Opinion

Panacea

Dice un hombre que se cree Maestro: Yo he domado a mi ego. Siempre me obedece. Si le ordeno "¡Haz esto o no lo hagas!", él lo hace o no lo hace. Jodorowsky

Francisco Flores Legarda
miércoles, 16 octubre 2019 | 05:00

La panacea que ofrecieron tecnócratas y liberales que los acompañaron, se centró en el tridente virtuoso del libre comercio: competitividad, productividad y riqueza.

Pero no informaron acerca de las plagas funestas incorporadas al proyecto neoliberal. La captación de recursos públicos por la vía de contratos de infraestructura en un esquema de fraude y tráfico de influencias. Condonación discrecional de impuestos y la proliferación industrial de las facturas falsas. Publicidad gubernamental contingente para la modelación de la información de los medios de comunicación. Dispárame, pero no a matar. Pégame, pero me sobas. La corrupción como delito administrativo o como asociación delictiva, el caso del robo de combustible. La mesa puesta para saquear recursos públicos que repartían hasta agrupaciones de la “sociedad civil”, las que se sumaron al saqueo, digo al proyecto, así como instituciones de educación superior en calidad de prestadoras de servicios en función, claro, del atraco. Así, con la brevedad de este espacio, se recreó una “opinión pública” para apuntalar un proyecto y el habla del libre comercio. Un festín de fingimientos.

El mercado tendría un efecto purificador. Las instituciones gubernamentales dejarían de cobrar ese “impuesto” llamado corrupción. Adicionalmente se dio la formación de una élite “ciudadana” por la vía de los entes autónomos, encargados de vigilar y controlar a los poderes constitucionales del Estado. Estamos enterados, la corrupción no se contuvo. Eso sí, lo peor fue la efectiva convocatoria al debilitamiento de las obligaciones del gobierno, las responsabilidades se diluyeron, se traslaparon competencias y se fertilizó la impunidad. Todo se hizo negociable previa compensación de los negociantes. Quid pro quo.

Los detentadores de los poderes públicos dieron con una veta para esmerar sus bienes y negocios al amparo de la ley o por encima de ella. No midieron sus consecuencias en términos de la pérdida de la seguridad pública y de la afrentosa multiplicación de las desigualdades sociales.

Ahora que la mayoría de los mexicanos decidió desandar el camino errado, se escuchan las voces alarmadas de quienes perdieron su camino dorado. ¡Concentración de poder! Denuncian a diestra y siniestra. Pero se trata de que las instituciones del gobierno se enfoquen en sus obligaciones sin agregar atribuciones, el solo mandato de la ley. Si estas se incumplen o se desvían para eso están la Auditoría Superior de la Federación, la Fiscalía General de la República, el Poder Judicial, la Procuraduría Fiscal, la Secretaría de la Función Pública, la Unidad de Inteligencia Financiera. Estas instituciones, tal vez a excepción de la FGR según se interprete, ya conformaban un sistema para prevenir, detectar y remediar los actos de corrupción antes de la creación del SNA y su Consejo de Participación Ciudadana. Pero se prosiguió, todavía en el sexenio de Enrique Peña Nieto, sostener un Estado defectuoso con muletas.

De lo que se trata es que los poderes constitucionales cumplan, eso intentan, vamos a ver. Ser contrapesos y generar equilibrios entre ellos. Los que se autoerigen como contrapesos técnicamente son opositores, muy válido y desde muy diversas trincheras. Si los autollamados contrapesos se la creen, técnicamente son usurpadores, muy lamentable.


Salud y larga vida


Profesor de la Facultad de Derecho  de la UACH


@Profesor_F