Opinion
Jaque Mate

Popularidad y retos

.

Sergio Sarmiento

miércoles, 01 septiembre 2021 | 05:00

"La presidencia es más que un concurso de popularidad".

Al Gore

Ciudad de México.- Si la popularidad es la medida del éxito en política, Andrés Manuel López Obrador llega hoy a su tercer informe de gobierno oficial (ha tenido muchos otros) con paso firme. Aunque ya no goza de la aprobación de más de 80 por ciento de principios del sexenio, su respaldo sigue siendo firme: más de 60 por ciento en la mayoría de las encuestas.

Esa popularidad, sin embargo, no se ha reflejado en votos electorales. En las elecciones del 6 de junio su partido, Morena, fue el más votado, pero solo con 34.1 por ciento de los sufragios. El Partido del Trabajo, su aliado más sólido, tuvo 3.25. Es verdad que el Partido Verde registró 5.43 por ciento, pero los electores comunes y corrientes no lo identifican con AMLO, ni la alianza queda tan clara, como lo demuestra la acusación del presidente al senador del PVEM y exgobernador chiapaneco Manuel Velasco de estar detrás de los bloqueos que sufrió en los últimos días en Chiapas.

La popularidad del presidente sorprende en especial si consideramos las muertes por la pandemia, en la que México ha tenido uno de los peores desempeños del mundo; también si tomamos en cuenta que el país ha estado en recesión casi desde el inicio del sexenio, solo ahora estamos viendo un rebote económico tras el desplome de 2020.

Dos factores confluyen en la aprobación del mandatario. Uno es la generosidad de los programas sociales, que López Obrador ha buscado se identifiquen directamente con su persona, pero el otro es su capacidad de comunicar. Andrés Manuel ha revolucionado la comunicación política en México.

El presidente, por otra parte, ha dividido al país. Sus mañaneras se han convertido en foros de ataques a muchos grupos de la sociedad. Todos los días se lanza contra periódicos, intelectuales, opositores, padres de niños con cáncer, empresarios, organizaciones no gubernamentales, escuelas de alto nivel académico e incluso las clases medias. Más que ningún otro presidente en la historia reciente, López Obrador exige lealtad absoluta, obediencia ciega. Esto lo ha llevado a llenar su equipo de trabajo de personajes con poca o ninguna experiencia y sin capacidad administrativa o técnica. Algunas de sus medidas, como prohibir que los funcionarios de alto nivel puedan ocupar cargos en el sector privado en sus campos de especialidad durante 10 años, y la eliminación de los seguros de gastos médicos privados, han provocado una desbandada de especialistas del gobierno y los organismos reguladores. Solo están quedando los activistas comprometidos con sus causas, los cuales obedecen las órdenes que llegan desde Palacio Nacional sin importar los daños que puedan ocasionar.

El presidente ha mantenido un manejo prudente de las finanzas públicas que, sumado a una política monetaria responsable del Banco de México, ha impedido que se dispare la inflación en un momento de fuertes presiones en los precios y ha permitido que el peso se mantenga estable. Sin embargo, el saqueo de fideicomisos y fondos de emergencia, como el Fonden, hace que este equilibrio presupuestario sea engañoso. No queda claro qué hará el gobierno al acabarse los guardaditos de administraciones anteriores.

Las decisiones políticas, en vez de técnicas, están llevando a un deterioro de indicadores importantes. No estamos viendo ya inversiones nuevas en petróleo crudo ni en electricidad. Esto deteriorará aún más la producción petrolera y provocará apagones. En un informe de gobierno, el presidente no solo debe presumir las decisiones que ha tomado, sino reconocer las consecuencias que estas tendrán en el futuro.

Prohibicionismo

El Congreso de Oaxaca ha prohibido los concursos de belleza por considerarlos "violencia simbólica". Vivimos tiempos de moralismos en que los políticos piensan que tienen derecho a prohibir todo lo que no les guste.

Twitter: @SergioSarmiento