Opinion
Entre redes

Oleadas de felicidad

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Javier Horacio Contreras Orozco

domingo, 17 julio 2022 | 05:00

¿Nos hemos puesto a pensar si nuestro cerebro puede hacer la diferencia entre lo real y lo irreal?, ¿o detecta lo real, pero le es más satisfactorio lo irreal?, ¿cómo funciona el cerebro para hacernos adictos a determinados estímulos o cuáles hormonas hacen su trabajo de pedir y exigir cada vez más el consumo de sustancias químicas, de meternos más drogas, ingerir más alcohol, fumar más tabaco o usar compulsivamente las redes sociales?

Existen muchos estudios de psicólogos y mercadólogos, principalmente, con la idea de desentrañar qué sucede en nuestra pequeña cavidad craneal que detona el consumo inmoderado, pero, sobre todo, saber cuáles son las hormonas que nos recompensan ciertas acciones o emociones. 

Las adicciones están principalmente fundadas en gratificaciones que nos impulsan a repetirlas de manera impulsiva y compulsiva. Por eso, muchas de ellas, se van incrementando de manera gradual, se convierten en dañinas a la mente y al cuerpo porque crean una dependencia.  Y cada vez, queremos más. 

Por ejemplo, de seguro, en muchas ocasiones y bajo determinadas circunstancias siente lo que podríamos llamar oleadas de felicidad o satisfacción. Otras le podrían llamar subidones como impulso después de concluir una competencia, un examen o salir airoso de una situación conflictiva o de lo contrario, tener un bajón.

En el cerebro se genera la dopamina, que es la molécula de la ilusión (LIERBERMAN, 2022) para disfrutar de lo que tenemos, a diferencia de lo que solo es una posibilidad, nuestro cerebro debe pasar de una dopamina orientada al futuro a sustancias químicas orientadas al presente, una colección de neurotransmisores a los que llaman las moléculas del aquí y ahora. Muchas persona han oído hablar de ellas, y son la serotonina, oxitocina y endorfinas (la versión cerebral de la morfina). A diferencia del placer de la ilusión generada por la dopamina, estas sustancias químicas nos proporcionan placer a partir de las sensaciones y emociones. 

Esa dopamina del deseo hace que queramos cosas como una fuente del deseo puro: dame más y más.  

El fenómeno de las redes sociales radica, precisamente, en esto. Indudablemente que son unas herramientas poderosas y útiles para transitar en el mundo actual. No existe la mínima idea de bloquearlas o inutilizarlas, sino usarlas al máximo para nuestro servicio y bienestar. El problema es que nos hemos hecho dependientes de ellas. El amo sirve al siervo, el creador a la criatura, el inventor al invento. Y eso no es sano mentalmente. 

La dopamina como “molécula de la recompensa” es la satisfacción u oleada de felicidad cuando usamos las redes sociales. Por supuesto, que toda recompensa o satisfacción es buena y liberamos dopamina después de hacer una actividad física, correr, abrazar a alguien que queremos o de alcanzar una meta, sin embargo, hoy en día, con las redes sociales, esa dopamina se libera hasta en el reducto del sedentarismo que nos inmoviliza por horas y horas, revisando mensajes. Los parques en las ciudades se han vuelto a utilizar, pero no para caminar, sino sus bancas tienen demanda para sentarse en “revisar” las redes sociales.  Y aunque vayan parejas, se sientan cada uno con su teléfono en sus manos. 

La empresa de compra de medios Radium One de San Francisco, California, consideró que “el uso de los medios sociales es una mina de oro para la dopamina, ya que cada vez que publicamos un post, compartimos un estado, damos un like, dejamos un comentario o enviamos una invitación en línea estamos creando una expectativa, generamos un sentido de pertenencia y reforzamos nuestro autoconcepto a través de compartir”.   Y el estudio concluye que, si tú estás recibiendo comentarios positivos en los medios sociales o redes sociales como likes, shares y/o retweets, es un refuerzo positivo para la utilización de los medios de comunicación social y que permiten obtener los efectos positivos de la misma y por lo tanto el retorno continuo a ellos en la búsqueda de más refuerzo social.

Por eso, volvemos y volvemos siempre a las redes sociales. Y a medida que más las usamos, más nos enganchamos o dependemos de ellas. La química del cerebro libera la dopamina como hormona que nos produce placer y recompensa. Nadie, absolutamente nadie utiliza a fuerzas las redes sociales. Todos los hacemos por el gusto y la gratificación que nos dan.   

Justo, el proceso de las adicciones. ¿Por qué el drogadicto o alcohólico, el adicto a la pornografía o ludópata reincide una y otra vez en sus consumos? Repetir compulsivamente de manera obsesiva, las mismas acciones sabiendo de antemano las mismas consecuencias se llama locura. El adicto busca una compensación que surge de una necesidad creada de gratificación. 

Los especialistas en adicciones consideran que en las redes sociales hay mecanismos similares basados en likes, followers, comentarios, emoticones que favorecen que continuemos pegados a las pantallas por horas y horas, avanzando con nuestro dedo cada meme, foto, recuadro, mensaje, video, tik tok, anuncio, etc. 

Esto se da en un acto maravillosamente mágico o de hipnosis: perdemos la noción del tiempo, perdemos contacto con el exterior permaneciendo ajenos del entorno o de las personas que están cerca de nosotros. Es la locura en su máxima expresión que reiniciamos cada día, a cada momento desconectados de la realidad real. 

Y cómo el cerebro no distingue entre lo real y lo irreal, nos sentimos atrapados en un mundo entre lo virtual, lejano y etéreo. Nos conectamos a otras latitudes, con personas que a veces ni conocemos o están muy distantes, en lugares o ambientes subjetivos de avatares y virtualidad.

No hay duda de que la vistosidad en las aplicaciones y redes sociales atrapa nuestra atención, pues esa es la economía de la atención: atraernos como producto y ser comercializables. Lo instantáneo nos hace sentirnos poderosos con la capacidad de tener todo a la mano y en el momento. Podemos jugar y cambiar nuestra imagen, transformarnos y cambiar el semblante, rostro, perfil e identidad.  Hay filtros para modificar lo que no nos gusta de nosotros o también para mentir y alterar, dando rienda suelta a la fantasía y a la molécula de la ilusión que es la dopamina.

Los cambios en los neurotransmisores por el uso de las redes sociales (COLOMBO) se reflejan en la adrenalina, dopamina, serotonina, oxitocina y cortisol. Los explica Colombo asi: la adrenalina se vincula con mayor agresividad como se ve en muchas reacciones o respuestas en las redes sociales. Si te ponen “me gusta” sientes felicidad y si te dejan de seguir, te enojas o deprimes. La dopamina, domina el centro del placer que se refleja en la motivación y deseo. Cuando recibes un “like” es el efecto de satisfacción.

La serotonina es la regulación del estado de ánimo, comportamiento social, digestión, apetito, memoria, deseo y desempeño sexual.   Cuando hay una alta dependencia de las redes sociales, se trastornan ritmos de sueño, comidas y hasta falta de deseo sexual. La oxitocina o “molécula del amor” influye para ser más social, se adhiere mucho a otras personas o les da por acosar a otras personas.

Y el cortisol, según expone Colombo, está asociado con el impacto del estrés que deteriora la salud y en el caso de las redes sociales, tendrían impacto en la fidelidad a las amistades. Por eso, los vínculos virtuales son apenas un pálido reflejo de las experiencias reales de la vida de relación: es sólo una puesta en escena; una pintura, y en muy pocos casos, la realidad. Nada en las redes es tal como se lo presenta. Es una gran puesta en escena, al igual que la televisión y las películas. Quizás la vida esté tan necesitada de aventuras y un guion interesante que compra su propia fórmula de aparente felicidad dedicando gran parte de la energía diaria en personas conocidas, pero también desconcordias o anónimas.  

Concluimos con San Agustín de Hipona, para precisar que las redes son útiles, el problema es no depender de ellas:

“No hay que aniquilar el deseo; hay que cambiar su objeto” 

SAN AGUSTIN, (2018) Confesiones, editorial Porrúa, México 

COLOMBO, Daniel, Cómo funciona el cerebro cuando usas las redes sociales,   https://www.danielcolombo.com/como-funciona-el-cerebro-cuando-usas-las-redes-sociales-por-daniel-colombo/

LIERBERMAN, Daniel, Michel E. Long (2022) Dopamina, editorial Paidós, México

- Periodista, maestro Facultad de Filosofía y Letras UACh