Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Mi querido y nostálgico barrio de “El Palomar”

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/ Fotografía del 22 de diciembre de 1922 donde aparecen los fundadores del barrio de El Palomar. De izquierda a derecha está: Fermín Piñón, Margarito Medina, Luis Murillo, Quico Márquez, Juan José Murillo, Ramón Serrano, Lupe Padilla, Faustino Piñón y Vicenta Medina (Foto: libro- “El Palomar” de Bárbara Piñón Murillo).
/ Era necesario empezar con el proyecto de canalización del río Chuvíscar y evitar desastres a la población, producto de los temporales lluviosos (Foto: INAH-Chihuahua).
/ Don Manuel Bernardo Aguirre, alcalde de la ciudad de Chihuahua en el periodo 1947-1950 (Foto: Galería de Alcaldes de la Ciudad de Chihuahua).

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 29 agosto 2021 | 05:00

(Segunda parte)

En la segunda parte de esta interesante crónica sobre el desarrollo de uno de los sectores más emblemáticos de la ciudad de Chihuahua y me refiero al barrio de “El Palomar” y recordando que uno de los vecinos de ese lugar al cual le llamaban de cariño “El Ronco”, sacaba su agosto ayudando a los vecinos a cruzar del barrio al Centro de la ciudad. Todas las personas que lo hacían estaban agradecidos con él, pues les evitaba que se quitaran algunas prendas de ropa para que no se mojaran con el agua del Chuviscar. Pero para resolver el problema de manera colectiva, todos los vecinos se reunían para tratar el asunto de la incomunicación que se tenía cuando el río llevaba agua.

 Aquí, don Anacleto Morales, Servando Ruiz y Anselmo Paredes, quienes dirigían la sesión, los que se propusieron a gestionar la construcción de un puente de madera, grande y resistente. Para ello los vecinos que estaban reunidos, levantaron la mano y democráticamente aceptaron que todos aportaran trabajo y algunos centavitos para el levantamiento del anhelado puente. Fue entonces que para el 12 de abril de 1926 las obras empezarían a ser una realidad, quedando en ese mismo año terminado el paso, por lo que se daría gracias a Dios por haber concluido y resuelto en parte el viacrucis para pasar de orilla a orilla.  El puente estaría localizado a la altura de la hoy calle 10ª y para que no fueran tan “gachos” con el Ronco, se le permitiría seguir ganándose algunos centavitos al ayudar a las señoras a llevar las compras del mercado hacia El Palomar. Sin duda, el tiempo pasaría y el puentecito que se había bautizado como “La Paloma”, en referencia a las miles de palomas que habitaban en las frágiles paredes de los barrancos y como se dijo antes, representaban un verdadero escenario natural.

Comenta don Epifanio González: “Paso el tiempo y un día se observaba en el horizonte que se levantaban densos nuberíos a eso del mediodía, lo que mi papá comentaba que iba llover muy fuerte por la tarde. Cuando el reloj de mi abuelo marcaba las 5 de la tarde, enormes nubes estaban sobre nuestras cabezas y de inmediato me ordenaron para que metiera a los animales en el pequeño establo que teníamos, además tuve que recoger la carne seca que mi madre había dejado en el tendedero. Al terminar de guardar todo, empezaron algunas descargas eléctricas, aquellas que les decían “Centellas” para pronto salir corriendo a esconderme y de repente se soltó el diluvio; las gotas de agua, tenían un diámetro bastante importante y junto con la fuerza de la granizada todo pintaba como un verdadero diluvio. Por la ventana, una que daba vista hacia el río Chuvíscar, pude observar que las corrientes empezaron a ser muy intensas que al cabo de 20 minutos, el río estaba fuera de control, empezando a inundar algunas casitas que se encontraban en frente del barrio del Palomar.

“La tragedia comenzó a ser evidente, pues las fuertes corrientes empezaron a llevarse animales, muebles y todo tipo de pertenencias. A lo lejos el puente que con mucho sacrificio habíamos construido, poco a poco estaba cediendo a las fuerzas de la naturaleza debido a los golpes de la corriente que al cabo de algunos minutos lo derribó, llevándose todos los materiales en medio de las furiosas aguas. Me solté llorando pues era el esfuerzo de mucha gente humilde para poder tener una forma de comunicación, sin embargo, a la naturaleza hay que tenerle mucho respeto pues el día de la tragedia se me quedó muy gravado, precisamente porque era día 21 de junio, día de San Juan en 1933. Las aguas llegaron a su cauce normal a los tres días después del diluvio.

“Era necesario que se levantara otro pues la gente necesitaba salir a trabajar y a vender sus mercancías, por supuesto de comprar algunas cosas a la ciudad de Chihuahua. Fue que de nueva cuenta todos nos pusimos las “pilas” para levantarlo y después de algunas semanas, el puente quedaría concluido. Pero la verdad nunca sabe uno cuando las tragedias se repetirán, fue que tres años más tarde (1936), un fenómeno meteorológico similar al de 1933 se presentaba de nueva cuenta en la ciudad, por lo que el puente en aquella ocasión tampoco resistió y las aguas embravecidas se llevarían los restos hacia el final del cauce, allá por el poblado del Pueblito (rumbo a Ojinaga) donde el Chuvíscar se une con el río Conchos. Después de recuperarnos del trago amargo, nuestro estado de ánimo empezó de nueva cuenta a llegar a su punto medio. No habría de otra y las actividades del trabajo tenía que seguir, algunas de nuestras partencias fueron arrastradas por los arroyuelos que crecieron de manera importante.

“Mi padre, nos convocaría a recoger todo lo que sirviera y ver a los animales que habíamos encerrado, por fortuna gallinas y puercos estaban bien, un poco mojados, pero bien. Creo que el Palomar representaba la vida misma de la nueva urbe chihuahuense, era el origen de aquello que había existido antes y que se llamó San Francisco de Cuellar, luego San Felipe el Real de Chihuahua; el Palomar en sí, es la historia misma de este terruño. Al paso de los años, se soltaría el rumor sobre un proyecto para canalizar el enorme trayecto del río Chuvíscar, sin embargo, se me comentaba que dicha canalización era un tema demasiado viejo para creer, pues recordaba que desde 1914 se pensaba en la necesidad de resolver los problemas que originaba el río, tanto en épocas de lluvias como por la contaminación de sus aguas negras, canalizándolo. La propuesta había sido de un amigo de mi abuelo cuyo nombre fue Zeferino González, un tipo muy activo y trabajador que tenía mucho interés de hacer gestiones para el mejoramiento de la ciudad”.

Don Zeferino proponía al H. Cabildo del Municipio de Chihuahua, que era una necesidad prioritaria que se canalizara el río Chuvíscar. “Pero la falta de dinero y el momento histórico que se vivía en aquellos tiempos con la Revolución Mexicana (1914), la propuesta se fue a la basura por lo que  pasaría el tiempo y no fue hasta 1944 siendo Gobernador del estado el ingeniero Fernando Foglio Miramontes, cuando se volvió a retomar el tema, pero ahora sí parecía en serio. Me acuerdo que don Bernardo Aguirre, alcalde de Chihuahua recibía a un emisario del Presidente Miguel Alemán para tratar el asunto de la canalización. Sin embargo la promesa quedó en eso, pero con una luz que podía dar paso a para que la zona fuera regenerada. Siguió la administración del licenciado Oscar Soto Máynez y el asunto estaba todavía en el tintero (1950-1955).

“Después el doctor Jesús Loya Solís (1955-1956) retomaría el proyecto para darle seguimiento, pero la desventaja es que solo estaba cubriendo un interinato por lo que todo esto se concretizó a la llegada de don Teófilo Borunda (1956-1962). Por fin la canalización del Chuvíscar estaba en puerta, la cual beneficiaría a toda la zona y en especial a nuestro querido barrio del Palomar. Todo empezó a cambiar, pues la canalización poco a poco transformaría radicalmente el paisaje de la zona y sobre todo de varias áreas como nuestro barrio, San Felipe Viejo y los Arquitos que siempre habíamos enfrentado el peligro de las fuertes corrientes de agua en épocas de lluvia y las intensas tolvaneras cuando la sequía dominaba el ambiente. Además estaba el barrio del “Puerto de San Pedro”, “Plan de Álamos”, “Santo Niño”, entre otros. Con la buena perspectiva que teníamos en el Palomar, observábamos que poco a poco estaba llegando la maquinaria y personal para iniciar con el ambicioso proyecto. Por cierto algunos de los vecinos del barrio se habían alistado para trabajar, entre ellos estaba mis tíos Juvencio y Fidencio, los que se dedicarían principalmente en las áreas de criba de materiales. Era todo un ejército que se observaba desde mi casa y que iban poco a poco consolidando la tan esperada canalización.

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. Mi Querido y Nostálgico Barrio de “El Palomar” forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) y Bodega de Libros o al WhatsApp 614-148-85-03 y con gusto lo atenderemos y sí se interesa, con gusto los llevamos a domicilio.

Fuentes

Archivo Histórico de la Ciudad de Chihuahua; profesor Rubén Beltrán Acosta, profesor Jesús Vargas Valdez y Jesús Carrejo (Antigua Paz), Litografías-Guadalupe Chavarría Grajeda y Pedro Irigoyen y fotos del libro: “El Palomar” de Bárbara Piñón Murillo.

violioscar@gmail.com