Opinion
Álter Ego

Los genuinos virus mortales

La crisis por Covid-19 vino como anillo al dedo a la 4T: Irma Eréndira Sandoval

Rafael Soto Baylón

miércoles, 18 noviembre 2020 | 05:00

Estoy de acuerdo con miles y miles de personas cuando afirman que el coronavirus, el Covid-19 o el Sars-CoV-2 no deben ser temas de preocupación. No es posible que un simple virus sea capaz de menguar la calidad de vida de siete mil millones de personas que habitamos este sufrido planeta.

Y es que en sí mismo, el Sars-CoV-2, es imposible que liquide a los humanos a través del Covid-19.  Los verdaderamente verdugos son los prejuicios, la desinformación, el descrédito, la indiferencia, la incredulidad y las políticas, dubitativas, anacrónicas, populistas y oportunistas.

Vamos a decirlo metafóricamente: si aspiramos a la victoria en contra de un “enemigo” debemos conocerlo bien. Un conocido me dijo “ojalá se venga un invierno muy crudo para que las heladas maten a este maldito bicho”. Solo que los virus no mueren porque no son entidades vivas. Un virus mide 0.00000002 cm o si lo prefiere 0.000015 mm. Y luego los preguntamos, ¿cuántos virus existen? No lo sabemos pero los virólogos calculan que serán unos 10,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000. 

Hay un mal más terrible, mortal e invencible que los virus malignos: la ignorancia, es la que nos hace tomar las peores decisiones. No creer en la existencia de la enfermedad y afirmar sin elementos de juicio que es un invento del gobierno para asustarnos es absurdo. El del “a mí no me afectará” o “Ya me dieron los síntomas, no me inquieto  ya que de todas maneras me iba a tocar tarde o temprano” es una actitud explicable: la negación es un mecanismo psicológico de defensa ante un gran temor. La otra es que pensamos como sinónimos saber y creer. No todo lo que creemos es cierto. Pero no lo recapacitamos así porque sería tonto creer como verdadero a sabiendas que es falso. También consideramos las afirmaciones de quienes no son epidemiólogos sino cantantes, conductores de televisión, actores o deportistas. Y claro la opinión de los científicos es descartada porque “no se les entiende nada”. En cambio, a Carmen Salinas, afamada teóloga y epidemióloga la cual afirmó que  “lo que les está pasando a los chinitos es por estarse comiendo a los perritos y a los gatitos”; a Miguel Bosé quien desconfió de las vacunas porque con ellas “nos quieren matar”, debemos creerles. Aquí varios culpables: los declarantes, mejor dedíquense a cantar y actuar y dejen de decir estupideces. A los medios por difundir esas idioteces y nosotros por hacerles el menor caso.

Es también la falta de conocimiento la que nos provoca alimentar desconfianza hacia las vacunas de, sea el caso, la influenza. “Porque una de mis tías que tú no conociste, se inyectó y a los tres días murió”. Uno de los requisitos de una actitud racional es que las creencias deben ser compatibles con la concepción científica del mundo. Si es así tienden a ser verdaderas y si lo contrario, tenderán a ser falsas.

 Ahora bien, ¿la ignorancia puede ser alimentada? Claro, a través de una deficiente investigación científica. Los políticos de ayer y más los de hoy sienten que destinarle recursos es un desperdicio. En México se cuenta con 23 investigadores por cada 100 mil habitantes. En cualquier país del primer mundo son 400. Para la actual administración -a través de Conacyt- apoyar a la ciencia es construir respiradores copiados. 

El oscurantismo no conoce fronteras. No faltan norteamericanos, franceses, españoles,  británicos o alemanes que se manifiesten públicamente en contra de las medidas gubernamentales y se nieguen a usar mascarillas. 

Los falsos ídolos e iletrados líderes políticos son responsables de la muerte de miles de personas. ¿Cuántas vidas pudieron haberse salvado si el poderoso y bromista Trump (“No lo llames coronavirus; es el Chinavirus”), el homofóbico y machista Bolsonaro (“tenemos que dejar de ser un país de maricas”),  el siempre sonriente e incorrupto López Obrador (“no robes para que no te dé el coronavirus”) nos hubiesen privado del placer de ver sus nobles, serenísimos y augustos rostros? Debieron decirles a sus seguidores y detractores que usaran mascarillas que bien les pudo haber salvado la vida. La mejor educación es el ejemplo. Aunque en el fondo solo lo fingieran. 

Mi álter ego advierte que la democracia en México está en peligro. Las elecciones del 2021 servirán para sepultarla o para revivirla. Para esto último es necesario que el partido en el gobierno no obtenga la mayoría en la Cámara de Diputados y que ésta sea un contrapeso al ejecutivo. Aplaude la unidad entre el PRI, el PAN y el PRD. La unión es indispensable.