Opinion

Lo que el Covid se llevó

“Nosotros los de antes, ya no somos los mismos”. Pablo Neruda

Teporaca Romero del Hierro

domingo, 21 junio 2020 | 05:00

El COVID-19 colapsó al mundo, desde su llegada, las medidas de confinamiento potenciaron las peores pesadillas, crisis económica, política y social, desigualdad, desempleo, déficit sanitario, hambre, feminicidios, divorcios, protestas masivas, abusos policiales, inseguridad, violencia, estrés, ansiedad y miedo al futuro, en México, agudizadas aún más por declaraciones y malas decisiones gubernamentales. 

Estos efectos colaterales son tema de disputa política, algunos dan razonamientos claros, con propuestas sólidas y solidarias, agrupando a los sectores patronal, académico, informativo y religioso; otros, sin argumentos reales, sólo electoreros, le apuestan al caos, a la polarización, al odio entre clases, sin importar que el país se derrumbe a pedazos. Hoy, bajo la semaforización naranja (mayoría de las ciudades), la llamada “nueva normalidad” deja incertidumbre. 

La economía global se encamina a una de las peores recesiones de las últimas décadas tras el cierre temporal de actividades en distintas partes del mundo para evitar la propagación de la pandemia, como entender los efectos, sin ser expertos en economía o finanzas. En términos simples, según especialistas, la economía de un país crece en la medida que aumenta la producción de bienes y servicios, las personas tienen suficiente dinero para consumir y las empresas tienen la capacidad de responder a esa demanda; que pasa, cuando no hay ese equilibrio, el Producto Interno Bruto (PIB) se estanca o cae. México según estimaciones alcanzará el -7.5%.

Normalmente se habla de una recesión cuando baja el crecimiento económico durantedos trimestres seguidos. Si la caída es leve, los economistas suelen hablar de una "recesión técnica", que puede remontarse en el corto plazo. Usan la palabra "técnica" para distinguirla de una recesión “profunda”, que ocurre cuando los principales indicadores de un país, como el empleo, la inflación, el consumo, la capacidad de pago o el nivel de producción, están por los suelos. Si la recesión empeora y se extiende por un periodo más largo,  entonces estamos frente a una depresión. En palabras simples, qué ocurre cuando un país entra en recesión.

Cuando estamos en recesión hay menos dinero circulando en la economía, menos trabajo disponible, aumentan los despidos, se resienten los salarios,  cae el flujo de caja de las empresas y disminuye la rentabilidad. También suelen congelarse proyectos de inversión y algunos capitales se fugan en busca de mejores rendimientos en otros países.

Por tanto, el gobierno recibe menos ingresos por el pago de impuestos y queda con menos recursos disponibles para invertir en servicios públicos, construir obras de infraestructura y apoyos, en este caso, a las familias afectadas por la pandemia. En una recesión el país en su conjunto se empobrece, siendo las familias más vulnerables las que sufren las peores consecuencias, esto  dispara la brecha de desigualdad.

La pregunta ¿Estamos en una recesión global? Expertos responden que sí, consideran que bajó el crecimiento en los tres primeros meses del año y volverá a caer en el segundo trimestre que termina en este mes de junio. Los pronósticos revelan que las cuarentenas y confinamientos implementados en gran parte de los motores económicos globales, dejarán marcas negativas.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta una abrupta caída del PIB Global en 2020 cercana al 3%, de cumplirse, estaríamos en la peor crisis desde la Gran Depresión de los años 30.

Como nos afecta la recesión, millones perderán su empleo por despidos, dueños de negocios como restaurantes, cocinas económicas, bares, gimnasios, papelerías, ferreterías, talleres mecánicos, estéticas, spas, boutiques, cafeterías, etc., cerraron sus puertas ante la abrumadora crisis; otros, verán limitadas sus posibilidades de aumento salarial o la aprobación de nuevos proyectos,  los recién egresados tendrán dificultades para incorporarse por primera vez al mercado laboral, el emprendimiento se estanca. 

Al no contar con recursos suficientes, los bancos engrosan la tan abultada cartera vencida, debido al incumplimiento de pagos a créditos personales, de tarjetas de crédito, hipotecarios, arrendatarios y automotrices. 

Medios financieros, con colaboraciones de premios Nobel han publicado que nadie sabe con certeza cuánto puede durar esta recesión. Depende de una infinidad de factores, desde la disponibilidad de tratamientos y vacunas contra el COVID,  si se registran nuevas olas de contagio en la medida que los países abran sus economías y las actividades retomen su curso habitual. Organismos multilaterales y regionales proyectan que la recesión se puede acabar hacia fines de este año o inicios del próximo.

Vivimos bajo la incertidumbre, dado que se desconoce cómo va a evolucionar el virus y las respuestas para enfrentarlo. Si los paquetes de estímulo fiscal y las inyecciones de dinero por parte de los bancos centrales logran mantener en pie el tejido productivo y comercial, la recuperación será más rápida. Ojalá la 4T, atienda esta recomendación. Pero si muchas empresas quedansin oxígeno financiero y se van a la bancarrota, el escenario será totalmente opuesto, este es el contexto actual en México.   

Cuando en la mayor parte de Asia, Europa y Estados Unidos las cosas están volviendo a la "normalidad" de manera escalonada y con precauciones para mantener la distancia social, América Latina se ha convertido en elepicentro de la pandemia. Hasta no bajar la curva de contagios y muertes, difícilmente la región podrá encender una vez más los motores del crecimiento. A nivel global, las aerolíneas y el sector turístico esperan con ansias que la gente vuelva a sentirse segura y se atreva a viajar.

Impresiones de expertos sobre qué podemos hacer para paliar la crisis, coinciden hasta que no exista una vacuna contra el virus, todos los esfuerzos apuntan a mitigar el impacto sanitario y económico de la enfermedad. Los bancos centrales han disminuido lastasas de interéspara que el costo de pedir dinero prestado sea lo más bajo posible.Sin embargo, no es algo alentador, debido a que las tasas ya estaban bajas incluso antes de la propagación del coronavirus.

En Estados Unidos, por ejemplo, están prácticamente en cero, los gobiernos, han aumentado el gasto fiscal, dejando de lado en muchos casos las estrictas normas de austeridad para apoyar a las empresas y a los ciudadanos durante la pandemia. 

Michael Levitt, Nobel de Química 2013 señaló: "El daño ocasionado por el confinamiento será mucho mayor que cualquier daño del Covid-19 que se haya evitado… Estoy seguro de que el confinamiento pudo haber salvado vidas en el corto plazo, pero el daño económico costará vidas…El confinamiento estricto es el que es peligroso".

Son tiempos de desvelo ante un mañana nada comprometedor, para muchos, los sueños a corto y mediano plazo se esfuman, para otros, lograrlos requiere de mucho mayor esfuerzo, de ajustarse aún más el cinturón. El debate es si las medidas de confinamiento que evitaron la propagación masiva del virus fueron excesivas o no, lo cierto es que el aislamiento social desató otras pandemias difíciles de sortear, la convivencia y la falta de liquidez desencadenaron disputas familiares que terminaron en divorcios, con records de violencia de género, incrementaron los feminicidios, hay estancamiento económico, pobreza laboral, desempleo, delincuencia, violencia, racismo, adicciones. Deseamos soñar, que existe un rayo de esperanza para que la marea baje a caudales mansos y podamos respirar tranquilos una vez más. 

Sumemos voces.