Opinion
Periscopio

Medio ambiente: medición, conciencia y acción

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Armando Sepúlveda Sáenz

miércoles, 21 julio 2021 | 05:00

Para nadie pasa inadvertido que para transformar una realidad se requiere del conocimiento de la situación, su valoración, y la voluntad de incidir en la situación definida. El conocimiento claro sobre una realidad es lo que reconocemos como conciencia. Asumir la realidad de un problema es el fundamento de la voluntad de incidir en ella. Y al conocimiento relevante solo se accede a través de la información objetiva, pertinente, accesible y suficiente. El cometido de brindar esta información le compete a los sistemas de información. Estos, cuando son públicos, están establecidos conforme normas internacionales e implican conocimientos disciplinarios especializados. Quienes recaban la información y la procesan, tienen la condición de expertos. Uno de los subproductos de los sistemas de información son los llamados indicadores, que facilitan la comprensión de los objetos de conocimiento, en diversas dimensiones. 

Las situaciones medio ambientales, además de los procesos naturales, presentan modificaciones por los agentes humanos. En esta oportunidad se hace referencia a los indicadores denominados huellas humanas.

Estas son las llamadas Huella Hídrica, Huella de Carbono y Huella Ecológica. En este espacio ya se han analizado mediante las medidas tradicionales la huella hídrica. Por otra parte, se hace distinción de la Huella de Carbono con fines de exposición. Normativamente se le incluye en la Huella Ecológica (Véase Sistema Nacional de Indicadores Ambientales (SNIA) SEMARNAT). Todas dan cuenta de la situación del medio ambiente, que si bien parecen independientes todas convergen en la determinación del medio ambiente; en realidad están correlacionadas. Su objetivo es proporcionar conocimiento relevante para incidir positivamente en el medio ambiente en la lucha por un mundo más sostenible y enfrentar el cambio climático. 

Las “huellas”, miden variables diferentes, sin embargo, como indicadores conducen a tomar decisiones complementarias. En última instancia, algunos usos que producen contaminación están relacionados con el consumo de agua, su volumen, la emisión de CO2, o con el impacto ecológico. Por consiguiente, se pueden asumir tanto de modo individual, como considerarlas dentro de una visión integral. Los indicadores son generales y particulares, se adaptan a un país, una localidad o región, o a una empresa, o a todos los individuos. La Huella Hídrica de un producto se define a partir del volumen de agua consumido tanto de forma directa como de forma indirecta para su producción. Por tanto, se tiene en cuenta tanto las fuentes acuáticas subterráneas, como las superficiales y toda el agua que se ha empleado para la producción y distribución de un producto. 

El Indicador señala que el agua que gastamos no es solamente la que ocupamos para preparar los alimentos, beber o bañarnos, sino también asumir que todo aquello que consumimos requiere de agua para su producción. 

La Huella de Carbono es un indicador a través del cual se mide la producción de gases de efecto invernadero. Estos se producen por actividades como la producción de energía, quema de combustibles, o por la generación de metano (industrial o animal). De aquí se deriva que el impacto sobre el medio ambiente se mide en toneladas de dióxido de carbono. Esta medición o indicador de la huella de carbono tiene como objetivo el llegar tanto a individuos particulares como a empresas o gobiernos. Conciencian de la necesidad de políticas de uso que potencien la reducción de los niveles de contaminación en el proceso de producción y de consumo. 

La Huella Ecológica es un indicador que sirve para medir, estimar y evaluar el impacto que sobre el medio ambiente producen las actividades que realizamos teniendo en cuenta los contextos específicos y las condiciones particulares. El objetivo es mostrar las necesidades humanas y compararlas con lo que el planeta es capaz de proveer. Sin embargo, no hay que olvidar que se debe tener en cuenta su capacidad para luego poder regenerarlo. Porque la naturaleza, en toda su extensión, proporciona al ser humano los recursos necesarios para poder vivir. Sin embargo, en la actualidad sobrepasamos ampliamente los límites de los recursos y su capacidad para renovarse. Aquí es pertinente hacer una precisión.  La huella ecológica por sí sola, es insuficiente para dar una medida del daño sufrido por el medio ambiente, por ello, la Huella Ecológica “se contrasta con la biocapacidad de los ecosistemas naturales y manejados de un territorio, es decir, del área biológicamente productiva de tierras agrícolas, ecosistemas y zonas pesqueras”. Se considera que existe un “crédito ecológico” cuando la huella ecológica no excede la biocapacidad; en contraste, se considera que existe una “deuda” o “déficit ecológico” cuando la Huella calculada es mayor que su biocapacidad.  Tanto la biocapacidad como la Huella Ecológica se dimensionan en “hectáreas globales” (Para estas precisiones véase el Informe de la Situación del Medio Ambiente en México, edición 2018. Semarnat. México. 2019). 

Amén de las mediciones, hoy son evidentes para cualquiera, los daños al medio ambiente y al sistema ecológico. El conocimiento del estado de las variables ambientales permite a los agentes activos en su degradación tomar conciencia de su rol y reflexionar sobre las acciones que se deben efectuar para resarcir el daño y contribuir a la sustentabilidad del ecosistema.