Opinion

Los pueblos indígenas en la visión neoliberal

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Martín Chaparro Payán

viernes, 02 abril 2021 | 05:00

“¡No voy a mentir eh! Y te voy a decir como hablaba ese #@%&, me decía: ‘yo jefe gran nación Chichimeca, vengo Guanajuato, yo decir a ti, o diputados para nosotros, o yo no permitir tus elecciones’”.

Así se expresaba el presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), el doctor en Teoría Política por la Universidad de Turín, en Italia, Lorenzo Córdova Vianello. La conversación ocurría, tras un encuentro con representantes indígenas en abril de 2015.

Su interlocutor, el licenciado en filosofía Edmundo Jacobo Molina -secretario general del mismo instituto- ni siquiera se inmutaba por la forma que Córdova denigraba y se mofaba de las autoridades indígenas.

¿De qué les sirve a los conservadores estudiar en el extranjero o ser investigadores en reconocidas universidades, si no pueden mostrar un mínimo de decencia y respeto por la dignidad humana?

En una nación pluricultural y diversa como es México, no deberían caber semejantes expresiones, mucho menos cuando estas vienen del consejero presidente, de un órgano encargado de organizar las “elecciones de todas y todos”. ¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando a los intolerantes?

A pesar de que este año celebramos el bicentenario de la consumación de la lucha de independencia, muchas y muchos mexicanos, siguen ignorando el papel trascendental de los pueblos originarios en la conformación de esta gran nación.

Persiste en algunas élites políticas, un discurso que glorifica al indígena de bronce, pero que denigra a los indígenas de carne y hueso. Mientras en lo público se presume el respeto a los derechos humanos y a las minorías, en lo privado, se insulta y se desprecia a quien se considera inferior.

El hartazgo de esas conductas hipócritas y de doble moral, provocó un tsunami electoral, que en 2018 eligió a un gobierno del cambio verdadero. Confío en que en 2021 la historia no será distinta, las rémoras del pasado habrán de consumarse finalmente.

Desde sus inicios y hasta ahora, el presidente López Obrador ha mantenido siempre una actitud respetuosa de los derechos de los pueblos indígenas. En todo momento se ha reconocido la libre determinación de los pueblos y de las comunidades indígenas.

El discurso de la 4T es auténtico, humanista y congruente con la realidad. Por eso es que el día de ayer, AMLO se comprometió a hacerle justicia al pueblo Yaqui. Lo anterior incluye la restitución de sus tierras y la garantía de acceso al agua del río que lleva su nombre.

Entre otras afrentas, los yaquis debieron sobrevivir a una guerra desigual contra el ejército porfirista principios del siglo XX, también, la deportación de su pueblo hacia el sureste mexicano y, de manera sistemática desde 1890, el despojo de sus tierras.

Los gobiernos postrevolucionarios no resolvieron sus exigencias y fue hasta el gobierno del general Lázaro Cárdenas, que se les restituyeron sus propiedades en el conocido Valle del Yaqui.

Hoy, a más de 60 años de distancia, Andrés Manuel ha acordado el resarcimiento de las tierras del pueblo Yaqui, en respecto al decreto emitido por Cárdenas en 1940. Justicia con dignidad.

En las visiones neoliberales y conservadoras, los pueblos indígenas, los grupos vulnerables y los más pobres, sólo han servido para alimentar un discurso vacío y hueco. ¿Hasta cuándo pretenderán engañar al pueblo de México?

P.D. Morena cumple, por eso ha donado los primeros 50 millones de pesos en beneficio de la salud del pueblo de México.