Opinion

Política para gente decente

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Juan Carlos Loera de la Rosa

domingo, 24 abril 2022 | 05:00

Debo de confesar que he quedado atrapado en uno de los primeros párrafos del libro Curso Urgente de Política para Gente Decente, del político y activista español Juan Carlos Monedero, el cual reproduzco textualmente: “La indecencia se convirtió en norma y la decencia fue volviéndose un valor escondido. La regla mató la excepción. La última vez que en nuestro mundo Cristiano gente indecente se tiró por la ventana fue durante la crisis de 1929. Luego, como si hubieran desarrollado un gen perspicaz, ricos, tahúres, explotadores, defraudadores, asesinos, traficantes, mafiosos, gobernantes y conniventes jueces y fiscales, asistidos todos por lustrosos abogados, dejaron de hacerlo. Entonces empezaron a saltar las personas decentes. Hay una relación directamente proporcional entre la adaptación de los canallas y la desadaptación de los humildes”.

Traducido simple y llanamente en el lenguaje de los profesionales de la percepción, es decir, los creadores de montajes publicitarios, de campañas políticas (electorales, gubernamentales o antigubernamentales) hay que fijar una idea en la población: no importa que sea mentira, el objetivo es que la apariencia supere a la realidad.

Los que le han entrado a la contienda política y electoral en el norte de nuestro país, generalmente han buscado (con éxito muchas veces) penetrar en aquellos sectores que medianamente tienen acceso a los medios de comunicación, de todo tipo, digitales, impresos y las vocerías oficiales o de grupos y movimientos con intereses particulares, generalmente de índole económico más que social. Su apuesta ha sido clara, posicionar consignas de interés general, aunque muy superficiales y generalmente mentirosas que logren atrapar el pensamiento de la gente, insisto, con base en calumnias. Lo vivimos en el 2006 con la amenaza de “El peligro para México”, o en el 2012 “Nos quieren convertir en Venezuela” y hace un año aquí, en Chihuahua, “El agua es de los Chihuahuenses” o “Se roban nuestra agua”, “Estamos a favor de la vida”, consignas muy pegadoras, pero que faltaron al más elemental valor de la ética moral y política: la verdad. Algo muy parecido a la principal consigna antiinmigrante en Estados Unidos, muy bien relatada por Aviva Chomsky en su libro “Nos quitan nuestros empleos”, consigna usada por los grupos antiinmigrantes. 

En la discusión que hemos presenciado a raíz de la pretendida Reforma Eléctrica, pudimos una vez más comprobar que la estrategia de la derecha conservadora es el engaño; peor aún, el autoengaño. Una y otra vez vimos desfilar a los diputados de la derecha (PRI, PAN, MC Y PRD) con cantaletas absurdas, que exhibían la falta del más elemental conocimiento del dictamen sobre la Reforma, pero que, eso sí, posicionaban frases populares (y eso que son antipopulistas), como “Energías limpias y baratas”, “El PRI tiene la responsabilidad histórica de defender a México”, “Energías limpias por encima de todo”, “Hay que generar empleos”, “Hay que abrirnos a la competencia”.  

Puras contradicciones. ¿Es cierto que al PRI o al PAN les ha interesado el medio ambiente? ¿Es cierto que al PRI durante tantos años en el poder le ha interesado defender a México, cuando por más de 30 años se dedicaron a expulsar a los verdaderos trabajadores del campo de su propio país? ¿Es cierto que al PAN le ha interesado la generación de empleos dignamente pagados? ¿Es cierto que a los diputados del PRI les interesa que los agricultores paguen menos por la electricidad? Las respuestas pudieran ser interpretadas como subjetivas, según los defensores de las diferentes posturas, pero los hechos son contundentes. 

Desde la reforma energética del priista Peña Nieto, avalada por el PAN, las condiciones de supuesta competencia han sido dedicadas a explotar a la Comisión Federal de Electricidad con el claro propósito de debilitarla y llevarla al punto de su extinción para que, en su momento, todo el sistema eléctrico quede en manos privadas. Lo vivimos con el contrato de compra de gas y su transportación por gasoductos inconclusos, que aun así obligó a la CFE a pagar miles de millones de dólares por gas no entregado; también vemos que en las condiciones actuales y con dinero del Pueblo se pagan los beneficios de contratos leoninos a empresas extranjeras que, contradictoriamente, han dejado al final de la fila la generación de energías limpias, como las hidroeléctricas propiedad de la CFE, para priorizar el pago a las empresas extranjeras. A pesar de las obstrucciones, la CFE es quien contribuye por sí misma y contra todas las empresas extranjeras juntas, con el 56 por ciento de las energías “limpias”. 

Podría ahondar mucho más, hay muchos datos, realidades, daños al patrimonio nacional que la política neoliberal y privatizadora le ha causado a nuestro país, hay que recordar lo que hicieron con la industria siderúrgica, los aeropuertos, las telecomunicaciones, los ferrocarriles, las carreteras, la producción de gasolinas, la petroquímica, el debilitamiento a la educación y a los servicios de salud pública. Todo ello lo han justificado con el mismo discurso mentiroso y amenazante, el cual en resumen afirma que los mexicanos somos incapaces de conducir las estrategias de desarrollo y que solo los grandes capitales extranjeros y privados pueden conducirlos. Malinchismo del siglo XXI.

Para alcanzar sus fines, los conservadores neoliberales han conducido un discurso sumamente distorsionado, intentando poner el mundo al revés (como lo dijo AMLO en 2012). Ahora resulta que están defendiendo a México cuando los hechos demuestran que su intención es condenar a la quiebra a la Comisión Federal de Electricidad y que, siendo ésta una de las instituciones que ha sido clave en el desarrollo del país, quede manchada con la calumnia porque supuestamente utiliza combustibles que dañan el medio ambiente. 

No es de sorprender que los diputados de Acción Nacional por Delicias Mario Mata Carrasco y Eliseo Compeán Fernández, quienes hace poco tiempo, en su afán protector de los grandes nogaleros, fueron de los principales agitadores en el conflicto del agua, reclamando que el líquido contenido en la presa La Boquilla era de la región y no de la nación, desconozcan que en sus inicios la presa fue concebida como una hidroeléctrica privada y que, gracias a la acción nacionalista del presidente Adolfo López Mateos, pasó a propiedad de todos los mexicanos; mucho menos que esas acciones detonaron el desarrollo agrícola de la región centro-sur del estado para que el agua pudiera ser entregada a los agricultores. ¿Qué pretenden ahora, que en un futuro también las hidroeléctricas sean privadas para seguir beneficiando, todavía más, a los acaparadores del agua?

Apenas esta semana, El Diario de Chihuahua ha publicado un par de reportajes en los que se revela el déficit de disponibilidad de agua en la ciudad de Chihuahua, mientras cientos de hectáreas han sido cultivadas con nuevas nogaleras que requieren de grandes cantidades de agua. Esos son los intereses que defienden quienes infortunadamente representan en la Cámara de Diputados a una buena parte de los chihuahuenses en la actualidad; la comparación es válida porque, en el caso de la Reforma Eléctrica, ponen por encima de lo colectivo, incluido el medio ambiente, los intereses privados, con la agravante de que, además, son intereses extranjeros.  

Lo que la oposición consideró una victoria en la Cámara de Diputados, ni siquiera es victoria, porque en números absolutos perdieron la votación, los deja más evidenciados que nunca.  El PAN ha aceptado que su verdugo por mucho tiempo ahora sea su principal aliado “haiga sido, como haiga sido”. Por su parte, el PRI ha clavado el último clavo en su ataúd, su escasa militancia y nula credibilidad lo condenan a ser el cabús del PAN; y lo que queda del PRD es un partido mercenario que sobrevive por las jugosas prerrogativas del sistema de partidos. En cuanto a MC, la frivolidad y el escándalo serán sus principales activos para negociar posiciones con Acción Nacional. 

Todo lo anterior, un estuche de monerías muy alejados de la política para gente decente.