Opinion
Periscopio

Para encarar la evapotranspiración

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Armando Sepúlveda Sáenz

sábado, 10 octubre 2020 | 05:00

En síntesis el proceso de evapotranspiración es el modo en que los especialistas en medio ambiente hacen referencia a dos procesos que se identifican por el resultado: arrojar a la atmósfera en forma gaseosa las moléculas de agua. Por la revista superficial y resumida que se hiciera en la columna previa sobre el tema sabemos que tenemos: sociedad, productores y Estado (como gobiernos de todos los órdenes y otros poderes), un fenómeno complejo que se tiene que enfrentar con decisión y voluntad, pues éste, en virtud del cambio climático empeorará y el uso inconveniente, por no decir irracional del agua disponible, ha devenido en un problema de seguridad humana --multidimensional por su incidencia—y necesariamente para enfrentarlo.

A primera vista se presume que ante un fenómeno complejo en que el agente principal es la naturaleza y las actividades productivas humanas y su desenvolvimiento como personas, las soluciones deben ser tecnológicas y su fiel compañera, la capacitación y la asistencia técnica. Tal es el caso de la utilización de prácticas agrícolas para una mejor conservación del agua y del suelo, así como la búsqueda de opciones tecnológicas destinadas a captar agua de cualquier origen, y utilizarla en la agricultura o para el consumo humano.

Si fuera simple los tipos de apoyo consignados en los programas de CONAGUA tendrían un enfoque de innovación tecnológica e integral. Los usos del agua perfilan problema. Un sistema, compuesto de múltiples subsistemas cuya interrelación determina una variedad de resultados en el mejor aprovechamiento de una unidad de agua para riego.

La magnitud y forma de la propiedad o el usufructo territorial, la calidad de los suelos, los parámetros climáticos de la zona, principalmente precipitación pluvial, temperaturas, vientos dominantes, humedad ambiental, la formas de organización productiva, los conocimientos y la capacitación agronómica e hidráulica del productor, su capacidad financiera o su capacidad como sujeto de crédito, la tecnología aplicada para el aprovechamiento de agua superficial y/o subterránea, el tipo y densidad del cultivo, entre otros aspectos. Las combinaciones por unidad de producción (UP), como puede imaginarse, es singular para cada una de ellas.

Si echamos una ojeada a los elementos principales de la operación de la UP, tales como costos de insumos y servicios (incluyendo seguro y crédito), personal temporal y permanente, transportación de bienes y personas, infraestructura operativa, como bodegas, talleres, maquinaria y equipamiento, capacitación, dormitorios, energía y comunicaciones, etcétera.

La enumeración –incompleta--, de los elementos a considerar en la planificación y control de las UP, da cuenta de su complejidad. Elementos, todos, trascendentes para determinar calidad y volumen del producto. Y por ende, los márgenes de beneficio monetario neto.

La Encuesta Nacional Agropecuaria 2017 (la más reciente) identifica 12 problemas principales, de los cuales cito los primeros seis: altos costos de insumos y servicios; pérdidas de cosecha y ganado por causas climáticas; perdidas de cosecha o ganado por causas biológicas; falta de capacitación y asistencia técnica; dificultades de comercialización debido a precios bajos, entre otros.

La programación de las políticas públicas que atañen a las UP Agrícolas dista de tomar en cuenta el valor de las variables clave para el productor. El enfoque prevaleciente en CONAGUA y SADER además de no estar concertados y coordinados los programas, están definidos sobre el dimensionamiento de pocos elementos y asumiendo de los procesos productivos son homogéneos a nivel nacional. Este supuesto corresponde a una mera entelequia estadística.

La red de elementos que interrelacionados determinan la suerte, eficacia y eficiencia, del productor sólo está indirecta y marginalmente incorporada a los programas nacionales de las dependencias citadas. Y esto obedece tanto a la perspectiva “técnica” como a la normativa y sus instrumentos operativos comenzando por los planes nacionales y terminando con las asignaciones presupuestales.

Si se intenta bosquejar gráficamente la diversidad recurriendo a ilustraciones extremas, se puede hacer un ejercicio de imaginación: un productor de distrito de riego en un clima semiárido con precipitaciones pluviales mínimas, con distribución en el tiempo errática, que en gran parte da a la vertiente del pacífico; cuyos cultivos son comerciales y el proceso productivo está organizado para maximizar los resultados que se comercializaran, y su ingreso se aplica para obtener satisfactores para la familia en una área distante de la explotación agrícola y asegurar la disponibilidad para reiterar el proceso productivo del siguiente ciclo; su régimen de propiedad es privado y dispone de una cuota para riego en función de la disponibilidad de agua en los embalses y las escorrentías pluviales en los canales de riego; la determinación de agua distribuible es una decisión de autoridad pues el vital líquido es un bien nacional. Otro bosquejo corresponde en las antípodas, áreas en donde la precipitación pluvial es poco errática y superior a cuatro veces la registrada en la zona semiárida. Abandono la descripción para obviar espacio, pero tómese nota que la mayor parte de las UP se ubican en este espacio y predominan las explotaciones de autoconsumo. 

La evidente diferencia en las realidades productivas locales y regionales desvela la ineficacia y la ineficiencia de las políticas públicas (positivas o negativas) basadas en los promedios.

En consecuencia, dado que el aparente problema es parte de una red de problemas interrelacionados, su definición, medición y resolución, involucra cambios en el marco normativo básico (Constitucional, leyes derivadas (reglamentarias) e instrumentadoras para la regulación y control administrativo). La programación de las políticas públicas debe atender la diferenciación básica de los problemas, lo que necesariamente implica una visión regionalizada de determinación de acciones de política pública. 

Recuérdese que la disponibilidad del agua es una y sus usos diversos e incluso contradictorios en el largo plazo, en un contexto ambiental y productivo específicos y de uso urbano creciente. Dadas las directrices fundamentales seguidas por la actual administración pública federal esta transformación necesaria no la veremos en largo tiempo.