Opinion
Álter Ego

Pandemia y política

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Rafael Soto Baylón

jueves, 08 octubre 2020 | 05:00

Nicolás Maquiavelo divorció de una vez y para siempre la política de la moral. Él se preguntó ¿Cuándo el Príncipe debe cumplir su palabra? Cuando le convenga, respondió. El fin justifica los medios porque el único objetivo del gobernante es conservar el poder; él debe aparecer ante su pueblo como un hombre religioso porque la religión es útil para mantener unido a un pueblo. Al soberano le está permitido mentir si con ello acumula mando. Debe presentarse ante sus súbditos como un hombre moral independientemente de que lo sea o no. 

Ignoro si Trump y López tengan como texto de cabecera el libro de Maquiavelo. Pero de que siguen sus enseñanzas hasta límites insospechados lo hacen… y lo superan con creces. Me explico: lo que para un ciudadano es una desgracia para un político es una gran oportunidad. El pretexto para el inicio de la Primera Guerra Mundial fue el asesinato del archiduque de Austria-Hungría Francisco Fernando. El Tratado de Versalles fue considerado humillante por los alemanes que -aunado a una severa crisis económica- propició que Adolfo Hitler se hiciera del poder absoluto. Para Franklin D. Roosevelt el ataque de los japoneses a Pearl Harbor le fue muy ventajoso para declarar la guerra al Imperio del Sol Naciente. Y ejemplos sobran.

El Covid 19 a ambos presidentes les cayó como anillo al dedo. Para el mexicano porque con el pretexto de la contingencia de salud podría usar amplios poderes presupuestarios para sus programas sociales y hacerse aún más popular y alcanzar sus metas más preciadas. Para el gringo porque ¿de verdad el güero sufrió coronavirus? ¿Se tratará acaso de una más de sus estrafalarias  estrategias de campaña? No dudo que el día de mañana le diga a los votantes americanos que se curó por obra y gracia de Dios a través del Espíritu santo lo cual influiría en las urnas en una nación tan religiosa como lo es la norteamericana.

Se supone que nadie desea una crisis económica. Se supone, dije. Porque nuevamente a ambos mandatarios –uno de extrema izquierda y otro de extrema derecha- les es bastante útil. Para el gobernante azteca más del 95% de los compromisos de campaña ya están cumplidos. Supongamos que sea cierto. Luego necesita prometer algo nuevo para mantenerse en la primera magistratura. ¿En qué puede dar su palabra? Las circunstancias actuales le dan las herramientas: salvar al país y sobre todo a los pobres de las consecuencias económicas de la pandemia. Por eso le fue posible desaparecer fideicomisos y esos 70 mil millones de pesos guardarlos en su bolsa para usarlos discrecionalmente. Y claro, fortalecer así a sus partidos políticos.

Para Trump ahora los enemigos ya no son los musulmanes sino los chinos porque según él éstos crearon el virus, se les salió de control y contagiaron al mundo. Y sus compatriotas lo creen porque el norteamericano promedio es el más comunicado del mundo pero también el más mal informado. Y declararse víctima es una estupenda oportunidad para demostrar que el virus no es invencible. “Yo lo vencí porque soy fuerte y lo que necesita EEUU es a un hombre robusto, para rescatar su salud y su bolsillo”. Por eso ambos se niegan a usar tapabocas porque los predestinados son inmortales y esas mascarillas son para el vulgo.

Por lo menos para los vecinos del norte si Donald gana sólo será presidente por cuatro años más. Para nosotros la democracia únicamente es válida si le favorece a la tendencia política del residente  en Palacio Nacional. Por eso ellos cantan a dúo la canción del fraude con tanta anticipación. Por eso Porfirio Muñoz Ledo ve a Morena en el poder no un año o un sexenio, sino un siglo. Dios nos agarre confesados. 

Mi álter ego se preocupa por medidas sanitarias que proponen los políticos: que la permanencia en los bares sea solo por dos horas. Primero, estoy ese tiempo, me salgo del local, regreso y que cuenten otra vez 120 minutos. Segundo, me voy a otros bares. Y si el contagio me acompaña infectaré no a unos cuantos parroquianos sino a muchos. La política y la practicidad no van de la mano.