Opinion

Policía vial, sinónimo de corrupción

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Javier Realyvázquez

domingo, 01 mayo 2022 | 05:00

No solo son las denuncias de agentes de vialidad por abusos, sino hasta violaciones sexuales de mujeres conductoras indefensas en la ciudad, las que encendieron las alarmas en la Policía Vial de Chihuahua.

Estamos hablando de una corporación cuya historia reciente ha sido marcada por signos de corrupción, donde a diario se habla de cuotas económicas para asignación de rutas y zonas de vigilancia, de patrullas, de cuotas de infracciones para complacer a los jefes y otras cosas todavía más graves. 

Muy atrás ha quedado la corporación que no solo vigilaba el correcto actuar de la ciudadanía en la conducción vehicular y peatonal; que tenía y mantenía en óptimas condiciones una Ciudad Infantil modelo de enseñanza para los futuros conductores viales e incluso agentes.

Antaño hasta existió el llamado Escuadrón Vial en donde se educaba en valores y respeto a los jóvenes secundarianos. No se diga el Escuadrón de Motociclistas que con sus acrobacias llamaban a formar parte de una corporación digna.

No son de ahora las denuncias por corrupción y abusos. Muchos, porque hay que decirlo como es, no son todos, pero con los que han sido señalados, hacen que se hable de una corporación muy poco confiable para la población.

En los casos más recientes que han lastimado a la corporación, pero lo más lamentable, es el daño hacia la ciudadanía y más específicamente, hacia las mujeres chihuahuenses, existen cuatro denuncias por abusos.

Un solo detenido por esos casos, no refleja aun la aplicación de la justicia, por lo que está ahí el gran pendiente.

Pero no es el punto, que se castigue solo a quien se ha valido de su poder, de su autoridad, para cometer esos abusos contra mujeres. Estamos hablando de que hace falta mucho más, imponer verdaderos controles, vigilancia sobre los mismos agentes, evaluar su actuación, someterlos a exámenes continuos de confianza, capacitaciones, en fin, todo aquello que permita volver a contar con una corporación capaz y digna de confianza.

Las denuncias que valientemente interpusieron mujeres abusadas, una del día 10 de abril y otra más del 18 de abril y las dos del día 25, no hacen sino mostrar la punta de un iceberg que, si se tuviera voluntad, destaparía muchas actuaciones negativas en esa corporación.

Recientemente, la totalidad del Escuadrón de Motociclistas fue enviado a Ciudad Juárez en apoyo a labores de vigilancia, pero la realidad es que fueron sacados de la ciudad de Chihuahua por la cantidad de actos de corrupción que venían cometiendo en contra de automovilistas, a los que literalmente cazaban para obtener lucro.

Por cierto, desde que fueron llevados a Ciudad Juárez, no ha existido ningún reporte que los involucre en acciones de seguridad en las que se suponía, iban a tener participación. Es como si hubieran sido borrados del mapa, salvo por las quejas que han enviado a través de redes sociales por supuestos malos tratos y mala paga. 

Sobre los motociclistas, las principales quejas eran de automovilistas en general que refieren haber tomado alcohol y como casi siempre, al dirigirse a su domicilio particular, era (y siguen siendo) detenidos por agentes viales que para no llevarlos detenidos, aunque la cantidad de ingesta no sea alta, les aplican la “mordida”, nada barata, para dejarlos seguir su camino.

 Frases a través de redes sociales y en reportes periodísticos, como la de: “A mí me pidieron mil pesos para cada uno y eso que no andaba tan tomado”; “A mí, como no traía dinero me llevaron hasta el cajero para sacar lana”, o la de: “A mí me bajaron tres mil pesos las dos policías”… reflejan lo que sucede al interior de las filas de la Policía Vial.

 Otras expresiones son: “Quién sabe cómo le hacen, pero parece que lo huelen a uno”, o “no cometí ni una infracción y me agarraron”, “le tengo más miedo a los policías viales” y hasta las frases de “yo mejor agarro un Uber porque están canijos”, dan muestra de que se trata de un problema real.

“Yo iba a mi casa con dos o tres cervezas, tranquilo y tómala que, me detiene la patrulla, se baja la mujer policía, y lo primero que me pregunta es si andaba tomado, conteste que no, pero aplicó la prueba del aliento, y lo primero me dice es, me lo voy a tener que llevará la comandancia joven”.

El siguiente es un testimonio digno de ser investigado: “Al pararme la unidad de tránsito, me señaló que me pasé un alto, el cual estaba oculto. Me dijo la oficial que si había ingerido bebidas embriagantes, y le dije que sí, porque venía de una cantina. Me dijo que tenía que acompañarla a tránsito para la prueba del alcoholímetro.

 Le pregunté cómo nos arreglábamos, me dijo que no, le ofrecí 500 pesos, y dijo que no, le ofrecí mil pesos y me dijo que eran dos las oficiales y que se necesitaba más para librarme, y se necesitaban otros mil para su compañera, le dije que no traía, y me dijo que me acompañaba al cajero.

Para eso me quitó la licencia, para que no me fuera. Me dijo que fuera al banco, sacará el dinero y tomará rumbo a mi casa y en unas de las calles más delante me iban a detener otra vez. Y fue así. Me detuvo, me dio la licencia y yo le di dos mil pesos y me fui a mi casa”.

Ciertamente, los ciudadanos también debemos hacer conciencia y no propiciar la corrupción, pero se trata de algo fácil, que si los propios agentes de vialidad no lo evitan, seguirá dándose.

La Policía Vial necesita una reestructuración de fondo, sin duda, tanto en su funcionamiento como en su personal, desde el reclutamiento, si es que verdaderamente se requiere poner orden, de lo contrario, será uno de los grandes pendientes de la actual administración.