Opinion

Los próximos procesados

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Benito Abraham Orozco Andrade

miércoles, 26 mayo 2021 | 05:00

A unos meses de concluir en nuestro país un sinnúmero de gestiones públicas estatales y municipales, así como múltiples encargos de legisladores federales y locales, tal parece que como en otras ocasiones, no habrá mucha diferencia respecto de los señalamientos de corrupción con los que ya van transitando hombres y mujeres de diferentes denominaciones políticas, incluso hasta independientes.

Se incrustan en sus puestos como si fueran dueños y señores de todo y de todos, como si los cargos fueran eternos, al igual que las adulaciones y los aduladores. Creen que sus cómplices y “amigos” serán leales por siempre, pero acabándose las mieles del poder, hasta ahí llegará también todo compromiso con el otrora varón o fémina influyente. Claro, siempre y cuando no se vean favorecidos con sucesores afines, dispuestos a perdonarles sus corruptelas.

En muy repetidas ocasiones escuchamos a estas personas frente a reporteros, entrevistadores y a la sociedad en general, afirmando que ellos sí son personas honestas y que su decencia es a toda prueba. En un programa televisivo con escenario claroscuro, donde la cámara captura sus rostros con suma iluminación como si fuera una confesión a la vieja usanza policial o fascista, estas gentes no se inmutan en lo absoluto, mostrándose como verdaderos mitómanos cuando los cuestionan sobre la honestidad en su desempeño como servidores públicos. Cualquier teoría sicológica sobre las reacciones que una persona -o de manera específica un criminal- debe tener cuando miente, queda desacreditada ante estos “respetables” histriones. 

Sin embargo, al final, tales dotes actorales de nada servirán, pues no han entendido que en nuestro país las cosas ya están cambiando, y que gobiernos y sociedad ya no somos los mismos. Muy seguramente se sumarán a esa pasarela de ex funcionarios -y aunque pocos, otros funcionarios en turno-, que harán circo, maroma y teatro, para querer evadir cualquier acción de la justicia tendiente a detenerlos y procesarlos. Sucederá exactamente lo mismo que ya hemos visto en repetidas ocasiones a lo largo y ancho del país. Se emitirán las fichas rojas a que haya lugar, para detener a uno que otro u otra gobernadora, presidente municipal, etc. 

De muchas formas, y a través de diversas personas, a estos “servidores públicos” se les ha recordado durante su mandato, que éste no es eterno, y que la suerte y la fortuna no siempre estarán de su lado. Pasadas las elecciones, vendrán esas posturas disque dignas, que pretenden esconder acciones oscuras, ajenas a una administración honesta, transparente y eficiente. Volverá el morbo por enterarnos qué fue lo que hicieron y en qué momento se les detendrá y extraditará, en su caso. Se desarrollarán, a la vez, procesos judiciales que llevan años, con los que vayan surgiendo. Perseguidores y perseguidos, en posibilidad de compartir celda.

Si en realidad deseamos un verdadero cambio, que impida seguir viendo espectáculos de vergüenza ajena (y hasta propia, pues llevamos cierta responsabilidad por haber votado por estos impresentables), lo mejor será investigar muy bien, con una alta honestidad y objetividad personal, quiénes sí son -o no son- una buena opción, merecedora de ofrecerles nuestro valiosísimo sufragio, dejando de lado posturas enfermizas que pretenden confundirlo todo.

Indudablemente habrá quien, por su intachable trayectoria pública y privada, sea digno de recibir nuestro apoyo, pero en otros casos, no nos engañemos a nosotros mismos ni a quienes nos rodean, tratando de convencernos y de convencer, de alguien que a todas luces no vale la pena.