Opinion

Plagas y epidemias, qué nos enseñan

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Jaime Rodríguez Chacón.

miércoles, 25 marzo 2020 | 05:00

Hoy, que multitudes en el orbe, se resguardan en cuarentena, por un virus que ha demostrado ser letal, sobre todo para adultos y personas con enfermedades crónicas; por un enemigo invisible que ha cobrado ya, en su incipiente carrera, la vida de 16,300 almas, e infectado a otros, 372,000 en el mundo.

En México, con un registro de 367 casos positivos, y un último fallecido de 61 años y que padecía diabetes, está en peligro de propagarse en cadena, dicha pandemia, primero por la desinformación de los políticos, que contradicen a los especialistas,- sobre todo el presidente- que con el ánimo de calmar a la población, desestiman el peligro, alimentando la muy arraigada desidia, ignorancia y malos hábitos; racismo y burlas de los mexicanos a las personas que de verdad se quieren cuidar con: El cubre bocas, lavado continuo de manos, gel antibacterial, guardando sana distancia; así, en el proceso, al velar por su salud cuidan la de los demás. 

Un simple bicho, está tambaleando las economías de las naciones y, cimbrando las bolsas de valores en el mundo. Para quien se ufanaba en sus mañaneras, “que el peso está fortachón” hoy, en picada, en los 25 pesos por dólar. Ahora, con este trasfondo gris e incierto, aprovechando se aproxima La Semana Santa, es tiempo oportuno para reflexionar sobre el significado de la vida.

¡Qué gran valor tiene la vida! Como se dice coloquialmente: Lo material se recupera, pero la vida no. Naciones en el mundo están padeciendo pérdidas económicas, por las guerras comerciales, la caída en los precios del petróleo, y ahora con la nueva pandemia Covid-19. Con este panorama, podríamos hacer un símil de México, con la vida del sufriente Job, al cual, de pronto y en cascada, se le viene una serie de situaciones desastrosas, con pérdidas familiares, económicas y de su salud misma.

Job, siendo un hombre próspero de quien se dice: Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y, se dice: era aquel varón más grande que todos los orientales. Un hombre justo, muy diferente al mundo egoísta de hoy, pierde toda su fortuna, mueren sus hijos, su mujer lo abandona, queda postrado, enfermo y con una maligna sarna, y su situación la describe así  mismo, con elocuentísimas palabras: Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos, Y he escapado con sólo la piel de mis dientes. 

México  ha venido padeciendo eventos desastrosos, en cascada, al infringirnos nuestro brillante  presidente un severo golpe, dando reversa a la reforma energética; cancelando la magna obra el NAIM;  yendo en contra de las estancias infantiles, casas de refugio para mujeres violentadas y poniendo “una piedra” en el camino a los derechos humanos, desmantelando el seguro popular,   y así, dejando en el desamparo a personas con cáncer, enfermedades crónicas  y, ahora con el Covid-19. ¿Qué pasará con los que necesiten respiración artificial, si ni medicinas comunes hay en los hospitales? Ya que, desmantelaron dicho ente de salud pública, y la operación del INSABI es incierta, con el pretexto que: “Lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer”.

Es tiempo de valorar la vida, de reflexionar,  ya que el gobierno no responde, unámonos y organicémonos como sociedad. Si los más jóvenes se cuidan del llamado Covid-19, en el proceso, también cuidan a sus padres, sus abuelos, compañeros de trabajo, amigos y vecinos, porque la mayor propagación del virus, es por personas portadoras asintomáticas, que son una fuente de infección y no lo saben. Es un gran egoísmo pensar que porque soy joven el virus no me mata, pero indirectamente por desidia e irresponsabilidad puedo matar a otros, contagiándolos. Apoyemos económicamente a  los más necesitados.

Si el Covid-19 nos deja en la quiebra económica, pero se nos da nuestra vida como despojo y salvamos a otros somos ricos. Tengo unos amigos en Estados Unidos que han hecho mucho dinero; en una ocasión, cuestioné a uno de ellos diciéndole: Dicen que ustedes en México eran muy pobres. Él me respondió: “Pues es cuando éramos ricos, porque es cuando teníamos a nuestra mamá” Ponderad: ¿Qué es lo medular importante o trascendente? Fuente: El PAÍS.