Opinion

Nuestra ‘Border Patrol’ de cada día (II)

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Iván González Ibarra

viernes, 01 octubre 2021 | 05:00

Habíamos revisado con anterioridad los hechos ocurridos en la frontera entre Ciudad  Acuña y Río Grande, en donde un oficial (blanco) de la patrulla fronteriza—montado a caballo— le daba  latigazos a un inmigrante haitiano (de color), en su intento por cruzar el Río Bravo. La escena causó indignación alrededor del mundo y motivó diversos análisis como el que hoy hacemos, para explicar origen de este tipo de acciones.

Para dimensionar la importancia de dicho suceso en la construcción del análisis historiográfico y sus implicaciones en la construcción histórica de la frontera entre México y Estados Unidos, hagamos el siguiente ejercicio. Imaginemos que recortamos la imagen del hombre blanco a caballo, dando latigazos a un hombre de color. Bien podríamos situar la decimonónica escena en los campos algodoneros del sureste esclavista texano, esto para mediados del siglo XIX. No sé usted, pero yo me imagino la imagen a blanco y negro, de fondo, está el algodón listo para su cosecha, y, en medio el ranchero blanco americano sometiendo con su látigo a un hombre negro, que corre descalzo huyendo del abuso.

Ahí está parte de la respuesta a la pregunta ¿de dónde surge esa ferocidad de los agentes de la “Border Patrol”, para atacar a unos indefensos haitianos? Valga aquí hacer una precisión necesaria para el estudio y análisis de los hechos del pasado, es muy común que escuchemos “quien no conoce su historia está condenado a repetirla” u otras como “debemos evitar repetir los errores del pasado”. En la Historia los hechos son únicos e irrepetibles. El que conozcamos o no el pasado, no nos condena a repetirlo, tal advertencia es más bien digna de una tragedia griega de Sófocles. Lo que sí ocurre en la Historia son procesos de larga duración que en apariencia no se mueven, o que pudiesen moverse de manera muy lenta, casi imperceptible para nuestra corta presencia en este mundo.

Tales procesos, que incluyen construcciones políticas y culturales de larga data, sí forman parte del análisis historiográfico, y los conocemos como “procesos de larga duración”. El análisis de esos procesos nos permite dar respuesta a la segunda pregunta ¿cómo explicar ese atentado contra la dignidad humana?

Dentro de estos procesos políticos de largo alcance, debemos reconocer que la fundación de Texas como República independiente de México, para 1836, se basó firmemente en mantener la esclavitud. Y es que en la elaboración de su carta magna, los texanos fueron muy específicos en cuanto a la condición de las personas afrodescendientes en su territorio.

Si revisamos el segmento de Condiciones Generales, Sección 9 de la Constitución texana de 1836, habremos de encontrar criterios raciales como estos: “todas las personas de color que fueron esclavas en su vida previa a su migración a Texas y los que están pagando préstamos con su cuerpo, deben permanecer en servidumbre… ningún descendiente africano libre… debe residir permanentemente en la república…”. 

Ahora bien, si eso no nos responde de manera suficiente el carácter racial del latigazo, prestemos atención a la siguiente parte: “la importación o admisión de africanos o negros dentro de la república, exceptuando a los que llegan desde los Estados Unidos de América, está prohibida para siempre, y declarada como piratería”. No solo es el famoso contrabando de personas y cosas hacia el territorio norteamericano, es el ingreso de personas africanas o negras, y eso, desde que Texas existe, está prohibido.

Si la entrada de africanos o negros estaba prohibida, la salida no lo estaba tanto. Los esclavistas texanos de mediados del siglo XIX veían en su frontera con México el riesgo de perder “su propiedad”. Era frecuente encontrar en los periódicos del sur de Texas, edictos de recompensa por el escape de esclavos, que se presumía huían hacia México, país en donde la esclavitud había sido abolida. Estudios como el de María Camila Díaz Casas, nos pueden ampliar más sobre las rutas que los esclavos seguían hacia México, una de esos caminos de huida se encontraba justamente en la frontera entre Ciudad Acuña y Del Río.

Por su parte, y dentro de estos análisis culturales de largo alcance, es necesario revisar la purificación racial de las instituciones públicas localizadas en el sur de Texas. Durante la segunda mitad del siglo XIX, el actual territorio del Condado de El Paso estaba compuesto por escasos y alejados ranchos, de entre los que destacaban el asentamiento de Franklin. Sin embargo, para los primeros años del siglo XX, ya con el nombre oficial de El Paso, se hizo necesario y urgente deshacerse de todo lo que les vinculara a su pasado hispánico o peor aún, mexicano. De acuerdo con el historiador David Dorado Romo, la purificación incluyó el derrumbe de los edificios que estaban construidos con adobe para ser sustituidos por ladrillo.

Sin embargo, no solo los edificios fueron derrumbados, también los mexico-americanos fueron sustituidos de las oficinas encargadas de vigilar la frontera. Historiadoras como Kelly Lytle Hernández destacan esa “limpieza profunda en casa” cuando en la oficina de patrulla fronteriza de Laredo, para 1928, se despidió a casi la mitad de los 28 agentes de la estación, sustituyéndolos con 22 rangers de Texas.

¿Caben aún hoy esas acciones en la frontera entre México y Estados Unidos? ¿Las permitimos, congeniamos o somos parte de ellas? La respuesta está en su presente.