Opinion

Para mejorar la educación sólo hay un camino, revalorar el trabajo del magisterio

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Juan Carlos Loera de la Rosa

domingo, 21 marzo 2021 | 05:00

A pesar de los vientos en contra que vivimos, escribo hoy para dar testimonio de que las maestras y maestros de Chihuahua no han abandonado el barco; que como sociedad y gobierno tenemos la responsabilidad de construir con ellas y ellos las mejores propuestas para superar los problemas que hoy enfrenta la educación en nuestro estado.

El Gobierno federal ha dado muestras de la importancia que tiene el bienestar del magisterio y esto se puede ver en el Plan Nacional de Desarrollo o en su Programa Sectorial de Educación, donde se reserva un lugar especial para asegurar que el desarrollo de la educación dependa enteramente de la revalorización del trabajo, esfuerzo y sacrificio de las maestras y los maestros. Y en Chihuahua esta debe ser la línea de trabajo que nos guíe.

En las últimas semanas he tenido oportunidad de reunirme con decenas acaso cientos de trabajadores de la educación; dialogué con profesores de Batopilas y de Parral; y conocí su gran obra en lo más profundo de la sierra. 

En Nuevo Casas Grandes fui testigo de que su voluntad de labrar el futuro de nuestra sociedad y en particular de nuestro querido Chihuahua, no tiene límite; y que representan el espíritu transformador que hoy tanto necesitamos para seguir adelante.

Hoy nos toca agradecer todo su trabajo y su voluntad de no cesar en la búsqueda de ese propósito compartido de hacer de la educación una plataforma para transformar desde su raíz a nuestro querido Chihuahua.

El proyecto para transformar Chihuahua, que estamos construyendo reconoce en la educación el instrumento ideal para garantizar en el futuro inmediato mayores niveles de bienestar. 

En la formación integral de las y los chihuahuenses tenemos la garantía de que estamos ampliando el caudal de saberes y conocimientos que nuestra sociedad necesita para impulsar un progreso material duradero y para comunicar a las nuevas generaciones lo mejor de nuestras tradiciones y el aprecio a los valores que nos definen como mexicanos y como chihuahuenses. 

Ahora el gobierno de la Cuarta Transformación nos ha convocado a garantizar que nuestro sistema educativo “no deje a nadie atrás, no deje a nadie afuera”, a recuperar la esencia plena de la noción de calidad en los procesos formativos, y nos lleva a una recuperación de la importancia y el valor de tener un gran objetivo en el horizonte: Asegurar que todos los mexicanos tengamos la misma oportunidad de acceder a una formación integral de buena calidad. 

Como consecuencia estamos en el proceso de construir un nuevo concepto de calidad educativa que integra tanto la noción de calidad como la de cobertura en un nuevo término: que no es otro que el de la verdadera excelencia educativa. 

Sabemos que la reforma laboral del gobierno de Enrique Peña Nieto generó una gran campaña para culpar a maestras y maestros de ser responsables de la mala calidad de la educación. 

No sólo eso, aprobó una reforma laboral para penalizarlos, para evaluarlos bajo un sistema que amenazaba la estabilidad de su empleo, y que ponía en riesgo su permanencia en las aulas. 

Todo ello sin darles oportunidad de recurrir a un programa de formación disciplinar y pedagógico que les permitiera mejorar su desempeño. 

Afortunadamente ya despertamos de esta pesadilla y hoy tenemos el compromiso de conocer y atender de manera directa y expedita los principales problemas que enfrentan. 

Queda claro que sin educación no tenemos futuro. La educación lo es todo y por eso ahora nos proponemos ofrecer una respuesta a los grandes problemas de esta gran proeza material e intelectual del hombre que llamamos educación.

Tenemos que recordar que la educación es el mejor instrumento, acaso el único, que les sirve a las sociedades para compensar, para equilibrar las profundas diferencias sociales que las caracterizan.

Finalmente, un recuerdo para dar fe de la obra de nuestros queridos profesores: esta voluntad de transformar este gran estado, de hacer de nuestra comunidad una comunidad más justa, igualitaria e inclusiva; libre de toda discriminación; y, sobre todo, liberada de toda forma de corrupción, la aprendí de José Santos Blanco, mi maestro de sexto año de primaria. 

Él me enseñó a no abandonar el barco, me convenció de que la misión de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo es luchar incansablemente por hacer de México una sociedad justa, libre y democrática y en eso andamos.