Los opaca con su brillo

De política y cosas peores

Armando Fuentes
viernes, 15 marzo 2019 | 00:51

Ciudad de México.- En el lecho del amor el muchacho le dijo a su dulcinea: "Mi padre me decía siempre que si fumaba no me crecería mi parte de varón". Comentó la chica: "Se ve que no le hiciste caso". En el bar un tipo le contó a su amigo: "Todos los días recibo una llamada telefónica en la cual se me insulta, se me amenaza y se me exige dinero". "¡Qué barbaridad! -se consternó el amigo-. Esperemos que todo eso termine cuando funcione la Guardia Nacional. Pero dime: ¿sabes quién te hace esas llamadas?". "Sí -respondió con tono sombrío el otro-. Mi exesposa". La linda meserita de la taquería se sobresaltó cuando el añoso cliente le dijo: "Me traes de cabeza". Volvió a la tranquilidad, sin embargo, cuando el provecto señor continuó: "Y también me traes de sesos, de lengua y de cachete". "Es más desconocido que el padre de Whistler". Así decía un amigo mío aludiendo a cierto escritor municipal. Y es que aquel famoso pintor inglés inmortalizó a su madre en un célebre retrato, pero su pobre papá quedó en el más triste anonimato, olvidado para siempre. La mayoría de quienes forman el gabinete de AMLO han corrido hasta ahora la misma suerte: son casi deconocidos. El brillo del presidente los opaca en tal manera que incluso nos es difícil recordar sus nombres. Si nos preguntan el del secretario de Agricultura a lo mejor diremos el del director de Pemex. Un querido personaje de Saltillo, el arquitecto Ismael Ramos, tenía en su escritorio un letrero que decía: "Es muy agradable ser importante, pero es más importante ser agradable". Pienso que el presidente debería dar más cancha a sus colaboradores; dejar que hagan declaraciones aun cuando no estén bajo su sombra; permitirles mayor libertad de acción de modo que cobren más personalidad -si bien no más salario- y se desempeñen con mayor soltura. Ahora a muchos de ellos se les ve disminuidos ante su jefe, y aun en ocasiones temerosos de enojarlo. O de plano son invisibles. No se advierte coordinación, trabajo de equipo en el Gobierno. AMLO da la impresión de ser de ésos que, dice la voz popular, en los bautizos quieren ser el niño, en las bodas el novio y en los entierros el muerto. Tras de la conferencia mañanera ya nadie puede abrir la boca. El programa de un solo hombre, vamos. El presidente sabe mucho de beisbol. Y una de las primeras lecciones que enseña el Rey de los Deportes es que sin labor de equipo no se puede ganar el juego. Un pollo le dijo a otro en el rosticero: "El calor y las vueltas las soporto; lo que me encabrona es el tubo allá donde te platiqué". Tirilita dio a luz un varoncito. Su mejor amiga le llevó de regalo un libro llamado: "Mil nombres para su bebé". "Nombre ya tengo -declaró, mohína, Tirilita-. Lo que necesito es conseguirle un apellido". "Boda: todo es arroz. Divorcio: todo es pa-ella". Le dijo doña Macalota a don Chinguetas: "Gastas mucho en licor". Opuso el majadero: "Y tú gastas mucho en maquillaje". Replicó doña Macalota: "Yo necesito el maquillaje para verme bonita". Y declaró don Chinguetas: "Y yo también necesito el licor para verte bonita". Jactancio Elátez era un tipo egocéntrico, pagado de sí mismo, vanidoso. Cierto día estuvo con una linda chica en la habitación 210 del popular Motel Camaua. Al término del trance erótico Jactancio encendió un cigarrillo egipcio que previamente puso en una larga boquilla de ámbar y marfil, y luego le dijo con tono displicente a su amiguita: "Ya sé que esto fue maravilloso para ti, Camilia, pero me estoy preguntando: ¿cómo fue para mí?". Decía hecho una furia don Chinguetas al tiempo que buscaba con desesperación por todas partes: "Un día me les voy a esconder yo, pa' que las pinches llaves sepan lo que se siente". FIN.    

MIRADOR    
Por Armando FUENTES AGUIRRE      
John Dee no amaba la vida: amaba el conocimiento.      
Era filósofo, y se hacía preguntas sobre la vida.      
Esas preguntas sólo la vida las podía contestar.      
Y él no vivía la vida    
Un día conoció a una mujer. Esa fue la respuesta que la vida dio a sus preguntas.      
El sabio pensador se enamoró de ella.      
De la mujer, quiero decir.      
Y al enamorarse de la mujer se enamoró también de la vida.    
Ahora John Dee ama la vida. Ama también el conocimiento, pero sólo el conocimiento que es para la vida.      
-Mi mujer es mi vida -solía decir.    
Cuando la mujer le dio su primer hijo John Dee cambió la frase. Ahora dice:    
-Mi mujer es la vida.
¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.  
Por AFA.  "
... Son muy pequeñas las casas de interés social...".      
Eso que ahora publicas no molesta a mis paisanos,      
pues a muchos mexicanos    
les gustan las casas chicas.