Opinion

Primeras lecciones sobre la pandemia

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Verónica Villegas Garza

sábado, 27 junio 2020 | 05:00

Han pasado más de 100 días en el encierro al que nos obligó la pandemia de Covid-19 y ya va siendo el momento de una reflexión, más allá de la coyuntura en la que estamos envueltos que nos aporte más luz en estos días. 

Llegó a mis manos un texto breve, que no por eso deja de ser espléndido y a lo que nos tiene acostumbrados Boaventura de Sousa Santos, el mismo autor de las Epistemologías del Sur, en este caso con su texto de Cruel Pedagogía del Virus nos regala un profundo análisis a partir de sus primeras reflexiones sobre la actual pandemia del Covid-19, problematiza y va más allá de la coyuntura actual sosteniendo que desde la década de los ochenta quedó impuesta una visión dominante del capitalismo en las políticas públicas del Estado, y estas fueron sometidas a la lógica del sector financiero, el mundo ha vivido en un estado de crisis permanente desde entonces, cuando las crisis temporales se vuelven permanentes, estas se convierten en la causa que explica todo lo demás. 

Estas crisis financieras de carácter permanente son utilizadas para explicar los recortes en las políticas sociales (salud, educación, seguridad social) o para explicar la degradación en los salarios.  Así, de esta forma, se nos impide cuestionar sobre las causas reales de la crisis, luego entonces, la pandemia sólo agrava una situación de crisis a la que ha sido sometida la población mundial.

Explica y reflexiona cómo los medios de comunicación nos movilizan para prestar atención a las crisis rápidas y agudas, es decir las urgentes como la pandemia del coronavirus, dejando de lado e invisibilizando crisis de largo plazo, las severas, las de progresión lenta que tienden a pasar desapercibidas incluso cuando la letalidad es exponencialmente mayor, ejemplo de este tipo sería las crisis sobre el cambio climático que no generarían una respuesta dramática y de emergencia como la primera, las crisis agudas cuya letalidad es significativa y rápida, el Covid-19 moviliza a los medios de comunicación y poderes políticos, y llevan a tomar medidas que, en el mejor de los casos, resuelven las consecuencias de la crisis, pero no afectan sus causas. 

Boaventura concluye en este caso que lo peor de todo es que, si bien la crisis pandémica puede revertirse o controlarse de alguna manera, la crisis climática ya es irreversible y ahora sólo queda intentar mitigarla. 

También señala que una de las primeras enseñanzas que nos deja la pandemia es que esta no mata tan indiscriminadamente como se creía en un inicio de esta etapa, si bien es evidente que discrimina menos que otros tipos de violencia cometidos en nuestra sociedad contra trabajadores empobrecidos, mujeres, trabajadores precarios, negros, indígenas, inmigrantes, refugiados, personas sin hogar, campesinos, ancianos. 

También es cierto que discrimina tanto en términos de su prevención, como de su expansión y mitigación, lo ejemplifica de la siguiente forma; señala que en varios países, los ancianos son víctimas del darwinismo social y gran parte de la población mundial no está en condiciones de seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para defenderse del virus, ya que vive en espacios reducidos o muy contaminados, porque está obligada a trabajar en condiciones de riesgo para alimentar a sus familias, porque no tiene jabón ni agua potable, o la poca agua disponible es para beber o cocinar.

En este sentido comenta Boaventura que el capitalismo, como modelo social, se encuentra desacreditado social y políticamente ante la tragedia a la que condujo a la sociedad global y cuyas consecuencias son más evidentes que nunca en este momento de crisis humanitaria mundial, el capitalismo podría llegar a subsistir como uno de los modelos económicos de producción, distribución y consumo, entre otros, pero no como el único, y mucho menos como el modelo que dicta la lógica de acción del Estado, especialmente en áreas como la salud, educación o seguridad, que las sometía al modelo de negocio de capital y con el propósito seria obtener el máximo de beneficios para los inversores. 

En las décadas anteriores, el propio Estado y la comunidad o sociedad civil comenzaron a ser gestionados y evaluados por la lógica del mercado y por criterios de rentabilidad del «capital social», es decir, el principio del mercado recibió prioridad absoluta en detrimento del Estado y la comunidad, y con esto, la consecuente privatización de bienes sociales colectivos, como la salud, la educación, el agua potable, la electricidad, los servicios postales y de telecomunicaciones, y la seguridad social fueron los casos más notorios de la mercantilización de la vida colectiva.

Las conclusiones a las que llega no se hacen esperar, sostiene que la idea conservadora de que no existe alternativa a la forma de vida impuesta por el capitalismo se desmorona y concluye afirmado “las alternativas entrarán, cada vez con mayor frecuencia, en la vida de los ciudadanos a través de la puerta trasera de crisis pandémicas, desastres ambientales y colapsos financieros” los ciudadanos ahora saben lo que está en juego. Habrá más pandemias en el futuro, probablemente más graves, y las políticas neoliberales y del capitalismo continuarán socavando la capacidad de respuesta del Estado, y las poblaciones estarán cada vez más indefensas.  

Lo invito a que se regle con el análisis, fuera de la visión tradicional y eurocentrista, que siempre nos ofrece Boaventura de Santos Sousa, es un buen tiempo para leer otros puntos de vista, para reflexionemos y después sacar nuestras propias conclusiones.  

@AprendizDeJedi