Opinion
Jaque Mate

Mexicanización

"Yo aceptaré totalmente los resultados de esta gran e histórica elección presidencial... si gano". Donald Trump

Sergio Sarmiento

jueves, 05 noviembre 2020 | 05:00

Ciudad de México.- La política de Estados Unidos se mexicaniza. En vísperas de la jornada electoral muchos comercios tapiaron sus escaparates y accesos para impedir actos de vandalismo. La noche del 3 de noviembre los estadounidenses se fueron a dormir sin saber quién sería el próximo presidente de la nación, mientras los candidatos presidenciales salían a hacer declaraciones antes de que hubiera resultados definitivos.

El demócrata Joe Biden fue cauteloso: "Pensamos que estamos en camino de ganar esta elección", dijo. El presidente Donald Trump respondió de forma mucho más agresiva, al grado que Twitter etiquetó su tuit como posiblemente engañoso: "Estamos arriba EN GRANDE, pero están tratando de ROBAR la elección. Nunca les dejaremos hacerlo. Los votos no se pueden emitir después de que cierran las Casillas". Más tarde, y a pesar de que era de madrugada y el público de televisión había disminuido radicalmente, anunció que recurriría a la Suprema Corte de Justicia para pedir que se frenara el conteo de los votos.

En México estamos acostumbrados a que las elecciones vengan acompañadas por amenazas de violencia y que los políticos den madruguetes, se autoproclamen ganadores, rechacen los resultados si no los favorecen, reclamen fraudes electorales inexistentes y judicialicen los procesos. En Estados Unidos estos comportamientos son relativamente nuevos, pero quizá nuestros vecinos tendrán que acostumbrarse. El fenómeno es consecuencia de una polarización extrema que Trump ha traído consigo.

En el momento de escribir este artículo todavía no hay claridad acerca de quién ganó la elección presidencial. Varios estados no han podido concluir su conteo, en parte porque hubo mucho más voto previo y por correo de lo habitual. Es falso que se hayan emitido sufragios después del cierre de casillas, pero las leyes disponen que los que se envían por correo deben ser contabilizados cuando el matasellos tenga una fecha a más tardar del día de la elección y se reciban en un período que varía en cada estado.

Trump está tratando de sembrar desconfianza en los votos por correo para tener el argumento del fraude en caso de perder la elección. Ayer se quejó de que en la noche del 3 de noviembre él encabezaba sólidamente los conteos en varios estados controlados por demócratas, pero las ventajas empezaron a "desaparecer mágicamente cuando se contaron las boletas sorpresa". No había, sin embargo, ninguna sorpresa: se sabía que muchos votos fueron enviados por correo y que la mayoría eran de electores demócratas, que no habían querido correr el riesgo de contagiarse en las filas de los centros de votación el día de la elección. Por eso Trump los ha tratado de descalificar.

El plan B de Trump en caso de ser derrotado en las urnas es llevar la contienda a la Suprema Corte. Su argumento es que los votos por correo son necesariamente fraudulentos, aunque no hay ningún indicio de ello. Hasta este momento los tribunales inferiores no le han dado la razón, pero por eso el presidente se apresuró a nombrar antes de la elección a una juez conservadora, Amy Comey Barrett, para reemplazar a la fallecida progresista Ruth Ginsburg y dejar en la Corte una mayoría conservadora de 6-3, que él siente lo respaldará en su esfuerzo por manipular el resultado de la elección.

La política en Estados Unidos se mexicaniza. Muchas de las conductas que durante tanto tiempo han manchado nuestros procesos electorales se manifiestan hoy en la Unión Americana. En esta visión de la política, por supuesto, lo importante no es competir, sino vencer.

Populismo

No sé cuál será el resultado final de la elección en la Unión Americana, pero queda claro que Trump no fue un fenómeno circunstancial en 2016. Cerca de la mitad de los estadounidenses comulgan con su populismo irracional.

Twitter: @SergioSarmiento