Opinion

Los sedientos nogales en el rojo del agua potable

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GPS / Dominical

domingo, 24 abril 2022 | 05:00

Entre los kilómetros 50 y 60 de la carretera Chihuahua-Juárez se puede observar cómo se está desarrollando una nueva plantación de nogales, cientos de arbolitos; no, miles de árboles, en una extensión que bien puede ser de dos kilómetros de largo por uno o uno y medio de ancho.

Ahí en esa nuevísima nogalera, están plantados aproximadamente 100 árboles por hectárea que, multiplicados por 200 hectáreas (dos kilómetros de largo por uno de ancho, conservadoramente), hablamos de 20 mil árboles que consumen 24 millones de litros de agua diarios entre los meses de marzo y septiembre en un ciclo normal.

Esa agua no llega por temporal ni por presas, sino del subsuelo, a 800 ó mil metros de profundidad, de donde es extraída por bombeo y distribuida a los sedientos nogales, que requieren el vital líquido para producir uno de los orgullos de Chihuahua, la nuez pecanera, que es exportada principalmente a los Estados Unidos donde tiene una muy grande demanda por su calidad.

La nueva nogalera es sólo una de decenas que existen por la zona y que en los próximos años bien podrían llegar casi a la colindancia con el municipio de Ahumada, aprovechando la supuesta riqueza de los acuíferos subterráneos, que hoy, desde hace varios años, continúan sufriendo una crisis de recarga que los coloca en un serio color rojo de alerta.

Independientemente del negocio que es, los cientos de millones de dólares en divisas que a nivel local y nacional trae para la región –con todos los cuestionamientos que ello pudiera tener- y del emprendedurismo que implica por parte de sus dueños, muchos de ellos esforzados, que tienen que enfrentar trabas burocráticas, extorsión y hasta robos de nuez, existe una situación delicada en materia del agua.

Muchos de los pozos son viejos y por tanto tienen autorizaciones de décadas, pero los hay que son muy recientes, arrancados en el mar de opacidad con la que se maneja la Comisión Nacional del Agua, que, pese a la veda de libre alumbramiento de pozos, sigue otorgando concesiones o haciéndose de la vista gorda. Muchas de esas licencias serán legales, pero otras sólo lo aparentan.

No puede haber otra explicación al cúmulo de extracción de agua detectada en los últimos años y que pone en riesgo el abasto para fines de consumo humano a esta ciudad y a las poblaciones que se encuentran rodeadas por esta producción agrícola que demanda las mayores cantidades del vital líquido.

Delicias, Camargo, Jiménez y decenas de poblados, donde el consumo de agua es casi en un 100 por ciento derivado a esta plantación costosísima, cuyo producto participa en uno de los mercados más competidos a nivel internacional.

Nada menos son la Unión Americana y China, los países líderes a nivel internacional en producción, basados en procesos de alta tecnología para abatir costos y mejorar el aprovechamiento del agua, que desafortunadamente en nuestro caso aún se encuentra en pañales.

Entre los nogales de muchas de esas granjas vemos el agua rodada, con la gran pérdida que eso significa, en hectómetros del líquido que se evapora a la atmósfera, en la práctica tirado, porque no es aprovechado de manera adecuada.

Esa tecnología que pudiera redundar en un uso más inteligente del agua aún no llega a muchas de estas grandes extensiones de nogal, ni llegará por el tamaño de inversión, la ausencia de apoyos oficiales y el negociazo de corrupción que subyace en todo este entramado a nivel federal y estatal.

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En el pasado inmediato sólo vimos polarización innecesaria en el conflicto por el agua, lejos de propuestas serias o acciones concretas a corto, mediano y largo plazo, por ejemplo, para mejoras en el aprovechamiento del agua para uso agrícola.

No hubo ánimos serenos para plantear proyectos de tecnología que mejoraran la producción agrícola, ni para el agua extraída de las presas, ni de los mantos acuíferos, es decir, de las aguas subterráneas.

Fueron tan extremas las posturas que hubo plantones violentos, reacciones de autoridad con detenciones arbitrarias, y aún más una joven madre asesinada y su esposo con daños irreversibles provocados por la Guardia Nacional.

El exgobernador Javier Corral se sumó a las declaraciones del delegado de programas federales, Juan Carlos Loera, entonces candidato a la gubernatura, y del mismo presidente de la República, que acusaba casi de delincuentes a los agricultores y pequeños propietarios.

Esas declaraciones aún hoy siguen produciéndose, no sólo por el aún delegado Juan Carlos Loera, sino por otros actores morenistas, como el diputado local Benjamín Carrera, sin que se ofrezcan opciones o acciones concretas para corregir de fondo el tema.

La Conagua y su homóloga a nivel estatal, la Junta Central de Aguas y Saneamiento, siguen siendo actores pasivos cuando les conviene en este tema, en un contexto que exige su intervención regulatoria, desterrando las prácticas burocráticas que obstruyen los trámites y sólo propician corrupción.

La intervención de Corral, por ejemplo, fue proteger a El Barzón en sus incursiones violentas en propiedades de la comunidad LeBaron, donde se acusa hay pozos ilegalmente funcionando sin permisos o con autorizaciones judiciales dudosas.

Cero acciones de fondo.

Hay un plan hídrico regido por un Consejo Estatal, que desafortunadamente es letra muerta desde su nacimiento hasta la fecha, cuando el contexto es gravísimo.

Tenemos la imagen del Sistema de Información Geográfica de Acuíferos y Cuencas, se supone actualizado hasta el día de hoy. Recorre sobre el mapa territorial del Estado, desde Parral hasta Nuevo Casas Grandes y Juárez, pasando por Jiménez, Camargo, Delicias, Chihuahua y otros municipios más, un color rojo que significa el nivel más bajo de disponibilidad de agua subterránea.

Son esos acuíferos en color rojo los identificados como Jiménez-Camargo, Valle de Zaragoza, Meoqui-Delicias, Aldama-San Diego, Chihuahua-Sacramento, El Sauz-Encinillas, Santa Clara, Baja Babícora, Flores Magón-Villa Ahumada, Buenaventura, Casas Grandes, Janos, Ascensión, Palomas-Guadalupe Victoria, Samalayuca y Valle de Juárez.

Alrededor de estos acuíferos hay una tonalidad amarillenta, verde tenue, y por excepción, un azul. Son los niveles 2, 3 y 4 en que se encuentran esos acuíferos, con una mejor condición que los coloreados en rojo, donde precisamente se encuentran las casi 80 mil hectáreas de nogal con que cuenta nuestra entidad, chupando lo poco de agua que hay.

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La falta de oficio político durante los últimos años tanto a nivel estatal como federal es hoy oportunidad para tender lazos que resuelvan el gravísimo problema que ya se vive y que podría agudizarse en el mediano y largo plazo.

El fantasma del conflicto por el agua aún recorre nuestra entidad.

Hemos hablado de las nogaleras, pero están las zonas donde las comunidades menonitas y mormonas realizan una explotación intensiva de los acuíferos. Intentar la vía policial, con denuncias penales, como ya trató con pésimos resultados el anterior titular de la Junta Central de Aguas, Roberto “El Pony” Lara, sólo es una parte, por cierto, muy mal operada.

Tendría que haber acuerdos, implementar la visión a largo plazo establecida en el hasta hoy inútil plan hídrico, en donde se sienten los principales actores antes de que reviente el tema como está ocurriendo en Nuevo León, con las intensas secas y el cumplimiento que viene del Tratado Internacional de Aguas, cuyo fin de quinquenio se aproxima, lenta pero fatalmente.

Las interrogantes están ahí. ¿Cómo pudieron obtener los permisos de explotación de agua muchas de esas nogaleras y pequeños productores?, una parte de ellos en condiciones tecnológicas de producción que propician aún más el derroche.

Hay responsabilidad legal de las autoridades federales que autorizan esos permisos para pozos y hay responsabilidad política de las autoridades del municipio y estatales, que deben parar antenas.  .