Opinion

Mujica: un ejemplo para todos

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Benito Abraham Orozco Andrade

martes, 09 febrero 2021 | 05:00

“Descanse en paz el respetable y apreciado Lic. Jorge Neaves Navarro, destacado abogado, notario público y catedrático universitario. Un abrazo solidario para su estimada familia”.

Hay personas de una grandeza notoria e irrefutable, que son dignos de respeto hasta de sus propios adversarios. Más que el cúmulo de sus conocimientos, es sobre todo es la sencillez y la humildad con la que se comportan ante sí mismos y ante los demás, lo que les caracteriza.

Pudiéramos pensar en un sinfín de hombres y mujeres que encuadran en la descripción anterior, ya sean personajes históricos y universales, o simplemente constreñidos o una población, colonia, barrio o familia, pero definitivamente no son unos cuantos, aunque tampoco muchos como quisiéramos.

Alguien que en los últimos años ha tenido una presencia destacada en el mundo, identificándole por su peculiar y sencilla manera de ver y vivir la vida, lo es José Alberto Mujica Cordano, mejor conocido como Pepe Mujica. Guerrillero y preso político por casi 15 años en su país Uruguay, ocupó diferentes cargos públicos hasta llegar a la Presidencia de la República del mencionado país sudamericano, de 2010 a 2015.

A diferencia de la gran mayoría -¿todos?- de quienes dirigen una nación, durante su mandato continuó viviendo en su humilde casa ubicada en la zona rural de Montevideo, de donde se trasladaba en su viejo vehículo Volkswagen (un “Vocho”). De su sueldo como presidente, destinaba casi el noventa por ciento para obras de caridad. En una ocasión sorprendió al empleado de una ferretería, cuando siendo presidente del país se le apersonó con el asiento de un sanitario quebrado, pues iba a comprar su reemplazo.

Su esposa, Lucía Topolansky, de una sencillez muy similar a la de Mujica y también con una respetable carrera política en la República Oriental de Uruguay, atinadamente refiere de su esposo: “la virtud que tenía su discurso, que llegaba desde lo que podía ser una ama de casa, un ciudadano de a pie, un peón de campo, hasta un empresario, un intelectual, un científico, tenía mucha ductilidad, y tenía un lenguaje muy simple para explicar cosas complejas y profundas. No era igual la característica de otros compañeros, hizo (sic), lo fue proyectando como un orador en primer término, como un comunicador de las ideas…” (El Pepe, una vida suprema, documental de Netflix).

Puede decirse que es imposible escuchar de alguien que se dedica a la política, la aceptación de sus fracasos. En una entrevista, Pepe Mujica hace ver que fracasó al no haber podido descentralizar la educación para darle un carácter local, sobre todo a la enseñanza técnica, de oficio. El propio entrevistador comenta que es extraño ver a un presidente de gobierno decir que fracasó. 

Cada palabra, cada discurso, cada gesto, desprenden una excelsa sabiduría de Mujica, quien, por cierto, al no haber concluido el nivel bachillerato, esto confirma que los estudios académicos no son una condición para ser mejor persona, con una mayor sabiduría. 

Entre sus múltiples discursos, llama la atención, por su gran profundidad, el que expresó en octubre pasado, cuando se retiró de la política, del cual me permitiré transcribir algunas partes (tomado de “Último discurso de Mujica como senador: ´La política es la lucha por la felicidad humana aunque suene a quimera”, www.lr21.com.uy, 20/oct/2020):

“…Quiero además agradecer a los colegas. Me voy porque me está echando la pandemia. Ser senador significa hablar con gente y hablar por todos lados. El partido no se juega en los despachos, y estoy amenazado por todos lados: por vejez y por padecer una enfermedad inmunológica crónica -si mañana aparece una vacuna yo no me puedo vacunar-.

“Han sido muy elogiosos, demasiado elogiosos. Yo tengo mi buena cantidad de defectos, soy pasional, pero en mi jardín hace décadas no cultivo el odio porque aprendí una dura lección que me enseñó la vida… que el odio termina estupidizando porque nos hace perder objetividad frente a las cosas.

“El odio es ciego como el amor pero el amor es creador y el odio destruye. Y una cosa es la pasión y otra cosa el cultivo del odio. 

“…Y finalmente, mucha gente nos ha dado el apoyo estos años, veintipico de años, y tengo que estar agradecido con ellos, los que deciden anónimos en el seno del pueblo. En política no hay sucesión, hay causas y los hombres y mujeres pasamos. Algunas causas sobreviven y se transforman porque lo único permanente es el cambio. La biología influye cambios pero también tiene que existir la actitud de cambio, de dar oportunidad a nuevas generaciones, ayudar a construir el porvenir ya que la vida se nos va y las causas quedan. 

“He pasado de todo en la vida. He estado seis meses atado con alambres con las manos en la espalda. Irme del cuerpo por no poder aguantar en un camión por estar dos días o tres encerrado. Estar dos años sin que me lleven a bañarme, y tener que bañarme con una taza de agua y un pañuelo. He pasado de todo. Pero no le tengo odio a nadie. Y les quiero transmitir a los jóvenes que hay que darle gracias a la vida, porque triunfar en la vida no es ganar sino que es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae”.

Somos muy dados a andar buscando el ejemplo de personas que poco o nada bueno tienen que aportar, como lo son algunos cantantes, los llamados “infuencers”, los políticos “astutos”, etc. Pero si en realidad queremos ejemplos positivos, de gran valía, pues ahí está el de Pepe Mujica.