Opinion
Hablando y escribiendo

Mejor Emilio García que Aparicio y Peniche juntos

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Ernesto Avilés Mercado

domingo, 31 mayo 2020 | 05:00

Cuando se planteó la posibilidad real de que alguien como Javier Corral pudiera alcanzar la gubernatura del Estado, numerosas voces se alzaron en apoyo a la propuesta, porque representaba en teoría, el lado opuesto de la moneda, la antítesis, lo contrario, casi el otro extremo, de lo que se venía acumulando con el gobierno de César Duarte: Corrupción, opacidad, gobierno de una sola persona, decisiones institucionales que beneficiaban a grupos de poder, cuota política para cargos de gobierno, un poder omnímodo, con control sobre los poderes Legislativo y Judicial, además de una soberbia exacerbada.

Javier el panista rebelde, el que se había forjado en el Congreso de la Unión, quien ejercía a plenitud el fuero constitucional y quien además de escoger sus propios debates, rompía la regla institucional de su partido, haciendo señalamientos en contra de los dos ex presidentes surgidos del PAN Vicente Fox y Felipe Calderón, quien también mantenía la bandera de la no corrupción como su estandarte de lucha y convicción política, además de que se había incorporado a Unión Ciudadana, organización política local encabezada por Jaime García Chávez, quien había denunciado ante la justicia federal a César Duarte y Jaime Herrera Corral, no tenía pierde, tendría todo para convertirse en el mejor gobernador que hubiere tenido el estado grande del país.

A poco más de un año de terminar su administración de 5 años, Javier Corral he demostrado que su capacidad solamente le alcanzaba para estar dentro del Congreso de la Unión como diputado o senador, pero nada más.

Sin antecedentes para administrar poder, recursos y una estructura gubernamental integrada también por intereses de diversa índole, tampoco pudo conciliar o anteponer prioritariamente los legítimos intereses de sus gobernados, entregando espacios de poder a quienes, sí sabían de control de masas, de aprovechar para sí o su grupo de apoyo, pero jamás para la ciudadanía.

Su formación topetera, le exigía estar en permanente conflicto con el presidente en turno, acción que puntualmente cumplió con López Obrador, no sin antes iniciar una lucha de declaraciones con Peña Nieto y denuncias de por medio que como siempre atrajo la atención de todo el país.

Lo que se había iniciado bien, con respecto al renglón de justicia, integrando carpetas de investigación y solicitando órdenes de aprehensión, fue cayendo en intentos fallidos por la incapacidad del gobernador para respetar la ley y el procedimiento, haciendo declaraciones de culpabilidad, cuando ni siquiera se había iniciado el procedimiento de acusación, colocando enormes espectaculares con la imagen de su antecesor y la leyendo de culpable y se busca, que fueron recogidos como oro puro para el ex gobernador, por atentar en contra de su presunción de inocencia.

La detención de Alejandro Gutiérrez la Coneja, fue el inicio de hostilidades con el Poder Judicial Federal y el aferramiento de Javier Corral, por ser agente investigador, fiscal general, asesor jurídico y juzgador, ante la complacencia del fiscal Peniche Espejel, que como anillo al dedo le cayeron los exabruptos del Gobernador, ya que siempre será más fácil acompañar su diarrea verbal (sic) que asumir su propia responsabilidad.

La llegada de Oscar Alberto Aparicio directamente de la policía federal, con antecedentes nefastos por donde anduvo, fue la recomendación que le hicieron al gobernador directamente de la institución, simplemente porque consideró que ningún chihuahuense podría con el cargo, cuando la experiencia dice que, al no haber arraigo, el comportamiento del fuereño es el de llenar sus bolsillos de dinero ilícito, ante la inminencia de despido en cualquier momento.

Mientras tanto, la Fiscalía ejercía acción penal en contra de los ex secretarios de Educación, y otros ex funcionarios, los peces gordos, se pasean por el extranjero y en el caso de Jaime Herrera Corral, ex secretario de Hacienda y señalado responsable en la denuncia presentada por Jaime García Chávez, y que había hecho suya Javier Corral, cuenta con escolta y vehículos oficiales a su disposición, gozando de enormes prebendas y sin haber sido obligado a devolver recurso alguno de su propio peculio, actuando solamente como testigo protegido, en contra de todos los detenidos del anterior sexenio.

En este marco estatal, la impunidad de los delitos nunca ha bajado del 98% en todo el Estado, los asesinatos de mujeres y jóvenes han formado parte de nuestra propia escenografía y los arreglos entre las bandas del crimen y la policía estatal y aun federal destacamentada en Chihuahua, han permitido que solamente algunos reciban los beneficios, mientras que los malos arreglos o los incumplimientos que se hacen cuando las circunstancias cambian, les cuesta la vida a muchos policías que son inocentes a estos arreglos.

A Emilio García Ruiz, le ha tocado la parte final de la pesadilla en Chihuahua.

Invitado por Javier Corral, no se habían presentado resultados de su actuar, cuando menos hasta que se renunció a Aparicio y los acuerdos que se había establecido con su equipo de trabajo quedaron sin materia, dejando a las bandas del crimen en total indefensión por parte de quienes los sustituyeron, que también es gente de García Ruiz; de ahí que se entiendan y hasta se justifiquen los últimos arrestos que se han presentado.

Sin embargo, una golondrina no hace primavera y las felicitaciones que Javier Corral le hiciera a Peniche, deberían ser encaminadas a admirar su buen gusto por la arquitectura de su nueva casa y no por su efectividad al frente de la Fiscalía.

Emilio García Ruiz está demostrando trabajo y eso es bueno, Peniche está demostrando lealtad y mansedumbre, por eso continúa siendo el preferido de palacio.