Opinion

Nadie frena la Cuarta Transformación

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Juan Carlos Loera de la Rosa

domingo, 17 julio 2022 | 05:00

Hace quince días se cumplieron cuatro años de que la nación se cubrió de gloria con el triunfo histórico de Andrés Manuel López Obrador.

El largo y sinuoso camino nos ha dado una lectura real del sistema político que todavía se resiste a morir en México. 

A la mitad de nuestro gobierno no podemos hacer un balance sin voltear las raíces de nuestra causa, a la esencia de Morena y de todas y todos quienes han depositado la esperanza de un México más justo, más equitativo, que voltee a los que menos tienen, a los que ni siquiera esperaban lo que en justicia les correspondía.

No podemos hablar de una transformación sin mantenernos leales a los principios de justicia y libertad; dos palabras tan simples, tan bellas y sonoras que en los años sesenta y setenta camaradas demandaban en su sentido más pleno:

• Justicia para campesinas y campesinos que por siglos padecieron robo, despojo y expulsión de sus tierras.

• Justicia para la población trabajadora con sueldos de hambre, a quienes se les regateaba derechos y prestaciones inscritos en nuestra Constitución.

• Libertad de los caciques y líderes charros que asfixiaban la vida sindical.

• Libertad para estudiantes, que conscientes de la pobreza de México y el autoritarismo imperante en todas las instituciones públicas reclamaban el respeto a la libertad de pensamiento, de cátedra, de prensa, para organizarse y manifestar libremente sus ideas.

• Libertad para que organizaciones y partidos no reconocidos tuvieran oportunidad de participar en procesos electorales democráticos, donde el voto se respetara sagradamente.

Y casi al cierre de aquellos años, que tanta sangre y dolor dejaran en las familias de muchos de nuestros compañeros, la vanguardia de aquella heroica izquierda, sumándose al emergente movimiento libertario, empezaba a reconocerse en los movimientos feministas y del bien llamado orgullo homosexual.

Cómo olvidar la mano autoritaria y represiva de Estado en Tlatelolco, el 10 de junio y sangre derramada durante la “guerra sucia”. Cómo borrar de la memoria colectiva cuatro décadas que dejaron como frutos amargos los fraudes de 1988, 2006 y 2012.

Una anécdota oportuna nos evocará el sentido real y los alcances de la llamada transición a la democracia.

En diciembre de 1987 en una conferencia de Monseñor Sergio Méndez Arceo, en las aulas de una de nuestras universidades públicas, al término de su charla, el Dr. Víctor Manuel Oropeza, con aquella voz tan clara y sonora que lo caracterizaba, con cierta retórica le cuestionó:

“¿Dónde estaba Méndez Arceo, cuando en el verano de 1986, aquí en Chihuahua luchábamos, arriesgando nuestra vida por la democracia?”.

Monseñor, con extrema brevedad le respondió:

¡No recuerdo que en esas batallas hubiera un proyecto popular y a mí me interesan las luchas de los más pobres!

Con sus palabras aquel Obispo, probo y sabio, nos revelaba muy temprano lo que después vivimos en carne propia. La transición a la democracia, tan celebrada por los politólogos e intelectuales de moda, era un proyecto vacío; que muy pronto serviría de alfombra al horror económico que todos, pero especialmente los más pobres y vulnerables padecieron, durante los gobiernos de la transición neoliberal.

En realidad, esa jugada de perdernos en esas batallas por la defensa del voto era un distractor, oxígeno puro para alargar la vida de un régimen social y económico, sustentado en la corrupción y las peores expresiones de un capitalismo sin límites.

Contra la voluntad de las oligarquías, los caciques y la impotencia e hipocresía de órganos y autoridades electorales, registramos avances en prácticamente todos los frentes, lo que nos permitió conquistar la Presidencia de la República, la mayoría en ambas cámaras, gobernar en 22 estados de la República y tener la mayoría en 21 congresos locales. Morena dirige hoy cientos de alcaldías en todas las regiones de México.  

Nunca en la historia de nuestro país, un partido había enfrentado y derrotado en las urnas a los poderes establecidos, tampoco se había registrado un progreso tan acelerado como el que hoy vive Morena.

Desde 2018 prometimos que primero estaban los pobres, que a nadie dejaríamos atrás y a nadie afuera, y estamos cumpliendo a cabalidad.

Los valores fundamentales de la 4T y dos estrategias de gobierno han hecho la diferencia, consiguiendo que México se encamine a una gran transformación política, económica y social.

De los valores habla un gobierno que ha hecho todo lo necesario para que todos los servidores públicos actúen con honradez y honestidad. Contra todos los vaticinios y los deseos de las críticas interesadas, nuestro país ya tiene otro rostro más amable para todas las personas vulnerables.

La primera estrategia busca elevar el bienestar de quienes pertenecen o se identifican con los pueblos originarios, con las comunidades afrodescendiente; las personas discapacitadas, los infantes en hogares con madres trabajadoras, las y los jóvenes que están ingresando al mercado de trabajo, así como los estudiantes de todos los niveles que residen en zonas críticas.

También los adultos mayores y las mujeres tienen en este gobierno un respaldo firme y decidido, que nunca los olvidará y siempre salvaguardará su derecho a recibir apoyos para mejorar sensiblemente sus condiciones de vida.

La segunda estrategia está empeñada en restaurar los salarios y las prestaciones de más de 20 millones de trabajadores y trabajadoras en el corto plazo.

Es una política que hace entera justicia a los obreros y campesinos más pobres de México que rompe y sepulta los cuarenta años de una política destinada a precarizar el salario y las condiciones de trabajo de quienes tenían empleos formales, una política irracional y terca que mantuvo en la pobreza durante casi cuatro décadas a millones de trabajadores mexicanos.

Para Chihuahua estás acciones del Gobierno de la Cuarta Transformación tienen un gran significado, porque en muy poco tiempo han mejorado las condiciones de vida y de trabajo de casi un millón de trabajadoras y trabajadores chihuahuenses.

En poco tiempo los cambios han sido profundos, tan hondos que los sectores conservadores están preocupados porque el modelo de sociedad que Morena está construyendo ya tiene muy bien puestos sus cimientos y columnas, lo cual les irrita, eriza la piel; porque tampoco pueden admitir el éxito rotundo del gobierno que encabeza nuestro presidente y porque se mantienen empeñados en la frase que explica el viejo sistema político en México. “Todo para unos cuantos”.

Finalmente, qué ha hecho posible esta capacidad del Gobierno para avanzar, para propiciar que un gobierno mejore las condiciones de vida de los más vulnerables, en medio de amenazas, como la representada por la pandemia y una recesión internacional.

La respuesta es muy simple: un Gobierno austero, honesto y honrado ha fortalecido, de tal manera las finanzas gubernamentales que en los siguientes años tendrá todo el potencial económico y la autoridad moral para seguir avanzando en la construcción de un México, más libre y generoso.

A nuestro movimiento nada ni nadie lo frena, y lo demostraremos en el 2024.