Opinion
De política y cosas peores

Paciencia

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Catón

lunes, 05 abril 2021 | 05:00

Ciudad de México– La bacinica. Se le llamaba también "bacinilla'', "taza de noche" o "borcelana''. Mis tías solteras, por decoro, la nombraban con recatados eufemismos y le decían "la necesaria'' o "el tibor''. De sobra está explicar cuál era su uso. Tengo entre mis inútiles tesoros una bacinica de tiempos coloniales, hecha en fina cerámica de Puebla. Muestra en el fondo un ojo muy abierto y un letrero que dice: "Te estoy viendo''. La vara de varear. De membrillo había de ser, por fuerza; fina y cimbreña como mujer y sibilante como víbora. Servía para varear la lana de las almohadas y colchones. Apelmazada por el uso, una vez al año se sacaba esa lana, se lavaba y se ponía al sol para secarla. Luego venía el vareador y la golpeaba una y otra vez hasta dejarla suave, tersa y esponjada como vellón de oveja. Un vareador igual quisiera que me varease de vez en cuando el alma, y así me la dejara. Los chiqueadores o chiquiadores. Eran cosa principalmente de uso mujeril. Consistían en hojitas de algunas plantas -hierbabuena, laurel- que se pegaban en las sienes con saliva para aliviar los dolores de cabeza. El guishe. Es el bagazo de la lechuguilla después de tallar sus pencas para obtener su fibra, el ixtle. Se utilizaba el guishe en agua hirviendo como una especie de poderoso detergente para lavar los trastos. El amole. Es el rizoma de aquella misma lechuguilla. Con infusión de amole lavaban su cabellera las mujeres, y les quedaba sedosa y limpia, mejor que con el mejor champú de ahora. La brillantina. Era un líquido oleoso y oloroso usado por los hombres para peinar y hacer lucir su pelo. Una de las más populares brillantinas, la Glostora, portaba el mismo lema que la Academia de la Lengua: "Limpia, fija y da esplendor''. La garrocha... Era una pértiga hecha de carrizo. Llevaba en el extremo superior un aditamento de ixtle para quitar las telarañas de los techos más altos. Bacinica, vara de varear, chiquiadores, guishe, amole, la garrocha... ¡Cuántas cosas se usaban antes que ya no se usan hoy! El tiempo las hizo desaparecer, o fueron sustituidas por otras mejores y más útiles. También cambió el antiguo sistema bajo el cual vivimos los mexicanos durante siete décadas. Soplaron los vientos de fronda de la modernidad, y cayó aquel régimen, el del PRI, que muchos llegamos a pensar que sería eterno. Ahora, sin embargo, se levantan voces de nostalgia que repiten aquella manida frase según la cual estábamos mejor cuando estábamos peor. Tal cosa es aberrante. Lo peor que le hubiese podido pasar a este país es que se hubiera perpetuado aquel sistema autoritario. Ahora estamos viviendo otro más autoritario aún, pero en eso consisten los riesgos de la democracia. Debemos mantenerla, aun con sus riesgos... ¡Bravo, columnista! ¡Cuán hermosas palabras has escrito! Lo único malo es que no te entendí nada. ¿Qué tiene qué ver la democracia con la brillantina? ¡Nada! Ea, cambia de cuerda y narra algún chascarrillo inteligible, también relacionado con cosas del ayer... Llegó un maduro caballero a la casa de mala nota. "Quiero a Jobina'' -pidió a la madama. "-Jobina no está -responde la mujer-. Hoy es su día libre''. "-Entonces vuelvo mañana'' -dice el senescente señor dándose la vuelta. "-No se vaya -lo detiene la dueña del local-. No está Jobina, pero están Frinesia, Mesalinia y Taisa''. "-No, -insiste el veterano-. Yo quiero a Jobina''. Pregunta la mujer: "-¿Qué tiene Jobina que no tengan las demás?''. Contesta el maduro señor con un suspiro: "-Paciencia''... FIN.

MIRADOR.

                   Por Armando FUENTES AGUIRRE.

          John Dee soñaba con hacer algún día una catedral.

          Su sueño nació cuando John Dee era joven. Los años fueron pasando uno tras otro, pero John Dee no renunció a su sueño. Se despertaba pensando en su catedral y se dormía imaginando el libro abierto de su pórtico, sus recios contrafuertes, su airosa torre alzada al cielo como el brazo de un hombre ansioso de tocar a Dios. 

          Un día llegaron los bárbaros a la comarca. Tomaron la ciudad, la incendiaron y pasaron a todos sus habitantes a cuchillo. Sólo a John Dee no le pudieron arrancar la vida: cuando fueron a buscarlo se elevó por el aire y quedó suspendido en él, muy lejos del alcance de sus enemigos. Estaba de pie John Dee sobre la torre de su soñada catedral, pero los bárbaros no la podían ver, ni verlo a él.

          La historia de John Dee encierra una lección: si conservamos nuestros sueños hasta lo úlimo,ellos podrá salvarnos de la destrucció final.

          ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.

Por AFA.

"... Aumenta la producción de tequila...''.

          Un borrachito que oyó

          por el radio las noticias

          gritó con júbilo: "¡Albricias!

          ¡La crisis ya terminó!".