Opinion

No, no vamos bien

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Luis Javier Valero Flores

domingo, 06 septiembre 2020 | 05:00

En medio de lo peor de la pandemia, cuando México se ha colocado como el octavo país con más contagios y en el cuarto lugar, por el número de fallecimientos a causa de la Covid-19, el presidente López Obrador presentó un informe en el que, o quiso levantar el ánimo de la sociedad, o peor aún, presentó un panorama que para él es el real, muy distinto a lo que perciben la mayoría de los mexicanos, de acuerdo con las encuestas existentes.

Lo que sí puede presumir el tabasqueño es la alta calificación que le otorgan los mexicanos, 56-58 por ciento aprueban su gestión. 

Sin duda que situación tan extraordinaria impedirá alcanzar la mayoría de los objetivos planteados por el impulsor de la llamada 4T.

Más allá de las pretensiones del presidente, es indudable que equivocó el mensaje que debió enviar al país, precisamente por la severidad de las condiciones por las que atravesamos.

El presidente desaprovechó para dar un golpe de timón y componer el rumbo que, además, las propias circunstancias propiciarían que lo hiciera.

El informe presidencial sigue siendo la fiesta por excelencia del boato del presidencialismo mexicano, y no aparece, ni en el mandatario, ni en alguno de los legisladores del bloque gobernante, la intención de modificar tan obsoleta ceremonia y dar lugar a la de la verdadera presentación de un informe presidencial y su discusión en el Poder Legislativo, con la participación del presidente, en lo que pudiera ser un paso en pos del régimen parlamentario que debiera construirse en el país y terminar con uno de los más auténticos símbolos, no sólo del neoliberalismo, sino del viejo régimen, el presidencialismo.

El presidente más votado en la historia del México moderno está desaprovechando la oportunidad de encabezar a una nueva forma de ejercer el poder; en el informe continuó con la cantaleta de los adversarios del pasado, como si éstos no estuvieran severamente disminuidos.

El presidente no aprovechó para lanzar un auténtico plan de rescate de la economía nacional, la que hace agua a ojos vistas. Pero en su visión eso no existe, estamos en la ruta de la recuperación, dice pero que, de acuerdo con infinidad de especialistas, nacionales y extranjeros, alcanzaremos hasta el 2025.

Desde las primeras frases se advierte la visión equivocada del presidente, enfatizó en sostener que “la peste de la corrupción originó la crisis de México” ¿De veras se puede sostener válidamente esta premisa? ¿Acaso no fue el régimen capitalista, en su versión renovada del neoliberalismo?

¿Como puede aventurar el presidente que la “robadera de los de arriba” se acabó, si las adquisiciones del gobierno federal se hicieron de manera directa, en un promedio cercano al 80 por ciento, cuyas consecuencias negativas se apreciaron ejemplarmente por la adquisición de los respiradores mecánicos por el IMSS-Hidalgo, a la empresa de Manuel Bartlett-hijo?

El presidente presumió que los ahorros ascendieron a los 560 mil millones de pesos, suma a la que deberán agregársele los recursos obtenidos de los llamados por el Secretario de Hacienda, “guardaditos”, que fueron cantidades nada despreciables. Las de los fideicomisos, las del Fondo de Desastres Naturales y las de los fondos de contingencias, de salud, del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios, así como el fondo para estabilizar presupuestalmente al gobierno federal en caso de una crisis, que dijo el presidente, “es un fondo de 150 mil millones” (Nota de Notisistema, 27 de mayo de 2020).

La utilización de fondos económicos tan grandes pueden revelar la profundidad de la crisis económica, la que pretenden minimizar.

El presidente tiene razón, recibió un sistema de salud en una profunda crisis, pero sin duda que varias de las acciones para resolverlas sumieron al sistema en una más profunda crisis, pues no se tomaron en cuenta los tiempos para reformarlo y sin considerar los problemas derivados de la sustitución de las cadenas de producción y distribución, lo que provocó serios problemas en el abasto de medicamentos, de equipos y enseres médicos que subsisten hasta la fecha.

Sin duda que el discurso excesivamente optimista de los encargados de difundir la información oficial, seguramente basados en información desfasada de la realidad, los llevó a plantearse un desenlace de la pandemia alejado por completo de la realidad.

En el peor escenario presentado por el Dr. López Gatell, México sufriría alrededor de 60 mil decesos. Nos encaminamos, casi con certeza, a los 100 mil muertos, en virtud del desarrollo de los contagios y de la reapertura económica, obligada por la existencia de una economía mayoritariamente basada en la economía informal.

Reacio a seguir las indicaciones de la OMS, el gobierno mexicano es uno de los que, a ojos de la organización mundial, falló en su estrategia debido a la resistencia a aplicar pruebas y, por tanto, darle seguimiento a los contagios y contactos.

Ostenta uno de los últimos lugares en el número de pruebas por 100 mil habitantes. Además, el país ocupa el primer lugar mundial en el número de integrantes del personal médico acaecido a causa del Covid-19.

Ni siquiera la encomiable lista del equipamiento médico alcanzado revierte tan funestas calificaciones. “En pocos meses hemos reconvertido, con el apoyo de los gobiernos estatales de la Secretaría de Marina y de la Secretaría de la Defensa Nacional, 969 hospitales para atender pacientes con Covid-19, se han instalado 32 mil 203 camas y 10 mil 612 con ventiladores; asimismo, se han contratado 47 mil médicos generales, especialistas, enfermeras y otros trabajadores de la salud”.

Aferrado a su fórmula para enfrentar las adversidades económicas, presume que es única en el mundo, pues, “… Ahora, todos los apoyos y créditos se entregan de manera directa para reactivar la economía de abajo hacia arriba. Ya no se da prioridad a las grandes empresas y bancos. Ahora, por el bien de todos, primero se rescata al pueblo”. 

Y ahí está, nítida, la concepción claramente populista. 

Pensar que el “pueblo” solamente lo integran los miembros de las capas sociales de menores ingresos, en una época en la que el desarrollo de la economía ha generado mayores porcentajes de integrantes de las capas medias, cuya depauperación la provoca, a pasos agigantados, el régimen económico imperante, y no sólo la corrupción.

Pero uno de los principales aspectos de la vida pública, el de la seguridad pública, muestra las graves deficiencias del gobierno lopezobradorista.

El presidente dijo que “… Ahora hay justicia para el pobre y en materia de seguridad ya no manda la delincuencia organizada, como era antes. Ya no hay torturas, desapariciones ni masacres; se respetan los derechos humanos y se castiga al culpable sea quien sea…”.

Pero la terca realidad es sólo una, y ahí está, omnipresente, la del México que no se ha ido.

Es de auténtico espanto. 

De acuerdo con el periodista Héctor de Mauleón (El Universal, “A mí también me gustaría vivir en su México, señor presidente”, 2/IX/20),  de acuerdo con los datos recopilados por la organización Causa en Común “… Solo entre enero y julio de 2020 la prensa registró 429 masacres, 572 profanaciones de cadáveres, 404 actos de tortura, 365 descuartizamientos, 312 cuerpos calcinados, 217 asesinatos de menores de edad, 66 feminicidios agravados, 49 intentos de linchamiento, 42 casos de esclavitud, 23 asesinatos de políticos, 18 actos de terrorismo, 17 asesinatos de defensores de derechos, 14 linchamientos, 14 mutilaciones, cinco asesinatos de periodistas, cinco violaciones agravadas, cuatro asesinatos de personas con discapacidad”.

Más. “Entre diciembre de 2018 y la fecha del segundo informe, la cifra de desaparecidos es de más de 27 mil… en 2020 un promedio de 13 personas desaparecen en México cada día”.

Adolorido, al terminar el informe, Adrián LeBarón, cuya familia  fue masacrada en Bavispe, escribió en Twitter: “Dice López Obrador que ya no hay masacres. ¿Se le olvida que la de mi hija y nietos fue durante el año que informa?… Quiero vivir en su México, ahí todos seríamos felices”. (Ibídem).

Hay más. Tan sólo en 2020 fueron asesinadas dos mil 223 mujeres, de las cuales “sólo el 24 por ciento se investiga como feminicidio: Entre 2018 y 2019 fueron asesinadas cerca de 10 mil mujeres, y sólo mil 918 casos se investigaron como homicidios por razones de género, con base en cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad:  Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio”. (Nota de la Redacción, Aristegui Noticias, 3/IX/20).

Y si los datos de los feminicidios son de espanto, otro tanto ocurre  con las cifras totales de los homicidios ocurridos en la administración de López Obrador. “Llega AMLO a segundo informe con más de 60 mil asesinatos”: Semanario “Zeta” (31/VIII/20).

No, definitivamente no vamos bien.

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