Opinion

No fue el ‘Día del Abuelo’

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Zuri Medina

sábado, 03 septiembre 2022 | 05:00

Ciudad de México.- La conmemoración del pasado 28 de agosto en México, nació como el Día del Anciano (1998), años más tarde se convirtió en Día Nacional del Adulto Mayor y desde 2020 quedó establecido como el Día Nacional de las Personas Mayores, y es que una cosa no es sinónimo de la otra; ni todas las personas mayores son abuelos, ni todos los abuelos son personas mayores. 

No pretendería jamás mermar el ánimo de festejo que nos invade por esta fecha conmemorativa, pero sí provocar una reflexión acerca de cómo viven las personas mayores en México.

Algunos países consideran “personas mayores” a aquellas que han cumplido 70 años; otros, cuando estas cumplen los 65, y la característica común es que en esa etapa, se suman experiencias de la vida y se han cumplido muchas metas familiares, profesionales y sociales. ¡Atención, que he escrito muchas, no todas. Uno puede seguir teniendo metas hasta el día que se muera!

Pero, ¿cuál es la realidad que enfrentan las personas mayores en nuestro país? Según la última encuesta del Inegi, residen en México más de 15 millones de personas, que equivalen al 12 por ciento de la población total; de esos 15 millones, casi dos millones y medio (16 por ciento) sufren rasgos de maltrato y abandono; y tres millones (20 por ciento) no tienen servicios de salud.

De acuerdo a datos del Instituto Mexicano para la Competitividad, aproximadamente el 40 por cierto de las personas mayores en nuestro país, tienen acceso a una pensión contributiva; el 29 por cierto tienen alguna actividad económica, la mayoría de las veces en el sector informal; y el porcentaje restante recibe una pensión mínima que, sobra decirlo, no es suficiente para cubrir sus necesidades totales.

Irónicamente, las personas mayores ocupadas, enfrentan mayor pobreza que los que están desocupados; lo anterior debido a que los primeros tienen que trabajar porque no reciben ningún apoyo gubernamental y además, están empleados en actividades que no les generan prestaciones sociales.

Más allá de números y porcentajes, la realidad de las personas mayores en México es que sobreviven en medio de un sistema de pensiones quebrado, un mercado laboral que los excluye y cuando los incluye es en condiciones desfavorables para ellos, un sistema de salud deficiente, escasez de espacios donde puedan recibir cuidados adecuados o puedan seguir desarrollándose… y como si todo lo anterior fuera poco, no hay empatía, ni inclusión de la persona mayor en la dinámica social. 

¿Quiere una cereza en el pastel? Casi tres millones, son víctimas de abandono y maltrato por parte de sus propios familiares.

Todo lo anterior nos obliga a pensar en lo que debemos hacer para brindar a las personas mayores una vida digna, incluida en la dinámica social, desarrollada integralmente. Nos obliga a ir más allá de los “festejos del día del abuelo” y ajustar los programas sociales de forma tal, que reciban una atención holística. No basta con dar dinero, hay que fomentar conciencia comunitaria, aumentar la infraestructura de programas, promover una cultura de inclusión, de trato digno, de respeto a los derechos humanos, que son inherentes a la persona misma, y no a la edad que ésta tenga. 

Según el IMCO, diseñar, construir y consolidar un sistema de cuidados, abonaría muchísimo a la competitividad del país, porque permitiría que muchas mujeres, que se dedican a cuidar a los mayores de sus hogares, incursionaran en actividades remuneradas; y existe un 20 por ciento de hogares mexicanos con al menos una persona mayor.

La sociedad mexicana (y de hecho, todas las sociedades del mundo) está envejeciendo; para el año 2050 habrá en México 30 millones de personas mayores. Si las actuales no tienen lo necesario para vivir una vida digna, ¿qué nos espera a los que vamos para allá? ¿Están pensando los gobiernos y la sociedad en general, en políticas públicas para los próximos viejos? 

No es una tarea exclusiva de gobiernos. Es una responsabilidad de todos. Todos debemos involucrarnos para transitar del festejo del día del abuelo, a la celebración de tener personas mayores viviendo una vida digna, incluidos socialmente, con autosuficiencia económica y desarrollándonos hasta el día que realmente la tierra reclame nuestro cuerpo.