Opinion

¿Narcoestado en ruta?

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Enrique Aranda

jueves, 23 septiembre 2021 | 05:00

Ciudad de México.- Cada vez con mayor frecuencia, lamentablemente, escuchamos hablar de México como un narcoestado… 

Un país donde se asegura, igual en el marco de un proceso electoral que en circunstancias cotidianas, políticos de las más disímbolas formaciones partidistas o funcionarios federales, estatales o municipales pactan la “entrega” de vastas regiones al crimen organizado.

Inquietante, innegable situación ésta que, a decir de encumbradas autoridades militares estadunidenses, ha derivado en que los diferentes cárteles y bandas controlen ya algo así como 30 por ciento del territorio nacional, o más, mucho más en opinión de analistas locales que, un día sí y otro también, documentan el avance y posicionamiento de aquellos vía la confrontación en disputa por espacios “rentables”, ante el inexplicable desdén o la complaciente mirada de un gobierno que debiera enfrentarlos.

La entrega, envuelta para regalo, y estallido de un paquete-bomba a las afueras del restaurante Barra 1604, en Salamanca, que dejó un saldo de dos muertos y cinco heridos, amén el cuestionable calificativo de “acto terrorista” que endosó al hecho el panista gobernador, Diego Sinhue, actualizó todas las versiones sobre el tema y, más, el creciente temor social y la preocupación sobre los altos índices de violencia e inseguridad prevalecientes.

Es verdad que la realidad nacional difiere aun de otras que en su momento caracterizaron a países que cedieron ante el crimen organizado y, en la práctica, se tornaron narcoestados.

No lo es, o no tanto; sin embargo, sí consideramos que la colusión entre políticos y gobiernos con la delincuencia es cada vez más evidente, menos ocultable, tanto en el llamado corredor del Pacífico, vía predilecta para el acceso y envío del letal fentanilo a la Unión Americana como, por sólo citar un caso más, en Tamaulipas y otros espacios fronterizos convertidos en auténticas “avenidas” para el trasiego de drogas.

Pretender hacer creer, entonces, que con la fracasada y ridícula política de “abrazos no balazos”, adoptada como opción para enfrentar y controlar, de manera relativa al menos, “porque de derrotar (al crimen organizado) ya mejor ni hablamos”, aportará resultados en esta confrontación es tan inaceptable como negar que, lamentablemente, insistamos, México apunta a convertirse en un narcoestado… versión 4T.

Asteriscos

* La imputación del subcomandante Galeano contra el chiapaneco Rutilio Escandón, al que acusó de alentar el “desgobierno” con la intención de desestabilizar al gobierno federal, encendió todas las alertas en Palacio donde, si bien el otrora relevante zapatismo no es bien visto, no deja de reconocérsele su conocimiento de lo que ocurre en esa conflictiva zona del territorio…

* Cuestión de días, horas, a decir de alguno, que la crisis migratoria provocada por el desordenado arribo y contención de miles de haitianos a la frontera norte, a Texas en especial, se convierta en un problema de dimensiones impredecibles para México y su gobierno, merced a la devolución “de golpe” y sin previo aviso incluso de miles de aquellos a nuestro territorio…