Opinion

Los olvidados

”Hambre, enfermedades, adicciones, pobreza, marginados del desarrollo, eso arrastran los antiguos dueños de Chihuahua, los tarahumaras”

Teporaca Romero del Hierro
domingo, 10 noviembre 2019 | 05:00

Indígenas, sinónimo de miseria y marginación en México, producto del olvido institucional y la cultura racista que persiste en todos los estratos sociales del país; a pesar de los esfuerzos de organismos oficiales y organizaciones derecho-humanistas nacionales e internacionales, los indígenas viven excluidos del desarrollo, bajo el logo de la discriminación y el repudio ciudadano, sin oportunidades de empleo, educación, vivienda digna, seguridad social y acceso a la justicia de calidad. La pobreza, jinete apocalíptico del siglo, multiplica los índices en adicciones, violencia intrafamiliar y suicidios. 

Informes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) señalan que el 71.9 % de los indígenas, 5.1 millones viven en condiciones de pobreza y 3.2 millones en pobreza extrema; 7 de cada 10 indígenas, de los casi 11 millones que viven en México, sobrevive con un salario mínimo ($102.68 diarios). En julio pasado, Isidro “Chilo” Rodríguez, uno de los líderes indígenas de la región de la Sierra Tarahumara y organizador de la Marcha por el Hambre y la Marcha por el Trabajo, que tuvo por objeto hacer un llamado a las autoridades federales y locales para ser tomados en cuenta en los programas y apoyos sociales, debido a que la austeridad republicana de la 4T eliminó de un plumazo 18 programas sociales, por emanar de administraciones distintas a Morena.

En el tema de las adicciones, Chihuahua según investigaciones periodísticas de medios nacionales, 4 de cada 10 tarahumaras son adictos, debido a la facilidad con que consiguen las drogas, el consumo inicia a partir de los ocho años de edad con drogas de bajo costo, pegamento, thinner y aerosoles. De enero a la fecha, según la Secretaría de Salud estatal ha registrado 730 nuevos casos en algunos asentamientos de las ciudades de Chihuahua, Cuauhtémoc y Guadalupe y Calvo. 

Simón Tavera Romero, sociólogo, coordinador general del Proyecto de Estrategia de Fortalecimiento de los Modelos de Atención en Ciudad Juárez, afirma que la incidencia aumentó debido a la falta de programas de prevención en dichas zonas, como actividades recreativas y deportivas y espacios de esparcimiento; en la entidad existen 22 mil personas dependientes a algún estupefaciente, dijo: “Si la tendencia sigue así, en un corto plazo es muy probable que la cifra se duplique y eso es terrible, porque la infraestructura apenas alcanza para atenderlos”. 

Isidoro Rivera, líder del asentamiento tarahumara en Cuauhtémoc, afirmó que se requiere más apoyo por parte de la autoridad para controlar la situación, cada vez más jóvenes son los que se suman a las redes de la adicción, lo que genera una pérdida de identidad y valores en la comunidad.

Hace días, medios digitales nacionales publicaron que los rarámuris viven con hambre hace meses, debido a que les retrasan ayudas, serán beneficiados con programas hasta 2020. Aluden que en Bocoyna viven más de 23 mil habitantes, de los cuales el 58% está en situación de pobreza; en Guachochi habitan 32 mil personas, de las cuales el 64% vive en esa situación, esto de acuerdo con las cifras más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval, 2015).

Desde diciembre 2018, cuando se eliminó el programa social Prospera por el cambio de Gobierno federal, los indígenas están comiendo Maseca con la hierba quelite y no están tomando pinole porque no hay maíz. 

Los problemas sociales como la violencia, la pobreza y la adicción a las drogas generan trastornos mentales, así lo confirman Mercedes Juan López, ex secretaria de salud, Eduardo Ángel Madrigal de León, director del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz y el senador Emilio Álvarez Icaza Longoria. Coinciden en que las condiciones ambientales pueden detonar depresión, bipolaridad y esquizofrenia, las discapacidades psicosociales son la primera causa de suicidio, particularmente la depresión. 

La pobreza, la pérdida de tierras y recursos naturales que sufren las comunidades indígenas por políticas públicas ineficaces se agravan por la frecuente discriminación del mercado laboral, cuyos marcos normativos adolecen de una perspectiva derecho humanista; por desgracia sigue imperando la exclusión, los obstáculos culturales y lingüísticos, los cuales impiden que la mayoría de los indígenas accedan a un empleo de calidad, programas sociales y servicios de salud, además, de vivir en carne propia la exclusión en los procesos políticos, resultado de sus usos y costumbres que marcan procesos distintos, agudizándose el consumo de drogas y alcohol, agresiones sexuales y la violencia intrafamiliar.

El desamparo oficial sigue multiplicando pobres en el país, siendo los más pobres de los pobres los indígenas, esta condición según dichos de la relatora especial de las Naciones Unidas es aprovechada por cárteles y líderes del crimen, quienes reclutan forzadamente a niños y jóvenes indígenas, “muchos” según informes, desaparecen. “En zonas afectadas por el crimen organizado y la producción y tráfico de drogas, la única elección que les queda a los jóvenes es unirse a estos grupos o ser torturados, desaparecidos o asesinados”. 

Adicciones, suicidios, trabajos forzados y violencia son resultado de la desatención, de políticas económicas ineficaces, hasta hoy ni la 4T que ha ventilado por todos los medios el destierro de la política Neoliberal ha dejado de maquillar el número de pobres y marginados en el país. 

En un país tan desigual como México, la prioridad debiera ser la reducción de la pobreza, pero dicha reducción, debido a los niveles de desigualdad según especialistas, nunca será suficiente para tener un país con pleno desarrollo. Como dice el Papa Francisco: “Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos, será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión.”

Por un México justo, culto, libre de adicciones y de respeto, Sumemos Voces.