Opinion

¿No viajar a Chihuahua, menos a Ciudad Juárez?

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Deirdré Bazán Mayagoitia

martes, 21 junio 2022 | 05:00

Ciudad Juárez.- El 13 de junio pasado, el Departamento de Estado de los Estados Unidos actualizó sus travel advisories o alertas de viaje a distintos países y ciudades en el mundo. Para determinar el nivel de peligrosidad se estableció un sistema con cuatro colores y niveles: el primero en azul, propone tomar precauciones normales; el segundo en amarillo, sugiere ejercer precauciones mayores; el tercero en anaranjado, recomienda reconsiderar el viaje, y el cuarto en rojo advierte a no viajar a ese lugar.

En el caso de nuestro país, se indica que varios delitos de alto impacto están “extendidos y son comunes”. Se recomienda de manera expresa no viajar a Colima, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Tamaulipas y se sugiere reconsiderar el viaje a 11 estados más, incluyendo Chihuahua. Para Estados Unidos hay dos entidades seguras: Campeche y Yucatán. Así de grave, sólo dos de 32.

A Chihuahua se le coloca una vez más en nivel tres y se pide reconsiderar los viajes debido a que el “crimen violento y la actividad de pandillas son comunes”; se hacen puntuales sugerencias sobre las zonas, avenidas y carreteras en las que sí se puede viajar y lo reduce a ciertas áreas de Juárez, Chihuahua, Nuevo Casas Grandes, Ojinaga y Palomas. No se recomienda viajar a otras áreas del estado, incluyendo la sierra.

Solo unos días después de que se publicó la actualización de la alerta, ocurrió una ejecución múltiple en un conocido restaurante de Ciudad Juárez; un enfrentamiento armado en la carretera Parral-Jiménez; el desplazamiento de familias en Guadalupe y Calvo y otros tantos hechos más que resultaron en decenas de personas asesinadas, decapitadas, heridas, sin hogar y, además, una comunidad indignada por el nivel de inseguridad.

De manera casi simultánea al multihomicidio citado, la gobernadora “inauguraba” instalaciones de la Agencia Estatal de Investigación, dependencia que entre otras responsabilidades debe auxiliar en la persecución de los delitos, realizar investigaciones y reunir información de utilidad para el combate al delito. Tan paradójico, de no ser trágico.

Hubo una reunión urgente del gabinete de seguridad donde se decidió reajustar la estrategia con el reforzamiento de más elementos de la Policía estatal y el patrullaje aéreo de dos helicópteros. Brillante. En una ciudad tan ventosa como Juárez, donde además hay complicaciones regulatorias en el espacio aéreo, la propuesta resulta frívola y sin sustento práctico.

En Chihuahua existe la percepción ciudadana de que las instituciones federales, estatales y municipales no han sido capaces de ofrecer mejores resultados en seguridad pública, lo que se refrenda con las alertas de viaje a las que nos hemos referido y que desincentivan el turismo y ocasionan afectaciones económicas.

Se debe reconocer que la estrategia de construcción de paz está tomando más tiempo del previsto, por lo que es necesario aplicar medidas alternas y no escatimar en recursos; urge visibilizar el trabajo de la Guardia Nacional y poner mucha atención sobre esos supuestos retenes nocturnos, en calles solitarias y con elementos sin la adecuada identificación, lo que se presta a extorsiones y malas prácticas. 

El Gobierno del Estado tendría que aceptar que sus estrategias de construir torres, cambiar el despacho de la Secretaría de Seguridad Pública y usar helicópteros, son superfluas e inefectivas ante una inseguridad lacerante. Debe dejar de usar al secretario de Seguridad Pública como adorno en cuanto evento público tiene la gobernadora, fortalecer las áreas de inteligencia y aprovechar el conocimiento y experiencia de buenos mandos policiales que permanecen en segundo plano para no opacar al titular.

El municipio, con la capacidad de respuesta que tiene, debe despertar de su letargo. Ojalá dejen de seguir el paso lento que se percibe, y aprovechen una corporación policial que tiene buen nivel y que puede y debe ofrecer mejores resultados. 

Con una coordinación real y estrategias sustentadas y bien diseñadas podrían revertirse los efectos de la inseguridad, evitar señalamientos extranjeros y ofrecer a las y los chihuahuenses un estado tranquilo en el que se pueda vivir en paz.