Opinion

Primera llamada. La caravana

.

Manuel Narváez Narváez

martes, 02 junio 2020 | 05:00

Miles en el país salen en sus vehículos a pedir la renuncia del presidente de México.

Como era esperarse, la sobrerreacción de los que defienden a ultranza al mandatario federal, arremetieron en las redes sociales contra todos aquellos que postearon imágenes de las caravanas de vehículos que se organizaron en decenas de ciudades del país.

No es de extrañar la reacción desproporcionada dado el nivel de polarización y confrontación al que se ha arrastrado a los mexicanos desde el pódium del palacio Nacional. 

La poca o nula sensatez del C. presidente para manejar las discrepancias ideológicas y dogmáticas de los sectores productivos y de millones que piensan de manera diferente, ha acendrado entre compatriotas un sentimiento de encono inédito.

Por muchos años el partido en el poder, particularmente el PRI, nutrió mítines, marchas, desfiles y celebraciones patrias con cientos, miles y hasta decenas de miles de personas de escasos recursos a las que se les dotaba de ciertos productos comestibles de alto valor calórico, pero no nutritivo, para asistir y vestir los eventos del alcalde, el gobernador o el presidente de la república, según el caso. 

El juego perverso con el hambre de las personas desfavorecidas se mantuvo por décadas, de hecho, hoy día sigue siendo una práctica común, aunque ya no a la misma escala de años anteriores. El grueso de la población que era trasladada en autobuses (camionetas y lanchas en comunidades rurales), estaban inscritas en los padrones asistencialistas del gobierno, en cualesquiera de sus órdenes.

En la medida que fuimos conquistando libertades (no por el hecho consagradas en la carta magna, significaba que el Estado las garantizara), lo que hoy se conoce como el derecho humano de la libertad de expresión, y los medios comenzaron a soltarse de las ataduras del poder público, empezaron a surgir las evidencias gráficas y en videos, de esas prácticas de “acarreo” humano a los eventos del expartidazo.

En esa misma proporción, la cada vez mayor oposición a la “dictadura perfecta”, se refería deleznablemente a la población movilizada como “acarreados” y los criminalizaban por recibir una torta, un frutsi y una ridícula cantidad de dinero para aplaudir y vitorear al gobernante en turno.

Personalmente constaté que quienes manipulaban esas movilizaciones perfeccionaron el cobro de los favores, porque pasaron de las dóciles expresiones de “apoyo” a las refinadas protestas en contra de los adversarios políticos de la alternancia. 

La renta de las movilizaciones dejó de ser un asunto ideológico para convertirse en un negocio multimillonario de presión. Extraordinariamente organizados, los líderes de organizaciones como Antorcha campesina y del sindicato de maestros se hincharon de billetes a cambio de movilizaciones de sus huestes a las que pagaban hasta 500 pesos diarios por sumarse a las “protestas”. 

Así lo hizo también en su momento el “barzonista” Alfonso Ramírez Cuéllar, que a principios de este siglo organizaba virulentas confrontaciones contra el gobierno del “cambio”, como medida de presión para agandallar el grueso del presupuesto destinado a los programas del campo. 

Actualizados en el tiempo, la tecnología ha permitido que en nuestros días las noticias corran con mayor celeridad, incluso en tiempo real. Particulares y medios noticiosos dan cuenta del acontecer personal o gubernamental de hechos que suceden en nuestro entorno o reproducimos lo de otras latitudes.

Para los que defienden con ira la postura del presidente en turno y festinan el trato virulento con el que éste se refiere a todos los mexicanos que están en desacuerdo con su gestión, el México democrático no parió el 01 de diciembre de 2018. 

Contrario a los que desconocen la historia del país por razones ajenas a su voluntad, a menos que hayan sido partícipes de múltiples maneras del periodo neoliberal que inauguró Miguel de la Madrid, haber llegado a los niveles de expresión libre sin que haya consecuencias funestas; cobró la vida de muchísimas vidas, unas por acción y otras por hambre.

A diferencia de los que han renunciado a su derecho de cultivarse en el conocimiento y los que cínicamente se han refugiado en el nuevo régimen pese a haber edificado fortunas (de diversas maneras y no necesariamente lícitas o morales) durante el conservadurismo; millones de mexicanos hacen valer su derecho humano de manifestarse libremente en la medida sus posibilidades y de acuerdo a las circunstancias.

Yo esperaba, sinceramente, que se hubiese aprendido la lección de los errores del pasado y que el argumento de ser diferentes en el mejor de los sentidos cobrara vigencia, pero no, ya me convencí que fue un error haber otorgado la confianza a la otra opción, aun en contra de las advertencias. 

En efecto, millones y millones estábamos hastiados de la transa grande y de la simulación. Tras décadas de desencantos y con el país en el subdesarrollo, la otra opción fue una oportunidad para la esperanza. 

Estoy convencido de que, si el escenario desalentador al que llegamos en 2018 hubiese sido diferente, la propuesta del gobierno actual no habría tenido la fuerza siquiera de hacer cosquillas; es decir, nadie en su sano juicio hubiera jugado a la ruleta rusa si México marchara viento en popa.

Habida cuenta de este leve repaso histórico, con la caravana del sábado constaté lo que ya me temía: resurgió el mexicano acomplejado que envidia el éxito de los demás; el que, en vez de tratar de entender el descontento de la otra mitad de la población, sin mayores argumentos cuestionaron el tipo de trasporte en el que se desplazaron los inconformes.

Y no tan solo se refirieron a ellos de manera despectiva, como se hacía en el pasado reciente con los “acarreados”, sino que se lanzaron al vacío y sin red de protección, al traer a colación supuestos silencios cómplices en la época neoliberal, como justificando los errores del gobierno actual. Vaya nivel de irracionalidad e incongruencia.

La evidente división entre los mexicanos es palpable desde los hogares y entre amistades, y en la medida que la emergencia sanitaria, la debilidad económica y la inclemente inseguridad redecoren el paisaje nacional, muy probablemente estaremos distraídos haciéndonos pedazos entre nosotros, mientras que el nuevo régimen y sus reencarnados del PRI bizarro se consolidan como otra oligarquía, que piensa como Marx, pero vive como Slim.

Lástima que esas canas del que gobierna México deshonren la sabiduría y la experiencia de aquellos que al arribar a esa edad son sinónimo de gratitud y humildad, pero sobre todo dignos de respeto.

Es cuanto.

Email: narvaez.manuel.arturo@gmail.com