Opinion

Paulino

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Juan Carlos Loera

domingo, 29 agosto 2021 | 05:00

El pasado martes 17 de agosto pasará a la historia como un día negro para la región noroeste de nuestro estado, particularmente en el municipio de Buenaventura, donde fue arteramente asesinado Paulino Rodríguez Palacios, un joven entusiasta al cual tuve la fortuna de conocer en el 2017, justamente a un año de la elección presidencial, un proceso electoral en el que Paulino fue el candidato a presidente municipal por la coalición Juntos Haremos Historia; en dicha elección el PRI obtuvo la alcaldía en un proceso sumamente cuestionado, y que inicialmente le había otorgado el triunfo al candidato del PAN, resultado que, por cierto, finalmente fue revertido por los tribunales electorales. 

Paulino, no obstante, las circunstancias tan adversas, rebasó los 22 puntos porcentuales contra 36 de quien obtuvo la mayoría.

Sin embargo, lo más relevante en ese momento fue la construcción de la estructura territorial de Morena y el proceso de concientización política en la población, ya que Paulino fue el artífice de esta gran tarea; lo hizo a través de un trabajo exhaustivo, yendo casa por casa, formando comités de base, además de distribuir a cada poblador el periódico Regeneración; lo cual contribuyó enormemente al triunfo de Andrés Manuel López Obrador en Buenaventura, Chihuahua.  

A partir de esa coyuntura, Paulino se convirtió en el referente principal de la Cuarta Transformación en el municipio para el triunfo de nuestro movimiento. 

Posteriormente y a raíz de que fui nombrado delegado del Gobierno federal, invité a Paulino para que fuese nuestro representante y llevar a cabo la tarea principal: concretar directamente en la población nuestro proyecto para darle estructura y sustento a la política de Bienestar de nuestro actual Gobierno federal. 

Buenaventura está enclavado en el noroeste del estado, a mitad de la década de 1980, durante el siglo pasado, ya era parte -geográficamente- de los enclaves dentro del narcotráfico. Según una excelente narrativa de Francisco Ortiz Pinchetti, Gilberto Ontiveros alias “El Greñas” (uno de los líderes del Cártel de Juárez), habría perdido un millón de dólares en una carrera de caballos celebrada en 1986 en dicho lugar; la carrera había reunido a 10 mil personas, algunas de ellas viajaron en avionetas, entre las cuales se encontraba Rafael Aguilar Guajardo (otro de los grandes capos de aquellos años), en una pista acondicionada exprofeso por el presidente municipal, de apellido Caballero (padre de la actual alcaldesa) y quien complaciente o sometidamente fue uno de los promotores de la carrera; se dice también, que el mismo Aguilar Guajardo, al igual que Jesús Meléndez, éste último originario de ese lugar e iniciadores del cártel, poseían grandes extensiones de terreno en Buenaventura y que los concuños, Rafael Muñoz Talavera y el mismo Aguilar Guajardo estaban casados con dos mujeres oriundas de dicho lugar.  

Desde entonces, Buenaventura ha sido uno de los puntos neurálgicos del crimen organizado y un lugar donde el peligro, principalmente para la gente de buena voluntad ha sido la constante. Este entorno cargado de violencia e inseguridad, ha sido el principal motivo por el cual los jóvenes se han visto obligados a emigrar (a pesar de vivir en tierras fértiles y vastas llanuras). Como consecuencia de todo este ambiente tan adverso, el crecimiento demográfico ha sido virtualmente nulo. 

Sin embargo, jóvenes idealistas y luchadores por la justicia como Paulino, han permanecido para ver a su pueblo progresar, trabajar como verdaderos hombres de bien, por amor a sus raíces y a la tierra que les vio nacer, pero esto ha sido un absoluto desafío, ya que para colmo de males, Buenaventura tiene también un intrincado ambiente político y social; por una parte, quienes se han apropiado del poder por las buenas o por las malas; su contraparte está representada por quienes muestran una contundente disidencia, personas que no aceptan este destino para su comunidad y que de forma organizada han luchado por el respeto a los derechos humanos, la protección del medio ambiente y los recursos naturales, entre ellos, el agua. No podemos olvidar a Ismael Solorio y Manuelita Solís quienes al oponerse pacífica pero activamente a la instalación de una mina, fueron asesinados, hasta el día de hoy estos crímenes permanecen impunes. 

Este es el triste escenario de Buenaventura, punto nodal en la división territorial de los cárteles y una especie de aposento permanente donde impera la impunidad. 

La lucha de Paulino fue un ejemplo de valentía y de amor al prójimo, un verdadero guerrero pacifista que siempre se preocupó por el bienestar de la gente, especialmente por la más vulnerable. Para Paulino, uno de sus sueños fue ser presidente municipal y desde ahí llevar a efecto sus proyectos e ideales, tales como, desterrar la corrupción, tener una comunidad integrada en torno al progreso, otorgar mayores oportunidades para los jóvenes y brindar atención prioritaria a los más desprotegidos.

Por ello, a principios de este año, Paulino se separó del cargo en Bienestar y se inscribió como precandidato de Morena; sin embargo, su sueño fue truncado al recibir amenazas para obligarlo a desistir de la candidatura. Con lágrimas en los ojos Paulino me enteró de dichas amenazas y ante mi consejo de salir de Buenaventura y denunciar los hechos, Paulino decidió seguir contribuyendo a la transformación sin aspirar a ningún cargo.  

Para Paulino la justicia no significaba el castigo, ni mucho menos la persecución o la búsqueda de culpables, iba mucho más allá, la justicia se encarnaba ayudando a la gente, su generosidad era conocida, podía dejar el resto de sus bolsillos o regalar su camisa para ayudar a los demás; siempre estaba dispuesto al servicio comunitario y lo hacía con singular alegría. Me atrevo a decir que era el ser más querido de todo su municipio y quizás de la región, muestra de ello fue la abarrotada misa de cuerpo presente, la caravana pedestre y automovilística por toda la cabecera municipal además de las veladoras colocadas en el centro del pueblo clamando paz y justicia, como mudos testigos del dolor de un pueblo a quien le arrebataron un gran ser humano.

Paulino deja un legado de congruencia y de servicio, me dicen que tiempo atrás trabajó como ejecutor de embargos en el juzgado local, pero que rechazaba su labor, ya que significaba atentar contra el patrimonio de la gente y mejor renunció a ello. A Paulino le hacía feliz el dar, fue un ser enteramente generoso y desinteresado, así lo muestran las condiciones en que vivía, sin faltarle jamás el espíritu alegre y esperanzador que siempre le distinguió; fue un auténtico ejemplo de lo que debe ser un servidor de la Nación.

A Paulino le dedicamos nuestro esfuerzo y no claudicaremos para que la paz regrese a Buenaventura y a todo el estado de Chihuahua, pero también pugnaremos para que no permanezca impune su injusta muerte,

Descanse en Paz el hombre de bien, el orgullo de Buenaventura y de los Servidores de la Nación.  

México necesita muchos Paulinos.