Opinion

Políticos coquetos y facilitos

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GPS / Dominical

domingo, 14 febrero 2021 | 05:00

Plutarco Elías Calles, Manuel Gómez Morín, Lázaro Cárdenas o Jesús Reyes Heroles, deben estar retorciéndose en sus tumbas al ver que los herederos de tales ideologías están cayendo al fondo de los retretes, seducidos por un irresistible coqueteo político que les muestra el poder del que hoy padecen, como una adictiva droga.

Independientemente de quién sea el autor, hoy aplica más que nunca la frase de que la política es el arte de comer cualquier cosa sin hacer gestos. Unos, obsesionados con venganzas personales, otros buscando enfermizamente acomodarse bajo la sombra del árbol del poder; y otros, los más, tratando de aferrarse al hueso. Muy pocos por tratar de servir a la población.

Las tripas de la política hoy están revueltas. Casi nadie -quizá uno que otro aventurado- se atreve a explicar los motivos por los que de la noche a la mañana, un considerable número de políticos decidió cambiarse de partido, como si se tratara de una corbata o un cubrebocas.

Ya no importan ideologías, fobias ni filias; importa el poder por el poder, sin observar que apenas ayer renegaban del oponente, con el que hoy se acuestan con el beso de las buenas noches. La voluntad se ha colocado en el mejor postor y, en algunos casos, la chequera es para comprar candidaturas. Faltaba menos.

A México le falta territorio para ejemplificar que la santísima trinidad de la política es “el poder, el poder y el poder”; es tiempo de traiciones y negociaciones en lo oscurito y no se vale sorprenderse porque en la ética de algunas instituciones partidistas aún se puede apreciar la privilegiada máxima de que “el que avisa no traiciona”, cosa que quedó sepultada.

Plutarco Elías Calles ya lo advertía en su momento: “la puerta está abierta para que se vayan los oportunistas, mal que sufre cualquier partido”, pero agregó que en el ejercicio de la política, “hay que aprender a lavarse las manos con agua sucia”.

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Antes de abordar algunos casos emblemáticos en el estado de Chihuahua, observemos brevemente el contexto nacional, en el que un sinnúmero de políticos decidió abandonar los barcos que hasta ahora, les habían brindado comida, vestido, casa y … dinero.

El partido de AMLO, Morena, es el que más se ha nutrido de renegados; este año, por ejemplo, no va lanzar candidatos a los gobiernos estatales con auténtico origen morenista sino que levantó a varios de otros partidos. Ejemplos, algunos: Víctor Manuel Castro, que abandonó al PRD buscará por Morena la primera magistratura de Baja California Sur.

La expriísta Layda Sansores, polémica hasta las cachas, se fue del PRI, pasó por el PRD y ahora buscará el gobierno de Campeche por Morena, lo mismo que Indira Vizcaíno, la más joven (33 años), brinca de las filas perredistas a las morenistas para ir por Colima.

Clara Luz Flores, siempre defensora de la camiseta del PRI, afiliada y con sus cuotas al día, mejor se fue para buscar el voto por Morena en el estado de Nuevo León, donde, por cierto, “El Bronco” seguirá insistiendo en hacerle la vida imposible a AMLO.

Lorena Cuéllar, que era una de las más empoderadas priístas de Tlaxcala, seguidora de figuras tan importantes como Beatriz Paredes, ahora va con Morena por ese estado; y en Zacatecas, la otrora maquinaria tricolor de la dinastía Monreal, ahora se la juega con el hijo preferido del sistema Morena, David Monreal.

Félix Salgado Macedonio es punto y aparte. A pesar de los graves señalamientos en su contra por los grupos feministas, para la dirigencia de Morena no es suficiente. Va porque va.

En 1987, Félix Salgado Macedonio fue miembro distinguido del PRI y luego armó la corriente democrática en el tricolor, para hacerle el caldo gordo al PRD.

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Y es que cuando la democracia no me favorece, entonces no es democracia. Si soy electo, mi partido es perfecto; si no, entonces está podrido. Estos pueden ser los principales argumentos de un par de casos locales que, de la noche a la mañana, encontraron que Morena es el camión recolector más eficiente y rápido para el reciclaje.

Carlos Marcelino Borruel Baquera perdió de manera estrepitosa la elección  del 2010 contra el hoy extraditable César Duarte. Durante meses estuvo presionando en el PAN para volver a competir, pero ni propios ni extraños le hicieron entender que no existía ni una sola condición a su favor para ello. 

Las encuestas lo colocaron mucho más abajo que a la priista Graciela Ortiz en su partido, siendo candidata única; es decir, Borruel no pintaba ni para ser candidato a regidor.

Sus berrinches, las estrategias burdas de chantaje a su partidos, las constantes amenazas veladas de renunciar al PAN, poco a poco lo perfilaron como el primer traidor azul; luego de la renuncia de su hija a la fracción edilicia panista en el cabildo de Chihuahua -pero no a su dieta-. 

Borruel quiso enviar el mensaje de que después de su retoño, vendrían más quiebres de su familia. Nadie le hizo caso, es más: casi le dieron recompensa por irse, por los repetidos escándalos en que se ha visto envuelto.

Hoy busca competir por la candidatura a la alcaldía capitalina pero por Morena y se enfrenta, nada más y nada menos, que a su amigo -porque lo son, al menos mediáticamente-, el priista Marco Adán Quezada, el hijo pródigo de la dinastía Baeza. Quezada ha venido de más a menos y sólo le siguen un par de fieles escuderos que de un momento a otro lo dejarán solo.

Uno azul, Borruel, y el otro tricolor, Quezada, fueron envueltos en esa supuesta ola morenista que en apariencia puede levantar en Chihuahua, pero el nombre de Maru Campos tiene nerviosos a Morena y a Corral, sus dos principales enemigos.

Marco Quezada es un berrinchudo priista que, al igual que Borruel en el PAN, fueron engañados para buscar por Morena la candidatura al gobierno municipal de Chihuahua, sin pensar en las condiciones adversas existentes.

A Borruel le siguió el gris diputado federal panista Miguel Riggs, el socio preferido de Javier Corral, que se brincó a las filas de Movimiento Ciudadano, donde los negocios son más que la intención política. 

En los próximos días vendrán más movimientos emblemáticos de prácticas de camaleón, como en Ciudad Juárez, donde el aún priista Héctor “Teto” Murguía, se asegura -¡otra sorpresa!-, es el tapado de Morena para la alcaldía. De confirmarse, entonces otro ex panista, Cruz Pérez Cuéllar, podría enfrentarse a un nuevo disgusto, junto con el extricolor Gabriel “Gabo” Flores que ya era visto como el ungido en la misma nominación por el partido guinda.

Si sumamos a este mosaico de cambios de camiseta que el expriísta Javier González Mocken es el abanderado del PAN para la alcaldía juarense, van a compartir los mismos, sólo que con distinta marca. Y aquí salta la pregunta: ¿Y el PRI? Y la respuesta viene sola: es una fábrica de candidatos… para otros partidos. 

Pinta esta práctica para convertirse en la nueva normalidad política, resaltable justo en el Día del Amor y la Amistad..