equipo lo secunde. No hay que olvidar a don Pepe Mujica, una respetada figura internacional que sigue dando lecciones de lo que verdaderamente vale la pena en la vida, y que definitivamente no es lo suntuoso.

A pesar de lo común que es escuchar que “si le va bien al presidente, nos va bien a todos”, la realidad es que muchos no lo dicen con sinceridad y lo que más desean es verlo fracasar a como dé lugar, así se vean perjudicados ellos mismos. No tienen ni un ápice de voluntad para poner su “granito de arena” en favor de todos los mexicanos. Son acérrimos detractores que, en lo general, sin sustento alguno y con ligerezas, van agravando los lamentables enconos existentes hasta en las propias familias.

Como lo he mencionado un sinnúmero de ocasiones, a todo gobierno -incluyendo al Gobierno federal actual- se le debe exigir que cumpla con sus obligaciones cabalmente, haciéndole los señalamientos pertinentes cuando haya lugar, pero de manera concreta y responsable, sin secundar despropósitos patrocinados y/o promovidos desde el anonimato o por intereses contrarios.

El haber acudido a una reunión oficial con funcionarios de un gobierno extranjero, sin la indumentaria que el señor Ángel Verdugo considera como la adecuada para la ocasión, seguramente pudiera dar para generar amplios cuestionamientos nimios de cómo se está llevando a cabo la política exterior mexicana, sin considerar los resultados obtenidos (positivos o negativos), que es lo que debería importar.

Pero además de ese “gravísimo” desatino cometido por Lázaro Cárdenas Batel, todavía hay quienes no asimilan, ni perdonan, que el presidente López Obrador esté implementando con recursos públicos –de todos los mexicanos- programas en beneficio de quienes menos tienen, de los más desfavorecidos por décadas, y a quienes no pocos los han llamado “bola de huevones mantenidos”. Se está apoyando a quienes carecen de oportunidades para salir adelante, y a quienes sexenio tras sexenio se les ha soslayado. No faltará que quien sin merecerlo se acoja a tales beneficios, pero queda claro que ellos no son los destinatarios de los mismos.

También hay quienes por ningún motivo perdonan que se les esté afectando junto con sus familias, por no dejarlos seguir viviendo de la corrupción, del huachicol, de los altos sueldos y del compadrazgo en el sector público, de la condonación de impuestos, etc. Habrá que acostumbrarse a esas “perversidades” y más, pues nos habíamos tardado décadas en que las cosas se empezarán a poner en su lugar. 

El desear y contribuir a que al presidente López Obrador tenga éxito en su gestión, no debería ser privativo de un grupo de personas, sino una prioridad general, precisamente para beneficio de todos.