Opinion

Los jóvenes exigen derechos, pero no quieren obligaciones

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Benito Abraham Orozco Andrade

martes, 08 noviembre 2022 | 05:00

Bien pudiera afirmarse que, el ser humano en general, tiende a evadir sus obligaciones y a buscar e inventar en todo la existencia de derechos, para vivir de una forma más cómoda. Pero la realidad no es precisamente así, ya que, entre más edad y madurez en la persona, todavía la tendencia es a que haya una mayor responsabilidad.

Es en las nuevas generaciones en donde existe un marcado individualismo que, en sí mismo, conlleva el “…pensar y obrar con independencia de los demás, o sin sujetarse a normas generales” (diccionario de la RAE). Es decir, únicamente lo que atañe a la persona individualista es importante, y soslaya lo que pudieran pensar, sentir y/o necesitar los demás. Obviamente existen no pocos casos de jóvenes que demuestran ser comprometidos con quienes interactúan, ya sea en lo privado o en lo público.

Antaño, por ejemplo, las labores del hogar eran responsabilidad de todos los integrantes de la familia (salvo donde prevalecía el machismo), elaborándose, incluso, una programación de las actividades semanales que debían cumplirse sí o sí, pues la obediencia a los padres no era optativa. La vestimenta, la alimentación, los materiales escolares, el transporte, etc., eran de acuerdo a las posibilidades del ingreso familiar, en muchos casos por demás modestos.

Actualmente, los hijos demandan que se les proporcione lo mejor en todos los rubros, y ya ni quieren (y ni saben) trasladarse a la escuela en transporte público. Teléfonos celulares de hasta 20 mil pesos o más; televisión en la habitación; chamarras, zapatos, tenis, pantalones, etc., de las mejores y más caras marcas; vehículo para uso personal cuando hay la posibilidad; entre otros satisfactores suntuosos. Además, hay que proporcionarles el dinero que requieran para su “sano esparcimiento”.

Pero hablando de: sus obligaciones educativas; del respeto hacia mamá y papá; de su aportación en las tareas en casa; de la reciprocidad con familiares y demás personas que les ofrecen buen trato o favores significativos; de las consideraciones hacia sus maestros; de retribuir a la sociedad lo que han recibido en las universidades públicas y demás instituciones oficiales, entre otros referentes donde los adolescentes y/o jóvenes deberían demostrar agradecimiento y nobleza, ya no hay tal.

Ahora las nuevas generaciones se sienten merecedoras de todo, y no dudan en exigirlo ante quien sea, pero por ningún motivo se pondrán a analizar y a aceptar, que tienen un sinfín de obligaciones para con la familia y con la sociedad en general.

A los hijos ya no se les puede aplicar como llamada de atención ni una nalgada, pues es algo jurídicamente indebido y así lo hacen ver ellos. No obstante, muchos de ellos son groseros e ingratos con sus padres y con quien se les ponga enfrente, y eso sí, existe la obligación de papá y mamá de tenerlos en casa y de proveerles lo que necesitan, so pena de hasta ser encarcelados cuando incumplan con ello.

Se pueden tatuar, consumir lo que deseen, regresar a casa a altas horas de la noche (o hasta el día siguiente), ver los programas televisivos que gusten, escuchar música que da vergüenza y, por qué no decirlo, hasta abortar y sostener relaciones sentimentales con personas del mismo sexo, sin que los progenitores puedan decirles algo, ya que son sus “derechos”, esos llamados derechos humanos que diversos tribunales, pretendiendo absurdamente emular a Dios, se los han concedido a los adolescentes y jóvenes, y han determinado que se promuevan entre los niños. Un gran y desafortunado disparate.

Incluso hay padres que piensan que la mejor manera de educar a sus hijos, es permitiéndoles que ellos hagan lo que deseen donde quieran, sin llamarles la atención cuando llegan a una casa ajena y la ponen “patas arriba”. Lo mismo ocurre cuando a un “inocente” vástago se le detiene y/o se le infracciona por haber cometido una falta, los padres arremeten contra la autoridad que osó molestarlo, pues su hijo tiene derecho a hacer lo que le plazca. Faltaba más, pues es mijo.

Esos valores y esas tradiciones que han sido eficaces en la formación de hombres de bien deben rescatarse, y debe privilegiarse, considerarse e impulsarse a la familia, como el entorno en el que se generen sinergias que favorezcan la existencia de sociedades responsables y satisfechas, con una adecuada calidad de vida, en las que los demás nos importen en todo momento.

Si continuamos con esos individualismos y enfoques que pretenden acabar con la vida en comunidad, con la familia, olvidémonos de que en nuestra vejez haya quien se preocupe y se ocupe de nosotros.

¿Hasta dónde los padres y los adultos en general, tenemos culpa en la clase de generaciones que están emergiendo?