Opinion
Álter Ego

Otros fraudes académicos

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Rafael Soto Baylón

miércoles, 25 enero 2023 | 05:00

Las estafas siempre han existido. Desde la primaria porque no faltaba un flojo o tonto que no le gustaba o no podía hacer las tareas y le pagaba a uno abusado que cobraba por hacerlas. Copiar –en aquel entonces- de libros era común. 

A principios de siglo le pregunté a uno de mis entonces recién egresado en qué laboraba. Y su respuesta me dejó atónico, estupefacto, petrificado “hago trabajos para los estudiantes de la Universidad Pedagógica Nacional y pagan bien. Cuando redacto tesis me va mejor”. Espero que esa práctica –siempre he sido un iluso idealista- haya terminado. Pero hacer trabajos para otros, hasta donde me han explicado mis amigos jurisconsultos, no es un delito. Para empezar porque en el momento de la entrega del original y el pago respectivo ya no hay nada que alegar. “Ni modo, me dijo uno de ellos, que el que compra una investigación o una tesis demande al autor material. Y viceversa, es prácticamente imposible que éste le demande a aquel por la autoría”.

Hace ¿hace unos quince años? indagando para un artículo encontré algunas páginas en las cuales vendían las tareas escolares de todos los niveles (dibujar palitos, bolitas y caligrafía) incluidas tesis de licenciatura y de maestría. Los anuncios decían más o menos así: “¿terminaste tu carrera, estás trabajando y no tienes tiempo de redactar tu tesis? ¡Nosotros la hacemos por ti!  No  importa el tema ni la extensión. Si estás interesado comunícate al teléfono 3.1416 (y si no pues no) y te explicamos”. Varias personas me ayudaron llamando y nos expusieron que una tesis de licenciatura de unas cien cuartillas tenía un costo de 7,500 pesos y se pagaba la mitad al inicio del proceso y al finalizarlo dando y dando.

Escribí exponiendo el hecho y lo envié a mis contactos vía  correo electrónico. Llegó a las manos de un reportero de un periódico digital. Para darle mayor fuerza no lo entendió como artículo sino que yo, como catedrático universitario, denunciaba que en la Universidad Autónoma de Chihuahua se vendían tesis. Por supuesto la nota llegó al rector quien me mandó llamar y debí llevarle mi escrito y explicarle que ese “periodista” lo había modificado e interpretado incorrectamente. Luego varios reporteros de revistas y diarios me llamaron para entrevistarme (porque el escándalo llegó ¡hasta España! Y otros países latinoamericanos) les aclaré el punto y dije que al menos en mi experiencia no era una práctica en la UACH porque se sigue un proceso: el egresado se reúne con su asesor y comenta su intención de titularse por medio de tesis, comentan el tema, el segundo lo ayuda a centrarlo, luego el asesorado redacta un proyecto, el maestro envía un oficio a la Secretaría Académica dando fe de que fulana o mengano ya iniciaron el trámite de su titulación. Asesor y tesista se reúnen con regularidad, aquel le va corrigiendo los posibles errores o vaguedades. Cuando termina la tesis escribe otro oficio a la misma dependencia, ésta se encarga de nombrar el jurado, luego viene la presentación y defensa de la tesis. Y después de debatir libre y reservadamente, los sinodales lo aprueban por unanimidad, por mayoría o lo reprueban. No es posible, expliqué en su momento, que un egresado de buenas a primeras se presente ante un servidor ya con la tesis concluida. Llamaría la atención.

En México no se castiga el delito sino la estupidez. No es correcto intelectual, profesional y académicamente hablando que alguien redacte una tesis y otro la compre pero no hay delito qué perseguir, pero eso de plagiarse una tesis denota flojera, deshonestidad y pendejez (Real Academia de la Lengua Española “tontería”). Hoy las tesis las venden entre quince y cincuenta mil pesos. Si un día la necesidad me obligara a vender mi pluma –más bien mi teclado- cobraría más porque sería de calidad. Así que amigos y compañeros si deciden ser desleales consigo mismos y con la sociedad no plagien, compren tesis no las hagan. Al final del escrito está mi teléfono por si se animan.

Mi álter ego está indignado con Alejandro Gertz Manero ¿qué acaso no confía en el sistema de salud público y privado de México? ¿Por qué se operó en Estados Unidos? ¿Tiene miedo a los médicos del ISSSTE del IMSS? ¿No es una actitud conservadora? Pinche traidor a la 4T.