Opinion

Políticos contra ciudadanos

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Daniel García Monroy

domingo, 11 julio 2021 | 05:00

Si Carlos Marx se equivocó, dentro de la línea de su genial pensamiento, en la profecía de que el futuro de la humanidad --a partir del 1848 del Manifiesto Comunista-- iba ser una guerra civil local y mundial entre los dueños del capital y los obreros encadenados a las máquinas; cierto es que se debe reponer ahora en el análisis otra lucha igual de desigual, entre la clase gobernante-burocrática y los ciudadanos, que observamos con triste asombro que ninguna autoridad legítimamente elegida puede solucionar los principales problemas sociales que nos aquejan. 

Decíamos ayer (hace ya años), que paradójicamente no debería ser tan difícil gobernar, pues los problemas que enfrenta todo gobierno son cíclicos, repetitivos, perennes. Es decir si ya se sabe que va a pasar, por qué no preparar de antemano las soluciones posibles antes del desastre-conflicto.

¿Quién le va dar la bienvenida a la nueva gobernadora Maru Campos, como ha pasado siempre durante los últimos cinco sexenios en Chihuahua? No se necesita ser un genio para saberlo. Ahí está la historia hemerográfica para comprobarlo. Pues nada más y nada menos que las centrales sindicales de la  CTM y la CROC; los dueños del transporte, que no beneficiarios de un servicio público ¡concesionado! Tal cual ha ocurrido por décadas, son quienes van a exigir la autorización de un aumento en el pasaje, amenazando con el paro total de la actividad económica, tanto en la capital como en Juárez o en todo el estado.  

Son ellos el dedo que le mide “el agua a los camotes” para ver cómo reacciona de entrada cada nueva administración estatal. ¿Se amedrenta fácil la autoridad ante los intereses creados? ¿Responde con negociación firme e inteligente? O de plano se va por la ruta de la confrontación y la contra-amenaza de la requisa y los antimotines. Experiencias ha habido de todas clases. Dependiendo de la respuesta desde el Palacio de la Aldama, viene después toda la retaguardia de los sindicatos en fila india. El SNTE con su 42 y su Octava, el de Salud, los maquileros, taxistas, normalistas, y hasta jubilados y pensionados de diferentes organizaciones. La fila de los problemas consuetudinarios cae cada vez perfilada en cascada. --Por cierto hace años que los dueños de autos chuecos no aparecen en escena, pero latente sigue el absurdo conflicto, una chispa y el incendio--. 

Una administración estatal mínimamente responsable y capaz ya sabría qué va pasar desde su primer mes de gobierno. Efectivo manual para saber gobernar debería con tiempo tener en sus manos para hacer frente a los campesinos --desde Cuauhtémoc hasta Casas Grandes--, que van a demandar mejores precios a sus productos agropecuarios. A los dueños de vacas de la cuenca lechera de Delicias y puntos circunvecinos, que van a venir a la capital con sus mejores ejemplares bovinos para tirar leche a desperdiciar. ¡Ah, y la maldición de Chihuahua: el pago anual-quinquenal de agua propiedad privada estatal entregada al demonio de Estados Unidos.

Y de lo que se puede resolver se debe pasar a lo que no existe forma alguna ni siquiera de atemperar. Quien piense que el problema del narcotráfico, con su brutal e inhumana capacidad de asesinatos, muertes y masacres,  se puede controlar-aminorar-combatir  está mal de la cabeza o vive en una dimensión desconocida. El narco no es un problema social. Es el producto natural más representativo del sistema capitalista fin de la historia. 

En tanto no se legalicen las drogas más consumidas en el mundo, cocaína y marihuana, el problema seguirá hasta el fin de nuestra generación y todas las ignorantes más. 

Hace pocos días me encontré con una vieja película en Youtube de nombre  “Los violentos años veinte”. Filmada en los 40s como una cinta basada en hechos reales, me sorprendió algo que manejó su director. Cuando en Estados Unidos se hizo ilegal el consumo de alcohol, los jóvenes norteamericanos que en su vida hubieran querido o pretendido ingerir bebidas alcohólicas, comenzaron a hacerlo por dos atractivos sicológicos vitales: el ejemplo de sus mayores padres y el magnífico placer de lo prohibido. 

Le respondió Anabel Hernández, la mejor periodista mexicana de investigación sobre el narco, a Sabina Berman en el programa de televisión llamado “De largo aliento”, que ningún gobierno debe negociar con la delincuencia organizada, pues se estaría negociando las vidas de muchos seres humanos. Me pareció pésima respuesta. 

Evitar las miles de muertes es de lo que se trataría una verdadera negociación con los jefes del narco, como en el tiempo de Carlos Salinas de Gortari. Negociar como evidentemente lo hace el gobierno de Washington, a través de la DEA y el FBI, para que los capos no rieguen muertos por doquier en su territorio. 

Pero no en México las ideas están  peleadas con el poder. Los problemas reales seguirán lacerando la convivencia social. Y la desilusión en las nuevas autoridades volverá a ser el eterno sentimiento de la ciudadanía que se debe conformar con el gobierno que merece.