Opinion
Entre redes

¿Lobo, estás ahí…?

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Javier Horacio Contreras Orozco

domingo, 04 septiembre 2022 | 05:00

“Son miles los niños que hablan a diario con desconocidos y es casi imposible saber quién es un pedófilo o un delincuente sexual en el patio de juegos más grande del mundo que es internet. Según Paz Velazco (2022) estos delincuentes sexuales online han encontrado su paraíso particular en internet y en las redes sociales”

        Hace unos años cuando los niños salían a la calle o iban a un lugar de diversión como un parque, una fiesta o al salir de la escuela, tenían dos instrucciones muy claras de parte de sus padres: no hablar con desconocidos, fueran hombres o mujeres y cuidarse de los “robachicos” que asolaban esos lugares para engatusar a los menores con fines perversos. Esas eran las alarmas de cuidado y protección familiar, además de denunciar a cualquier sospechoso que rondara cerca de escuelas o detrás de árboles en los jardines. 

         La preocupación de fondo era crear blindajes para los niños. Eran círculos virtuosos de protección con algunos vecinos, en las escuelas y los padres de familia para evitar que los hijos sufrieran alguna agresión o abuso. Los cuidaban, estaban al pendiente de personas extrañas a la colonia o a las afueras de escuelas, se evitaba que niños estuvieran en lugares donde solo hubiera adultos no conocidos.

          Si revisáramos ahora esas medidas de seguridad de ahuyentar a presuntos “robachicos” o avisar a la policía de desconocidos sospechosos que merodean en parques o en las calles fuera de la casa, nos encontramos que pasa exactamente lo contrario.

         Son miles los niños que hablan a diario con desconocidos y es casi imposible saber quién es un pedófilo o un delincuente sexual en el patio de juegos más grande del mundo que es internet. Según Paz Velazco (2022) estos delincuentes sexuales online han encontrado su paraíso particular en internet y en las redes sociales.

         Y lo más preocupante es que los propios padres de familia los hemos estado dotando de teléfonos celulares desde su infancia. Cómo si fuera una nueva competencia o rivalidad por ver quien de las niñas trae el smartphone más sofisticado o la última versión, no permiten que las “humillen” sus amigas o las dejen atrás en novedades tecnológicas.

         Les estamos entregando en sus manos un aparato receptor por donde entrarán silenciosamente, con falsos perfiles o haciéndose pasar como inofensivas ovejas a verdaderos lobos que asechan en las redes sociales buscando víctimas. 

Por supuesto que los depredadores sexuales no entregan una tarjeta de presentación ni envían su curriculum para hacer creer que son personas buenas y de comportamiento intachable. Muchos de ellos, se hacen pasar por supuestas jovencitas, niños de edades similares a las víctimas o interesados en sus temas infantiles.

La imagen de un hombre con sonrisa amable y jovial con paletas o dulces en sus bolsillos para ofrecerlos a los niños a la salida de los colegios o sentado en una banca de un parque viendo jugar a los menores, ofreciendo regalos o juguetes para darles confianza, ya casi no existe o simplemente ya no acuden a esos lugares porque ahora tienen un nuevo espacio más seguro para ellos donde nadie los observa o sin la amenaza que alguien los pueda ahuyentar o denunciar. Antes, era más fácil identificarlos o al menos saber dónde se instalaban porque eran visibles para todos. Hoy son invisibles, están escondidos detrás de pantallas de computadoras o celulares, buscan mil maneras de hacer contacto con menores de edad, aprovechando la inocencia y buena fe.

La defensa era la instrucción de los niños de no hablar ni aceptar regalos de desconocidos y eso se acataba. No hablan y rechazaban cualquier objeto.  Pero, ahora en la era digital, dice Paz Velazco, “hay un nuevo hombre del saco invisible, tenaz y mucho más peligroso que, aunque no se lleve a los niños físicamente, sí se lleva su inocencia”.

Antes de internet, de celulares y redes sociales había un juego tradicional que se oían en las calles y patios de escuelas que los niños coreaban mientras uno de ellos se escondía cerca con el papel de lobo. Las estrofas decían:    

“Jugaremos en el bosque

Mientras el lobo no está aquí

Porque si aparece

A todos nos comerá…

¿Lobo, estás ahí?

Y al final de cada estrofa, el lobo les contestaba que se estaba despertando, levantando, bañando, secando, vistiendo, peinando, hasta que grita el lobo: ya voy por ustedes…y todos salían corriendo a esconderse del lobo para no ser desayunado por él, pues era la única actividad que tenía pendiente.

Hoy, los niños juegan en el patio más grande de la escuela que es internet. Increíblemente nosotros mismo lo hemos metido a ese patio, les proveemos de las herramientas para jugar ahí y no sabemos cómo los lobos disfrazados los van cercando y engañando. Los hemos ido perdiendo y delante de nosotros. Con el celular en sus manos, encerrados en sus cuartos, conectados a redes sociales, hablando con desconocidos más que nunca. 

Es conveniente señalar que no se puede sostener de manera categórica que internet produce nuevos pedófilos y pederastas, pero lo que sí se puede alertar es que con internet tienen un acceso más amplio, seguro, anónimo y fácil de manejo de fotos, videos de niños lo que detona exponencialmente esta amenaza.

Esos pedófilos o enfermos sexuales acudían a albercas, colegios y espacios de esparcimiento y juegos infantiles, pero con internet ahora son invisibles y han creado comunidades entre ellos donde intercambian e interactúan, generando un refuerzo. A través de internet se han creado movimientos como CLOMAL que los pedófilos lo usan para promover su causa: la despenalización de las relaciones sexuales entre adultos y niños. El movimiento Mariposa con pedófilos sin preferencia de género: niñas y niños. O el Girl Lover, que son pedófilos que prefieren chicas jóvenes. El Little Boy Lover con niños muy pequeños o el Boy Lover que son adultos que prefieren niños pequeños.

Esta caja de Pandora se abrió desde los noventa con la llegada de internet que lo tomaron como el medio idóneo para captar nuevas víctimas, abaratar el costo de producción y de reproducción y que el material de explotación sexual infantil se pueda difundir de manera fácil y sencilla a un número mayor de consumidores. El modo de operar es muy claro: crean identidades falsas haciéndose pasar por menores y utilizan diferentes técnicas de engaño para ganarse su confianza y obtener imágenes sexuales explícitas. 

El Homo Criminalis que opera en las redes es un delincuente. Son lobos disfrazados de ovejas y ahora los niños están más desprotegidos que nunca.

Ya no los cuidamos del lobo, lo hemos dejado indefensos. Ignoramos cómo los asechan en las redes, pero presumimos de regalarles la última versión del teléfono inteligente para que impresionen a sus amistades. 

Y si no somos policías cibernéticos, no sabemos por dónde se cuelan los lobos, ¿por qué dejarlos solos? 

  Nos quedamos con la interrogante de la autora de Homo Criminalis, que se convierte en inquietud y un gran riesgo: ¿Representan los delincuentes sexuales en internet un nuevo tipo de delincuente sexual, o solo reflejan la transformación de la delincuencia sexual en el espacio físico a través de la adopción de las nuevas tecnologías?

jcontreraso@uach.mx

VELAZCO de la fuente, Paz, (2022) Homo Criminalis. El crimen a un clic: los nuevos riesgos de la sociedad actual, ed. Ariel, México.