Opinion

Polémica para las carreras políticas perdidas

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Mariela Castro Flores

sábado, 23 mayo 2020 | 05:00

No hay mejor antídoto para cualquier charlatán o persona sin talento o ingenio, que la polémica para darse a notar. Un discurso por muy absurdo que sea, siendo estridente genera penetración y llega a los oídos de quien por alguna razón considera que quien habla fuerte, grita alto y regaña, es alguien que tiene la razón. 

La fórmula no falla, desde los pastores evangélicos a la pedagogía del sometimiento, el regaño sirve como herramienta para someter el pensamiento.

Es así porque es una forma de violencia en la cual nos han instruido desde la infancia.

Revertir esta cultura tiene que ver con desterrar de nuestro modelo educativo y de la educación recibida en casa el comportamiento de rebaño que sólo espera de las personas obediencia y sometimiento y que no incentiva el pensamiento crítico ni el cuestionamiento permanente para la construcción de saberes y adquisición de conocimiento. 

Las universidades e instituciones han logrado insertar asignaturas que fortalecen el humanismo de sus cátedras, la reivindicación de los derechos políticos que permiten la militancia en partidos políticos o movimientos sociales y el activismo, también han contribuido a conformar una realidad distinta que apunta al reconocimiento de diversas realidades para convivir desde el respeto en la diferencia.

Esto atañe también al ejercicio de gobierno y al resto de poderes del Estado, como el Legislativo. Se pretende que, por la redacción de leyes en los Congresos y la administración pública referente a leyes y reglamentos municipales en los cabildos, estos observen al menos, el mínimo de conocimiento en el marco jurídico vigente. Sin embargo; nada más alejado de la realidad, pareciera que hacer alarde de ignorancia, diatribas y vociferar la ignominia, violentando además los derechos de las personas es una práctica que pretende normalizarse.

Tal es el caso de la regidora por el extinto PES (Partido Encuentro Social) que a falta de una trayectoria política sólida que le genere la posibilidad de seguir en su carrera por la búsqueda de posiciones, se aventó una trasmisión en vivo (a través de su página de Facebook) a propósito del día de las y los profesionales de la psicología (20 de mayo) y el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia (17 de mayo) para señalar una serie de despropósitos que sorprendieron por la audacia de cada uno de sus dislates. Todos, bajo el amparo (pretexto) de ser ella misma psicóloga de la que hoy sabemos, por cierto, hace tiempo da terapia sin título ni cédula profesional y que nos hace cuestionarnos la calidad y nivel académico de la institución educativa de la que es presuntamente egresada.

La duda surge porque hay varias aseveraciones que son fácilmente refutables. Primeramente, porque la regidora no distingue de conceptos básicos de la sexualidad que, entre orientación, identidad y expresión de género, la teoría de género fácilmente podría explicar, pero a estas alturas, sabemos que la señora conservadora al leer la palabra “género” se le activa un bloqueo automático y de ahí en adelante se le niega el entendimiento como para saber que la identidad no tiene que ver con conflictos ni eventos traumáticos en la infancia. Insistir en lo mismo es pretender desde el prejuicio explicar por qué las personas no responden a lo que desde una visión de túnel, no cuadra con la “normalidad” que rige la heterosexualidad como régimen político.

Ella insiste en que esa supuesta falta de identidad es debida a la necesidad de pertenencia, como si fuera un hueco que tiene que llenarse necesariamente de algo, lo que sea y que las personas son tan moldeables, manejables y manipulables que perfectamente pueden definirse por las compañías que frecuentan y bajo esa lógica, ninguna persona en el mundo sería gay, lesbiana o trans, porque lo único que vemos representado, que se nos enseña y aprendemos es heterosexualidad y de ahí normamos nuestro hacer y ser. 

Una de las cuestiones más problemáticas de esta aseveración es que en el DSM5 (Suplemento del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, quinta edición) no se configura como trastorno mental la homosexualidad ni la lesbiandad y todo lo que tiene referencia a ello, ni como psicopatología de acuerdo a la Asociación Americana de Psiquiatría. Dicho manual, es la base de aplicación diagnóstica en la psicología y la psiquiatría de cabecera.

Como eventual profesional (que aún no es) de la psicología, la señora Bustillos alude a los métodos coercitivos asumidos desde el poder de la posición que ocupa, ser regidora y el fuero que hoy ostenta, por cierto, impide que se le ejerza acción penal por los delitos que fácilmente se le pueden configurar, de ahí su “háganle como quieran”, sabedora de la protección que le otorga su investudura, pero eso no la hace distinta a los couchings y charlatanes que desde la prepotencia y el autoritarismo se permiten declaraciones discriminatorias y que llaman a la violencia contra las personas que abiertamente señala y que luego, desde su condescendencia posterior señala que quien discrimina es quien históricamente ha sido violentado y ha vivido discriminación estructuralmente.

Su dicho de “amar al prójimo sin etiquetas” esconde toda la violencia que sociedad e instituciones le ejerce a quien vive fuera de la heteronorma, borra las violencias estructurales e históricas lo que marca un contrasentido porque en otra parte de su discurso niega a la comunidad LGBTTTI su derecho a existir, a la identidad y al libre desarrollo de la personalidad. De modo personal, Doña Discriminación se presenta como incapaz de cualquier gramo de empatía, elemento necesario para el ejercicio de la profesión que ilegalmente ostenta.

Por otro lado, una carrera política muerta requiere un circo de tres pistas para lucirse haciendo juego a su ignorancia supina. Titular de la comisión de salud e integrante del Consejo Municipal de Discapacidad, a la señora no se le conocen acciones en relación a las agendas que debe atender; como politicucho de quinta, se sabe intocable y desde su supuesta profesión promueve terapias que permitan la “conversión” de género aun cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya las declaró anticonstitucionales. Empero, a la señora Bustillos se le acaba la función en el 2021 y puede avizorar un panorama desolador: las congregaciones religiosas que hoy le aplauden rara vez conforman una ciudadanía activa con posibilidades de incidencia puesto que su razón de existir se inserta en la negativa de reconocer derechos y dignidad en las personas que son “diferentes”.

Y no está mal, constitucionalmente tenemos tutelada la libre asociación y, por ende, a elegir nuestras militancias, sólo que bajo esos preceptos religiosos, ni ella sería regidora ni yo estaría escribiendo sobre su actuar.

Y por último… la libertad de expresión no ampara discursos de odio que fomenten la violencia ni que atenten contra la dignidad de las personas.

Lo repetiremos hasta el cansancio cuantas veces sea necesario.

@MarieLouSalomé