Opinion

Ni con vacuna

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Gabriela Borunda

domingo, 30 mayo 2021 | 05:00

La historia de Andrés López Obrador me recuerda la historia de Enrique de Navarra nacido en 1572 y luterano vehemente; intentaron matarlo, intentaron encarcelarlo, mataron a sus seguidores, y cada vez que lo aventaban caía más arriba, así terminó siendo coronado rey de Francia y coronado en la catedral de Chartres, donde dijo con desenfado religioso –París bien vale una misa.

Cuando en 2004 diputados del PAN iniciaron un proceso de desafuero y de responsabilidad contra Andrés López Obrador, el famoso Peje fue y se les puso por delante al grito –Cobardes, aquí estoy, encarcélenme- y tal fue el efecto que los diputados del PAN pagaron la fianza para que Andrés no pisará la cárcel; luego los sismos de septiembre del 2017 y su activismo en favor de las víctimas levantó su presencia en campaña electoral, es un orador atípico, lejos de acartonamiento presuntamente épico de los toastmasters, horror, es un orador que pareciera hablarte a ti -en lo particular como dos amigos que cuentan anécdotas- su fabulosa y ligerísima oratoria derrotó a la acartonada oratoria de Ricardo Anaya; y ahora la coincidencia temporal de la vacunación contra el Covid-19 en tiempos electorales parece darle un nuevo aire.

Pero Andrés Manuel López Obrador no es una franquicia, no es como hacer contrato con un restaurante de hamburguesas, cosa no ha entendido el líder de ese partido, Mario Delgado, que parece más viejita centavera que líder de una organización política. Hay hamburguesas de gubernatura, presidencia municipal, pluris y puede pedir su combo familiar como lo hizo Carlos Borruel. Morena es tan franquicia que en cada audiencia contra Maru Campos, los miembros de ese partido se ponen en la explanada de la Ciudad Judicial a echar pullas contra la candidata con altavoz y bocinas, nadie piense que es un ataque personal; la franquicia está haciendo muy mal su publicidad.

Usted le daría su voto a un hombre que procura la impunidad de los delitos de sus hijos o que maltrata a sus hijas; le daría su voto a quien por subordinación sería capaz de poner en riesgo la vida de las personas en un evento familiar como el Aero Show, pudo decir no, pero es más cómodo quedar bien con los superiores.

¿Le darías tu voto a una mujer que no puede decidir con quién hablar porque la regaña su papá? los feminicidios y desapariciones han hecho de nuestro estado un lugar mundialmente famoso, incluso hay una película con Jennifer López sobre el tema, ¿podrá una mujercita a la que su papá no le permite ni hablar prestar voz a todas esas mujeres?, una ausencia de representación verdadera sería como matarlas dos veces. Morena es un partido político, pero Andrés Manuel no es franquicia.

Que se hayan forzado tres encuestas telefónicas, para imponer al desconocido y despistado Mario Delgado sobre la legendaria figura de Porfirio Muñoz Ledo, nos hace pensar en un negocio tripartita donde todos ganan, incluido Lorenzo Córdova.

Carlos Loera es otro hombre que no sabe decir no y su incapacidad negociadora puede costarnos mucho más que noventa muertos, es el hombre al que le encomiendan solucionar el conflicto del agua con los campesinos chihuahuenses y se avienta una acción digna del Moisés bíblico: le saca agua a las piedras. Su confrontación con los productores del campo fue un desastre, y un desfiguro que el ande en campaña mientras aún hay campesinos presos por el conflicto del agua; los que lograron su libertad trabajan a duras penas, porque el gobierno incautó su maquinaria. 

Carlos Loera es una figura pública más conocida por su pobre desempeño y falta de oficio político entre la federación y los productores rurales de nuestro estado, la gente más necesaria y la maltratada por un sistema de consumo que favorece la vida en las grandes ciudades, ándale cabrón, que te agarre Pancho Villa ninguneando campesinos. Loera no se va a volver mágicamente un hombre inteligente y de visión social porque compró un cachito del nombre de Andrés Manuel López Obrador.

El candidato Loera es tan dicharachero y gracioso como el mismísimo presidente cuando habla, por ejemplo, al decir ante un sindicato magisterial que Carlos Borruel tiene una relación con Morena de mucho tiempo atrás, hace que uno se atragante con las palomitas.

El estado de Chihuahua tiene la segunda deuda más alta del país, los números son inciertos, hay distintas agencias calificadoras con distintos indicadores, hay quien calcula un pago anual 7 mil 839 millones de pesos en intereses; el Congreso del Estado calcula que este 2021 llegaremos a $15,200 millones de pesos por deudas a corto plazo, hay quien estima que la deuda per cápita supera los 15,000 pesos por chihuahuense, este nivel de endeudamiento forzó a la cancelación de 250 obras públicas a lo largo del quinquenio. El asunto es que estamos más endeudados que señora gastalona, sí, usted y yo, porque no creo que Corral vaya a pagar sus lujitos de su bolsa.

El próximo gobierno necesita una gobernadora, mujer por principio de cuentas, que sepa que cada familia requiere una vida digna, que se sepa valiosa y no necesite dilapidar el presupuesto público en aplaudidores, que creé un sistema de seguridad para las mujeres en lugar de pintarrajear monumentos públicos; que proteja la vida y que sepa que no se le puede sacar agua a las piedras porque el siguiente paso sería sacarle la sangre a los ciudadanos.

Me queda una duda ¿Por qué son tan amigos de palmadita en la espalda Juan Carlos Loera y Javier Corral, ¿cómo se conocieron? ¿pues qué se prometieron?