Opinion

Luz y vida en la Sierra Tarahumara

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Juan Carlos Loera de la Rosa

domingo, 17 mayo 2020 | 05:00

En Humariza, conocí a Don Crizóforo (así con z), un campesino indígena al igual que casi la totalidad de los habitantes de dicha comunidad localizada a una hora de terracería, sierra adentro de su cabecera municipal Nonoava, en la Sierra Tarahumara, un lugar en el cual anteriormente rara vez hacían presencia los funcionarios de gobierno. Crizóforo ha dividido su humilde finca para convertirla en tres cálidas viviendas, dándole así espacio a sus hijas y yernos, pero también hospedando a su suegra que ronda los 90 años.

En su hogar, a pesar de las carencias, se respira armonía y ese calor que solamente puede emanar de una familia unida. Y es que no sólo comparten el espacio, Crizóforo también les ha compartido a sus yernos parte de las cuatro hectáreas cultivables que posee y que ha dedicado para la siembra de maíz y frijol, lo que le ha ayudado a subsistir durante toda su vida, así como algunas vacas que eventualmente utilizan para alguna celebración y que también servirán para complementar la alimentación de la familia.

Crizóforo es, al igual que otros 13 mil 800 campesinos de pueblos originarios -también algunas mujeres, entre ellas beneficiarias del Programa para el Bienestar Indígena, tutor de uno de sus yernos, que tiene veintiún años y es becario de Jóvenes Construyendo el Futuro en su componente de producción indígena.

La combinación de estos programas tiene por objetivo crear condiciones de bienestar en los lugares que permanecieron ignorados, relegados y, yo diría, casi invisibles para los gobiernos anteriores; estos programas tienen como objetivo mantener y recuperar la población en las comunidades rurales, principalmente en los pueblos originarios que, según datos de los últimos censos ( 2010 y 2015), tuvieron un decrecimiento demográfico de 6.7 por ciento.

Mantener o recuperar la población en sus lugares de origen, ofreciendo alternativas, tiene un sentido mucho más amplio que el económico. Como lo ha dicho Andrés Manuel, se trata de fortalecer los valores morales y culturales que le dan luz y vida al espíritu mexicano. Desde luego que este legado cultural de los pueblos originarios es la piedra angular en nuestro carácter, personalidad e identidad chihuahuense; sin dicha herencia, seguramente luciría débil, hueco, carente de la historia y tradiciones que le dan sabor y brillo a nuestra mexicanidad, característica esencial de los pueblos indígenas pueden tener. Recordemos que tenemos una gran deuda, añeja, con las comunidades Rarámuri, Pima, Tepehuana del Norte y Guarojíos. Es urgente superar la oprobiosa invasión del mestizo ambicioso y depredador que por tantos años convirtió en costumbre la exclusión, discriminación, explotación y desplazamiento de los auténticos dueños del territorio serrano de Chihuahua.

En lo que va del gobierno de la Cuarta Transformación existen evidencias que permiten visualizar los avances con la aplicación, de forma integral, de los diferentes programas de Bienestar y que desde el primer momento del gobierno de López Obrador se dio a conocer el Programa Nacional de los Pueblos Indígenas 2018-2024, que fue diseñado con el corazón en la mano por un hombre que entiende casi a la perfección los problemas de los pueblos,  su riqueza y potencial, que ahora genera un escenario y una cultura de reivindicación nunca antes vista.

La propuesta es contundente, no hay forma de eludirla, a las comunidades indígenas debemos asegurarles el aprovechamiento sustentable de sus tierras, territorios y recursos naturales; para ello, debemos continuar fomentando fuertemente el desarrollo con una gran política de bienestar que le asegure a los adultos mayores, a las personas con discapacidad, a niños y niñas, hijos de madres trabajadoras, estudiantes y a los productores del campo un reparto justo de los beneficios que la riqueza de la Sierra Tarahumara ha producido. Cito, por ejemplo, el agua de la lluvia que se genera en su territorio, cuyos beneficios se extienden río abajo generalmente a grandes productores y terratenientes a quienes lo menos que les hace falta es el dinero y el agua, por supuesto. También la madera explotada de la Sierra Tarahumara ha enriquecido enormemente a unos cuantos consorcios, dueños del negocio maderero, pero que ahora lo comparten con el crimen organizado que lastimosamente no ha tenido piedad, principalmente en el área de San Juanito donde no solamente no se respeta el equilibrio ecológico, también han perdido el respeto por la vida humana.

Para darle dirección, sobre todo en estos momentos de crisis a la política social,  es indispensable la presencia permanente del gobierno en el territorio, no podemos darnos el lujo de fallar, todos los tiros deben de ser con la mayor precisión, debemos estar seguros de que a todos los sujetos de derecho se les cumpla cabal y eficazmente; por eso me encontré con don Crizóforo, de quien, mi estimado lector, le he ocultado su verdadero nombre, se llama Crisóforo (con s) y al cual en trámites entre el Registro Civil y el Instituto Nacional,  intentando corregir el yerro ortográfico, terminaron con otro aún peor, le cambiaron su fecha de nacimiento haciéndolo cinco años más joven, ahora según el INE tiene 63 años, no 68, lo cual lo deja fuera de la pensión para el Bienestar del Adulto Mayor.

Hago mención de manera particular de este asunto para ejemplificar lo que estamos haciendo en el Plan Integral de Atención a la Sierra Tarahumara, peinar todo el territorio casa por casa para asegurar que no haya obstáculos que interfieran con la aplicación de los derechos, ya que solo conociendo esos obstáculos podemos hacerlos a un lado nuevamente, con el incansable apoyo de los Servidores de la Nación, ahora un equipo ampliado con mucha mayor experiencia y con más herramientas que las de hace un año y medio. Ellos continuarán peinando 19 municipios con población originaria para identificar casos como el de Crisóforo y romper esa inercia de errores. En segundo lugar, para identificar las necesidades de la comunidad en lo que se refiere a salud, educación, servicios públicos, etc., pero también brindar atención a las personas con alguna discapacidad y en condición vulnerable de salud, a quienes debemos asegurarles al menos los elementos básicos de atención.

No se trata de que los  programas de Bienestar puedan con todo, pero es que en la mayoría de las ocasiones la solución a cierto tipo de problemas está en el conocimiento de ellos y al alcance de poder gestionar su ayuda. Cito otro ejemplo, en Humariza existe también una clínica rural del IMSS Bienestar que no ha sido entregada para su operación al médico y a la enfermera que atienden a la comunidad, porque el constructor la dejó inconclusa durante la etapa de la boyante corrupción.

Gracias a que hemos estado allí, pudimos identificar el problema y pronto estará funcionando.

Durante nuestro recorrido por las comunidades en donde estamos capacitando a los brigadistas y también a Jóvenes Construyendo el Futuro, hemos constatado la gran importancia del programa La escuela es nuestra; estuvimos en Terreros, municipio de Guadalupe y Calvo, en la escuela primaria Emilio Carranza, donde tres mujeres están a cargo de la administración y ejecución de las obras de mejoramiento para el plantel al que asisten sus hijos con recursos que fueron entregados de manera directa, sin intermediarios y sin corrupción. Ellas han invitado a otros padres para que, bajo contrato, sean ellos quienes ejecuten las obras.

Seguramente esto no tiene muy contentos a unos cuantos que antes se beneficiaban millonariamente con la adjudicación, casi en su totalidad, del presupuesto destinado a la mejora de escuelas. Ahora es al revés, se ejecutan los programas con la participación de muchos para que haya una verdadera distribución del empleo y del presupuesto. Ya en la cabecera municipal de Guadalupe y Calvo nos reencontramos con la Universidad del Bienestar Benito Juárez, cuya construcción presenta un avance muy importante, se espera que en julio quede concluida esta obra que le ha dado empleo a cincuenta familias de dicho municipio y que será la sede permanente de un modelo de educación superior con un profundo sentido comunitario.

Con el Plan Integral de Atención a la Sierra Tarahumara se están vinculando los diferentes esfuerzos de todas las dependencias del gobierno federal para lograr Bienestar para todos, pero, sobre todo, un gran equipo humano se mantendrá alejado del escritorio y cercano a la gente, siempre tomando en cuenta que, por el bien de todos, primero los pobres. Recordando a Galeano, que bueno que existen las utopías, que nos permiten estar en constante movimiento y seguir caminando para lograr la felicidad de todo el Pueblo.