Opinion
Álter Ego

Pensiones Civiles quebrado

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Rafael Soto Baylón

miércoles, 30 diciembre 2020 | 05:00

He usado los servicios de Pensiones Civiles del Estado de Chihuahua prácticamente durante toda mi vida. Mi mamá fue maestra y por tanto beneficiaria. Y también he de decir que en bastantes años no utilicé la asistencia médica /juventud, divino tesoro/que te vas para no volver/. Egresé de la Universidad y dejé de ser derechohabiente. Pero casi de inmediato la máxima casa de estudios me contrató y de inmediato me di de alta en PCE. Y desde entonces ahí estoy…sí, ya hace algunos añitos. ¡Ah, cómo aúllan esos lobos!

Los servicios de Pensiones se han ido disminuyendo y deteriorando con el tiempo. Antes, hace muchísimo, disponíamos de créditos hipotecarios, préstamos prendarios y personales, contábamos con un extraordinario sistema de salud y una feliz certidumbre para jubilados y pensionados. Éramos la envidia social. Y en las revistas sentimentales era posible leer “Busco caballero serio y formal. Fines matrimoniales. Tenga Pensiones. Favor enviar número de afiliación” y en el acuerdo de divorcio algunas señoras pedían seguir disfrutando del servicio médico (imposible, la ley no lo permite, la de Pensiones, no la de las damas).  

Subsistía  con problemas financieros pero respiraba bastante bien.  En el corto periodo de Hugo Gutiérrez (1996-97) como director nos llamó a los sindicatos de las instituciones agregadas a PCE para convencernos de la necesidad de incrementar las cuotas fundamentados en que el servicio que prestaba era de una eficiencia terminal de 9.8 sobre 10. También nos informó que la UACH, la JCAS, Gobierno del Estado y otras instituciones le debían dinero. Y es verdad, desde entonces sobrevivía con números rojos. Pregunté a un político por qué, si el gobierno debe, vamos, mil millones de pesos, le inyecta en el concepto de apoyo extraordinario 200 millones y no se los rebaja de la cantidad adeudada. La respuesta me dejó perplejo “nos conviene mantenerlo quebrado”. Volviendo al asunto de la reunión en el 97,  le respondimos que sí estamos dispuestos a colaborar pero le indicamos que primero los deudores paguen. Nosotros no teníamos ni culpa ni responsabilidad si el gobierno estatal no liquidaba sus obligaciones.

La Universidad Autónoma de Chihuahua es caso típico. Al Alma Mater el gobierno federal le otorga un subsidio. El gobierno estatal otro. Los recursos del centro los recibe éste último. Este último no le entrega el dinero a la universidad para que a su vez lo haga llegar a Pensiones. ¿Por qué? No lo sé. Pensiones le reclama a la UACH, la UACH al gobierno y éste último si escucha no oye y no actúa. Y así, éste último, lo hace con las demás dependencias y provoca que la bola de nieve crezca sin cesar. Hasta llegar a donde estamos. A lo último.

Una auditoría sería capaz de determinar si Pensiones sufre de una pésima administración o son los factores externos los que la tienen cayendo al abismo. En el sexenio anterior, la Clínica del Centro dejó de laborar para PCE por falta de pago (después la recontrataron). Sin embargo hoy ningún hospital privado presta sus servicios a Pensiones por la simple razón de que no cubre sus adeudos. De ser un motivo de orgullo pasó a convertirse en una gran vergüenza.

Hubo –y hay- quienes fueron –y son- irresponsables con los servicios de Pensiones. Lo usaron y lo mal usaron. Lo aprovecharon y lo derrocharon de mil maneras. Ordeñaron la vaca sin descanso y provocaron se secara. Pero los grandes causantes son las distintas administraciones estatales porque permitieron su sobreexplotación. Y no quiero provocar susto pero las siguientes víctimas lo serán jubilados y pensionados. Qué pasará cuando ya no haya dinero… les espera la ruina, la miseria y la desesperación a miles de retirados.

Jamás en la vida de Pensiones se había vivido una situación tan penosa. Ni en las más terribles crisis económicas. Nos queda claro que al actual gobierno estatal le importan muchos temas pero el de la salud de PCE no es uno de ellos. ¿Qué debe hacerse? En muy corto plazo sacar a flote al instituto inyectándole recursos, a corto tiempo pagarle lo correspondiente y a mediano y largo término establecer medidas para garantizar su funcionamiento. Y ¿los derechohabientes? Si es necesario subir las cuotas entonces hagámoslo sin renegar. Será para nuestro bien.

Mi álter ego propone eliminar el año 2020. Que ahora empiece de cero: a. de la p. (antes de la pandemia) y d. de la p. (después de la pandemia). Este día último no lo despidamos con nostalgia sino con unos chingaputamadrazos (no piensen que soy mal hablado, es un concepto literario acuñado por el escritor mexicano José Agustín “quién sabe cómo, me dieron un chingaputamadrazo, y como buen menso que soy, me desmayé”). ¡Feliz año 0! Y gracias a quienes han compartido conmigo el difícil confinamiento de meses y meses con sonrisas y optimismo (Ale, Gaby y Mila).