Opinion

Morena se aprieta

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Arturo García Portillo

viernes, 05 agosto 2022 | 05:00

De pena ajena fue el inicio del ejercicio de conformación de órganos directivos del Movimiento de Regeneración Nacional realizado el domingo pasado, en que eligieron integrantes de sus consejos estatales y nacional. El mismísimo Mandrake, el mago, se sonrojaría de vergüenza ante el catálogo de trucos y mañas que desplegaron las diferentes facciones para aniquilar o escaparse de ello. 

En esa ronda de gitanos ninguno se leyó las manos. Cada cuál recurrió al repertorio de que podía disponer. Dicho con precisión técnica, apostaron a sus respectivas fortalezas. Unos, los beneficiarios de programas sociales. Otros la adquisición de votantes disponible en el mercado, al mismo precio simpatizantes de un día que de larga data. Nada de perder el tiempo apelando a estorbos idealistas como el espíritu de la democracia, la justicia electoral, equidad en la competencia, certidumbre de las reglas. Como dicen que dijo Groucho Marx, “estos son mis principios; si no te gustan tengo otros”. Sabían a lo que iban. Perdió el menos cochino. 

Que aquello fue de esa manera y no una falsa imputación de alguien que se cobija en una tolda política de diferente coloratura, es sumamente fácil de verificar. El mismo diario La Jornada, que se considera aliado, si no es que vocero, del morenismo, daba cuenta de ello en su edición del lunes. En redes sociales circularon todo el día, videos provenientes de todo el país: pelitos de palabra y de golpes; goles con las manos y con sillas; dinero y promesas; acarreos en camiones urbanos y hasta en carretas. Acusaciones cruzadas: tu tramposo; pero tú más. La parte chihuahuense no fue menos bochornosa. Los medios de comunicación registraron gente con sobres de dinero, camiones que dejaban sus pasajes en las mismas puertas de la casilla sin recato alguno. Días antes escuchamos los esfuerzos de conseguir votantes a como dé lugar en sindicatos, líderes de colonias y hasta equipos de futbol. El delegado del Bienestar, Juan Carlos Loera de ningún modo disimuló sus críticas al neomorenismo blanquiazul que lidera el alcalde fronterizo Pérez Cuéllar. Este, más astuto, se cobijó en el secretario de Gobernación e ilustre corcholata, que llamó ratero al delegado. 

El gran público esto es lo que básicamente vio, pero es apenas una pequeña parte de un proceso más largo, oscuro e igualmente desaseado respecto de las de por sí muy bajas cotas democráticas con que se conducen. Me explico. El domingo se eligieron como dije integrantes de sus consejos estatales y nacional. Ellos a su vez, en teoría, elegirán a dirigentes estatales, y decidirán la postulación del candidato o candidata, presidencial. Pero lo que se cuidaron de no insistir mucho es que los aspirantes que fueron votados primero fueron escogidos de entre los más dóciles, dándose el lujo de vetar a quienes les incomodan. Un morenista conocido en el ambiente de Twitter, Gibrán Ramírez, fundador del partido y hasta hace poco defensor de sus liderazgos al nivel de callos en las rodillas, se quejó de que ni siquiera le permitieron registrarse para competir. 

En el otro extremo, en realidad se afanaron en vano porque las facultades que les dejaron para elegir dirigentes y candidatos son realmente pocas. Es un hecho que casi todo les vendrá resuelto, por otros métodos o bien la decisión del único voto que hoy por hoy realmente importa en esa formación partidaria, que es la del presidente López Obrador. 

Parte de problema de fondo, lo que causa este tipo de conductas, es que son heredadas. Lo tienen en su código genético. Históricamente, Morena es una mezcla bastante deforme de dos partidos políticos mexicanos. Se nutre de dos grandes afluentes partidarios casi en su totalidad, la vertiente perredista y la priista. Del perredismo toma la parte más ideologizada, la que revindica las ideas de izquierda, a la mexicana claro, es decir con muy poco que ver con la ilustración europea e incluso de países latinoamericanos. Son la mayoría de los primeros momentos, cuando tenían pocas expectativas de triunfo, y se llaman a sí mismo los auténticos. 

La otra, absolutamente pragmática, proviene de las especies que saltaron de barcos a punto de naufragar y lo hicieron solo cuando vieron oportunidad de subirse a otro con la bandera del poder, cuando el éxito ya les sonreía. Hay de otros partidos claro, pero igual no tienen una idea que proponer o sostener, salvo la personal sensación que les produce detentar el poder público, y usarlo casi siempre en su personal provecho. 

Poco sirve a la sociedad chihuahuense un partido que se aprieta, se cierra a ser solo una agencia de colocaciones u oficina de asuntos electorales del presidente, y no a ofrecer soluciones tangibles a las necesidades concretas de la gente. Un partido que se aprieta también hasta las proximidades del azabache, en la oscuridad, sin la luz de las ideas y las propuestas.