Opinion

Pesadillas urbanas

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Teporaca Romero del Hierro

domingo, 10 octubre 2021 | 05:00

“Algo anda mal, muy mal en nuestro entorno, jóvenes asesinos”

Caso Palestina, toxicidad social que deja sin aliento, la realidad supera al horror que trasmite cualquier filme cinematográfico, que tiene por objeto, captar la atención del espectador para remover sensaciones de escalofrío, pavor, terror, miedo, angustia, repugnancia o preocupación. 

Datos de la Fiscalía General del Estado revelan que posibles trastornos de bipolaridad y consumo de drogas, motivaron la barbarie; un adolescente de 17 años de edad, en un arranque de ira en contra de su propia madre, hermana y padrastro motivaron la agresión, todos fueron desmembrados y calcinados en un predio en el sur de la ciudad. Pareciera que estábamos recreando películas como El Resplandor, Halloween, The Thing, Psicosis, El fotógrafo del pánico, Matanza en Texas o La semilla del Diablo. 

Otros casos de adolescentes psicópatas en la entidad, una menor de 17 años de edad que había sido adoptada en el estado de Chihuahua, que estudio en colegios de la ciudad, y en 2013 fue acusada de haber privado de la vida a sus padres adoptivos por haberle negado el carro para dar la vuelta y darle dinero para que pudiera casarse con su novio a los 16 años de edad. El novio, fue quien reveló la tragedia ante las autoridades, pues no sólo encontraron inconsistencias en su testimonio, no aguantó la presión y confesó que él, su novia y un tercero habían asesinado a la pareja de adultos mayores como parte de una venganza que planeó Carolina en represalia, maquiló una muerte por asfixia, inyectándoles veneno para ratas y cloro.

Otro caso, fue el de Christopher Raymundo Márquez, quien fue víctima de homicidio a manos de seis niños, quienes se encontraban “jugando” a ser sicarios, lo torturaron con tanta saña hasta asesinarlo.

¿Cuáles son las razones por las cuales un menor comete este tipo de crímenes? expertos señalan diversas causas, unos, defienden una impulsividad extrema causada por un daño cerebral que afecta a los mecanismos que regulan la conducta y, otros, hacen referencia a una vulnerabilidad de tipo biológico o psicológico.

Antonio Pueyo, catedrático de la Universitat de Barcelona, alude a factores de personalidad y de oportunidad, es decir, este autor defiende que en determinadas situaciones emocionales se desencadenan una serie de actos violentos que pueden acabar en un homicidio sin que haya mediado previamente el deseo de matar. 

Factores perinatales, estilos educativos y de crianza muy rígidos o permisivos, no haber desarrollado un buen apego en la primera infancia, bajo autocontrol, bajo rendimiento académico, vivir en zonas conflictivas, tener actitudes antisociales, haber sido víctimas de maltrato o abusos sexuales en la infancia, consumo de alcohol y drogas, problemas o trastornos psicológicos, como por ejemplo: el trastorno de personalidad antisocial o la psicopatía. 

David P. Farrington, profesor emérito de Criminología Psicológica en el Instituto de Criminología de la Universidad de Cambridge señala que, los problemas psicológicos se apoyan en otras corrientes teóricas que afirman que los trastornos psicológicos son los factores que marcan la diferencia entre quienes matan y aquellos que no lo hacen a pesar de estar expuestos a los mismos factores de riesgo. 

Otros factores que también han sido objeto de observación son el temperamento de los menores, el desarrollo moral, la autoestima, y la ausencia de empatía, como dicen, el amor acompañado de una educación puede disminuir los efectos nocivos que el ambiente y la predisposición genética puedan tener en el menor y reducir de este modo la predisposición a cometer actos violentos.

Estos hechos, reflejan la descomposición social en la que vivimos, la cual no respeta fronteras económicas, académicas, religiosas y culturales, esta podredumbre social es producto de la falta de comunicación asertiva y afectiva entre padres de familia e hij@s, falta de espiritualidad, estrés, depresión, violencia intrafamiliar, adicciones, uso indebido del internet, aunado a factores externos como la pobreza, marginación, desempleo creciente, falta de oportunidades educativas, efectos post Covid-19, economía doméstica devaluada, falta de seguridad en los planteles educativos, inseguridad y violencia desmedida. 

Estas imágenes de horror deben llevarnos a la reflexión profunda, autoridades, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil, asociaciones religiosas, sociedad en general, qué estamos haciendo por las nuevas generaciones. 

Como padres de familia motivémonos a la autocrítica constructiva de la relación que llevamos con nuestr@shij@s, preguntarnos ¿el ambiente donde crecen nuestr@shij@s es el adecuado? Como dicen los expertos, comuniquémonos con amor, paciencia, tolerancia a sus gustos y sueños, evitemos la crítica, que sepan que está bien equivocarse, que amen su hogar, no nos enfoquemos en sus limitaciones, hablemos de sus éxitos, no los sobreprotejamos, seamos sus consejeros, sus aliados incondicionales, hablemos su idioma, seamos realmente sus padres. 

Como dijo Louis Ferdinand Céline, novelista, polemista y médico francés: “En circunstancias de verdadera tragedia se ven las cosas de inmediato…Pasado, presente y futuro juntos”. Sumemos voces de conciencia.