Opinion

Museo del genocidio

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Gabriela Borunda

domingo, 03 octubre 2021 | 05:00

Un genocidio no se ve, es una ráfaga de metralla, son gritos que no fluyen sino en coágulos de sangre, es un militar que dispara a la cámara, es una mujer violada, es celda subterránea de una estación policiaca en el centro de la ciudad, son los propios luchadores sociales avalando estos crímenes, haciendo como que aquí no hay muertos, porque el silencio es bien pagado; y por la mañana las plazas, las calles sin manchas de sangre, ni cadáveres a la vista, sólo las mujeres buscando unos restos que enterrar.

No tengo dinero para construir un museo así que levanto este muro de palabras, no se escribe para olvidar, sino contra el olvido, el peligroso y corrosivo olvido. Hace algunos años mi esposo Edgar y yo pensamos en escribir una novela que fuera un museo, una descarada exhibición del genocidio que Felipe Calderón cometió contra los mexicanos, fueron tiempos duros. Recuerdo la primera matanza del sexenio de Calderón, fue durante una carrera de caballos en Namiquipa y el genocida no se detuvo hasta llegar a 121 663 muertos. Nada mal para un aprendiz de dictador.

2 de octubre no se olvida, no se puede olvidar que el ejército reportó 30 muertos y 54 heridos, que actualmente Amnistía Internacional habla de dos mil desaparecidos en los meses posteriores. No, yo no estuve en esa plaza, aún no había nacido, pero mi corazón se quedó ahí, y no puedo creer que mis alumnos, no sepan qué fue la segunda guerra mundial ni por ver una película de Spielberg, que no recuerden como la iglesia católica persiguió, torturo en pleno siglo XX a los maestros de las escuelas rurales, que en 1971 el grupo paramilitar, los halcones, atacó una marcha pacífica con palos de bo y luego siguieron a los heridos hasta los hospitales y los remataron frente a los asustados ojos de los médicos y las enfermeras, tan jóvenes como las víctimas y que esas masacres eran PRI marca registrada.

Amo a mis alumnos milenials y centenials, se reconocen entre sí, forman grupos, buscan nuevas y más creativas formas de enfrentar al poder, sacaron al PRI y al PAN de una sola patada, algo que los puros de izquierda jamás lograron, mis alumnos tienen miedo del futuro porque saben que no hay futuro, no hay  empleo, no hay territorio, no hay agua, pero se saben ellos mismos, sólo les pido que no olviden que el 2 de octubre de 1968 el presidente priísta Díaz Ordaz bajo el consejo de Luis Echeverría ordenó matar a todas las personas que se encontraban en la Plaza de las Tres Culturas en la Ciudad de México, y que la iglesia Franciscana frente a la plaza, jamás abrió sus puertas para cristiano refugio a las víctimas heridas.

Quiero que no olviden que el gobierno priísta de Luis Echeverría, en 1971, persiguió a las víctimas entrando a las salas de operaciones y disparando contra los heridos. Les pido que no olviden la larga lucha de los estudiantes de la UACH de 1971 y hasta el 73, se resolvió cuando del hoy edificio de la Secretaría de Cultura y en aquella época cuartel de guardias rurales, salió un pelotón de guardias rurales a disparar contra los edificios donde se guarecían los estudiantes universitarios.

Ustedes que fueron mis alumnos y ahora estudian en la UACH, nunca se han preguntado por qué la UACH es la única universidad en el mundo donde la rectoría no está dentro del campus universitario, porqué sobre la avenida Universidad hay una decorativa puerta de hierro. Los estudiantes eran tan vehementes en su lucha que el rector para no tener que verlos sacó la rectoría del campus y la colocó en lo que hoy es el poli fórum universitario, por su parte los estudiantes empujaron rejas y bardas que rodeaban la universidad, hasta que sólo quedó una reja en pie, los estudiantes tenían una premisa básica al derrumbar esos muros, la universidad jamás debe estar separada de la sociedad a la que sirve. Esa es la historia de nuestra universidad.

La matanza del 2 de octubre me toca de manera muy personal porque en mi mente atravesé ese infierno de balas de la mano del gran historiador chihuahuense Jesús Vargas, quien frente a un café me dio una vuelta por el infierno que el gobierno construyó para los estudiantes. Ya era el momento en que Jesús Vargas debía tomar la palabra y dirigirse a la multitud, en eso subió una bengala por el cielo, y Jesús Vargas se guardó sus palabras para que las oyeran las siguientes generaciones y empezó a correr para salvar su vida.

La huelga de la UACH me resulta también muy personal, apenas puedo imaginar a los estudiantes en huelga separados sólo unos metros de jardín del cuartel de los rurales, Jaime García Chávez, con su liderazgo natural,  trataba de mantener la calma y lograr un convenio justo para los estudiantes, lo único que logró fue ser un perseguido político que se retiró de la UACH con tal que ya no persiguieran a sus compañeros.

Pero dejen que los guíe por las salas de este museo del genocidio.

En Guerrero en 1960 el gobierno del estado reportó la muerte de más de 20 estudiantes, que intentaban derrocar al general Raúl Caballero Aburto, los estudiantes murieron después de que el general utilizara al ejército federal para callar la protesta de los inconformes, protesta realizada Chilpancingo.

Y otra vez Guerrero en  Aguas Blancas, el estado mexicano ordenó una  Masacre cometida por la policía del estado de Guerrero y planeada por Rubén Figueroa Alcocer. Agentes del agrupamiento motorizado de la policía guerrerense dispararon en contra de un grupo de miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS) que se dirigían a un mitin político que demandaba la liberación de Gilberto Romero Vázquez desaparecido un mes anterior, lo que resultó en 17 campesinos muertos y 21 heridos.

En 1997 en Acteal Chiapas, unos 45 indígenas tzotziles fueron asesinados mientras oraban en una iglesia, de las víctimas, 16 eran niños, niñas y adolescentes; 20 eran mujeres y nueve hombres adultos. Los responsables directos de la masacre fueron grupos paramilitares opuestos al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

En  San Fernando, Tamaulipas, en el 2010 un grupo criminal ejecutó a72 personas de la cuales 58 eran hombres y 14 mujeres, en su mayoría eran inmigrantes provenientes de Centro y Sudamérica. 

En el 2010, 15 jóvenes menores de edad muertos y otros tantos heridos, eran estudiantes del Colegio de Bachilleres de Chihuahua en Ciudad Juárez, se reunieron para celebrar el triunfo de un partido estudiantil de futbol, nadie sabe quién disparó.

En  Guerrero los estudiantes de la Escuela Rural Normal de Ayotzinapa, murieron a manos de la policía tras enfrentarse en una protesta. Los normalistas mantenían un bloqueo en la Autopista del Sol y pedían la destitución del director de la Normal Napoleón Anaya y se nombrara a Eugenio Hernández como nuevo al frente de la institución. La manifestación culminó además con 50 detenidos y heridos graves y desaparecidos.

En Tlataya, Edo. de México, la madrugada del 30 de junio del 2014 ocho militares mataron a sangre fría a 22 civiles, entre ellos dos adolescentes, que se habían rendido después de un enfrentamiento armado en el que habían muerto otras siete personas.

La noche del viernes 26 de septiembre del 2014 policías municipales de Iguala se llevaron vivos a estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa. Según las investigaciones fueron policías municipales coludidos con el cártel Guerreros Unidos los responsables del ataque lo que dejó un saldo de seis muertos, 25 heridos y 43 desaparecidos. La PGR imputa como autores intelectuales del caso a José Luis Abarca Velázquez, presidente municipal de Iguala, y a su esposa María de los Ángeles.

Somos muchos los que hemos elegido no olvidar, y así como otros tienen cuadernos y libros con sus cantantes y actores preferidos, yo, desde niña tengo una caja con recortes de periódico, entrevistas, fotografías de rostros que jamás volverán, es mi museo del genocidio, ahí está también la foto de Miroslava Breach, por favor, no olviden.