Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Noviembre 12: Día del Cartero y del Trabajador Postal

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/ El trabajo postal mexicano, una actividad verdaderamente ardua, pero lleno de emociones (Foto: Correos de México).
/ El trabajo del cartero: “Una bendición bajada del Cielo” (Foto: APCUCh).
/ Con todo y carencias el trabajador postal siempre al “pie del cañón”(Foto: APCUCh)

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 14 noviembre 2021 | 05:00

Uno de los personajes urbanos más conocidos es sin duda los carteros, que cada 12 de noviembre celebran su día, un espacio muy merecido porque gracias a ellos todos los habitantes de esta ciudad y de todo el mundo, reciben correspondía por parte de estos llamados “héroes anónimos” que décadas atrás, los esperábamos con ansia y preocupación en los ventanales de nuestras casas para aguardar su llegada, para que dejaran una carta en el buzón, debajo de la puerta o encargadas con el abarrotero del barrio. Sin embargo, es una actividad que ya está en decadencia por la enorme tecnología existente que existe en el mundo, que, sin duda, ha opacado a los casi extintos carteros.  

Uno esperaba y esperaba esas buenas noticias a través de un ser querido como la novia que, había partido de vacaciones o se había trasladado a vivir a otra ciudad; del hermano que, se había alejado de la tierra que lo había visto nacer, por lo que se esperaba siempre una carta para saber que estaba bien; de una madre angustiada por sus hijos que, escribía carta tras carta hacia sus retoños esperando desde luego que, ellos se dignaran a responder con algún recuerdo o muestra de cariño. Buenas o malas, pero noticias, son las que han llevado a través del tiempo el empleado postal a cada hogar mexicano; por eso, el 12 de noviembre la sociedad los debe de festeja a estos héroes anónimos a pesar que estos tiempos ya no son los mismos de antes, debido a la presencia y evolución de la tecnología, ya que miles de personas utilizan otros medios como el internet, correo electrónico, Facebook, Whats App, Twitter, entre otros, que facilitan la comunicación de manera rápida y al instante, sin embargo, estos medios según mi opinión, carecen de esa magia que todos experimentamos en el pasado, cuando esperábamos con ansia una carta, una postal o un telégrafo de un ser querido.

El Día del Cartero y del Empleado Postal como se mencionó anteriormente, fue establecido el 12 de noviembre de 1931 en México, sin duda, como reconocimiento a la obra social que realizan los carteros, llevando mensajes que esperan en casa los ciudadanos; en ese año, los empleados postales fueron festejados por primera vez y en el año de 1947, donde se imprimió un timbre dedicado a estos trabajadores cuya misión era llevar buenas o malas noticias, según sea el caso, pero a final de cuentas noticias. Cuentan que el Día del Cartero fue promovido en reconocimiento a dos carteros que salvaron la correspondencia en situaciones críticas; uno, en un tren dinamitado por los revolucionarios y otro, que cubría la correspondencia con su gorra y su saco para que no se mojara. También anónimamente se les recuerda a todos su día, imprimiendo la leyenda "12 de noviembre Día del Cartero" en los sobres de la correspondencia que llegan a las casas desde un mes anterior a este. 

La necesidad de estar comunicado ha llevado al hombre a idear sus propios medios de comunicación y a mejorarlos día con día, adaptándolos a los cambios tecnológicos. Y en el caso particular del correo, el cartero ha jugado un papel muy importante en la historia. En México había carteros desde antes de la llegada de los españoles; utilizaban el servicio de postas que era llevado a cabo por corredores rápidos y fuertes que recorrían grandes distancias para llevar las noticias de un tlatoani o rey, a otro. Los aztecas idearon un sistema de relevos para que los mensajes llegaran más rápido, colocando torres en los caminos cada 10 kilómetros de distancia, donde esperaba el relevo que llegaría hasta la siguiente torre y, desde entonces también llevaban paquetería como joyas, telas y hasta alimentos.

El servicio se estableció durante el Imperio de Maximiliano y donde se empezaron a colocar los buzones y los sobres postales. En 1910, Porfirio Díaz encargó la construcción del edificio de correos o “Palacio Postal” en Chihuahua que se encargaría de organizar la correspondencia y este funcionó en Chihuahua en el centro de la ciudad. Además, en ésta época se agilizó el reparto de la correspondencia gracias al ferrocarril. El uso de estampillas, marcó la era del correo moderno. La primera estampilla postal mexicana tenía la imagen de Don Miguel Hidalgo y Costilla y desde entonces, se había visto impresos los rostros de muchos personajes. Algunos mexicanos que han causado furor en los coleccionistas y hasta en los no coleccionistas, pero sí fans. Estampillas que se agotaron rápidamente fueron las del famoso “Santo” el enmascarado de plata, y las del personaje “Memín Penguín”, ícono de la historieta mexicana; éstas últimas en el año 2005, causaron controversia por ser consideradas racistas por parte del Gobierno estadounidense, lo que provocó que se vendieran a precios muy elevados en otros países y además, Editorial Vid, decidió republicar la serie de historietas.

Sin duda, ser cartero es además un oficio que también ha sido representado en el cine mexicano por varios actores, por ejemplo, la película El rápido, Capulina Speedy González, donde el personaje llamado Gaspar Henaine, Capulina, interpretó al personaje “Espiridión González” y arriba de su caballo, llamado Ordinario: "Nimodo, pase lo que pase... el correo debe llegar". Bajo este antecedente, Crónicas relata un acontecimiento en los años cincuenta del siglo pasado: “Caminaba en una de esas noche frías de invierno por la calle Libertad, era la una de la madrugaba y acababa de sonar el vecino reloj de La Catedral y al pasar frente al Palacio Federal, vino a mi mente el recuerdo de mi padre Chalio ausente. Penetre al edificio para depositar una carta en el buzón de la oficina de correos en cuyo interior percibía rumores de voces que cuchicheaban. Me llamó la atención que a tales horas todavía estuvieran laborando los empleados postales.  Indagando por la curiosidad, toque la puerta la que me fue abierta por un amigo cartero. 

“Uno de los muchachos repartidores de misivas quien inmediatamente me dio el paso al cual se me ocurrió preguntarle, que qué estaba haciendo a estas horas esos muchachos en medio de tantas cartas. Me hizo entrar al recinto de las oficinas en donde puede observar con sorpresa que efectivamente continuaban laborando para preparar sus entregas de la mañana. En el “Departamento de Carteros”, pude observar verdaderas montañas de correspondencia para el pre-reparto por toda la ciudad y a los abnegados carteros, trabajando con tenaz actividad, informándose que habían iniciado labores desde las 6 horas del día anterior y que el trabajo había sido materialmente agobiador, tomando en cuenta que era 12 de noviembre de 1950.

“Pensando en las injusticias de la vida en los desniveles sociales y en no sé cuántas cosas más, salí de allí con el corazón oprimido y con el alma en un puño, deseoso de gritar a los cuatro vientos el dolor de los que sufrían estos empleados postales. Al día siguiente con instrucciones del director del director del medio de comunicación donde trabajaba, entrevisté al señor Carlos B. Morales, administrador de la oficina local de correos con el objetivo que me informara a cerca de lo que había observado la madrugada anterior del día 11. 

“El señor Morales gentilmente me puso en contacto con el señor Guillermo Guerrero López de Lara, sub-jefe de la Oficina, para que me mostrara los departamentos y me diera los informes que necesitaba. Fue muy importante el recorrido que hice en compañía de Guerrero, pues pude saber que en el Departamento de carteros se hacía la distribución preliminar del material postal ordinario; del servicio urbano para apartados y domicilios. Esta última, después era convenientemente acomodada por “rumbos” por el personal de carteros que sin reticencias laboraban un promedio de catorce a quince horas diarias a fin de expeditar, el servicio hasta donde humanamente fuera posible, dado el considerable recargo de la correspondencia que se registraba sobre todo en las épocas de fin y principios de año incluyendo Navidad.

 “Nos trasladamos después a la sección “Recibo y despacho de Correos” en la que se hacía la colecta de piezas depositadas por el público en los buzones de la oficina; se cancelan los timbres que cubren su franqueo y se hace enseguida la distribución preliminar en una “pichonera” dedicada para el caso, colocando en los casilleros respectivos, las piezas consignadas al Distrito Federal, al servicio interior, ósea, las dirigidas a las poblaciones del interior de la República Mexicana; al servicio internacional, consignadas al extranjero, al aéreo y al urbano. Hecha esta distribución preliminar, las piezas para los servicios aéreos internaciones, interior y DF, pasaban a unas grandes “pichoneras”, en las que otros empleados se encargaban de hacer las distribuciones a las diferentes poblaciones y rutas, formando paquetes que inmediatamente eran distribuidos en valijas en que han de despacharse a su final destino”.

Cabe recordar que para ser cartero o auxiliar postal, era requisito indispensable tener una edad no menos de 18 años ni mayor de 25. Para terminar, quiero que encontremos a un cartero de cualquier país del mundo o de Chihuahua, démosle una sonrisa que a veces con esta, prodigamos un mensaje de amor para quienes, como ellos, merecen un constante mensaje de fraternidad. ¡Felicidades a todos los carteros y empleados postales del país en su día!".

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. “Noviembre 12: Día del Cartero y del Trabajador Postal” forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111) y Bodega de Libros. 

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